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13 enero 2012 5 13 /01 /enero /2012 14:02

 

              "Te amaré siempre, hagas lo que hagas y formes o no parte de mi vida..."

    ...El pez comió del anzuelo algún tiempo después. El que la sigue la consigue, y el amigo de los 80 reiteraba sus visitas a casa de Wynie Smith EL AMIGO DE LOS 80 . Normalmente la avisaba mediante un SMS y ella, si estaba sola, llamaba a alguna amiga para que la acompañara durante el encuentro. No deseaba tener intimidad con él. Y mucho menos, en su casa. Aún seguía siendo una mujer casada. Aunque siempre se consideró un espíritu libre y, como tal, se permitía la licencia de tener aventuras, no lo hacía en el hogar. Sencillamente, porque no le parecía ético. De hecho, en su cama no entró ningún hombre distinto a su marido hasta que no tuvo sentencia firme de divorcio.  

                                                          amigo 80s   

     Una mañana, Wynie, después de dejar a su hijo en el colegio, entró a desayunar al bar que estaba debajo de su casa. El olor del chocolate y los churros que acababan de servirle quedó eclipsado por otro aroma más fuerte e inconfundible: el de la colonia tipo Barón Dandy que usaba el amigo de los 80. Ella, situada de espaldas a la calle, no lo había visto entrar, pero allí estaba: sosteniendo el casco de la moto con la mano derecha, y con su mítico estilismo de pantalón pitillo negro, botas con puntera y chupa de cuero del Candem Town londinense. Desayunaron juntos y él le aseguró que había ido a buscarla y que, al no encontrarla en su domicilio, se asomó al bar y tuvo la suerte de hallarla. Y siguió erre que erre calentándole la oreja; halagando la belleza de su rostro mañanero, sin maquillaje; repitiendo lo mucho que la deseaba; nombrando una por una las maravillas que iba a hacerle e insistiendo en que se regalaran los dos una horas de felicidad. Wynie sucumbió, aunque le dejó muy claro que esas horas no podían transcurrir entre la paredes de su hogar...

    A bordo de la Kawasaky del amigo de los 80, pisando a fondo sobre el asfalto del centro de Madrid, llegaron al barrio de Chueca. La moto quedó aparcada junto a un edificio antiguo con tintes señoriales. El hombre pulsó el botón del portero automático y la puerta se abrió pasados unos minutos. Se adentraron en el inmueble, subieron al primer piso y una señora de mediana edad los recibió en el descansillo de la pensión. Los invitó a pasar amablemente y los condujo a una sencilla habitación con cama de matrimonio, una mesilla de noche a cada lado y un pequeño aseo al fondo. La ventana, con vistas a un patio interior, estaba abierta y el espacio despedía un suave olor a lejía, como si acabaran de desinfectarlo. “Ya está todo limpio y aireado”, comentó la señora al tiempo que cerraba la ventana y se despedía de la pareja. Una vez solos, el amigo de los 80 le quitó los zapatos, la falda y las medias y, sin terminar de desnudarla, arrancó de su cuerpo el minúsculo tanga negro y se dispuso a explorar con su lengua las partes más erógenas de la anatomía femenina. El sexo oral provocó que Wynie tuviera varios orgasmos, aunque poco más de sí dio aquella velada matinal. Ni siquiera hubo penetración. Obligado por ella a usar un preservativo, el hombre fue incapaz de conseguir una erección completa...

    Cuando Wynie obtuvo el divorcio y el amigo de los 80 vio el camino libre, las visitas a su domicilio se repetían con frecuencia. También, la insistencia masculina en tener relaciones sexuales, seguida de la reiterada negativa de quien pretendía verlo solo como a un amigo. Una jornada cualquiera, y un rato después de que saliera de su casa. Wynie recibió un SMS del amigo de los 80. “No te confundas. No quiero nada de ti. Solo amistad, como tú dices”. Ella le respondió con el siguiente mensaje, tan breve como explícito. “Quieres sexo y yo no quiero dártelo”. No obtuvo ninguna respuesta. Ni llamadas, ni visitas. Parecía que al amigo de los 80 se lo había tragado la tierra. Más de un año transcurrió hasta que Wynie volvió a tener noticias suyas. Le llegaron, como siembre, a través de un SMS: “Espero y deseo que tengáis salud y felicidad. Un abrazo para tu hijo y un puñado de besos para ti”. Ella respondió con una llamada y una hora después subía a la Kawasaky de su amigo. Le sorprendió verlo tan cambiado. Había sustituido el estilismo ochentero por una elegante chaqueta azul.

   ¿Dónde vamos?, insistía en preguntar Wynie para obtener, en varias ocasiones, la misma respuesta: “Es una sorpresa”. La situación empezó a disgustarle. Sobre todo, porque se dio cuenta de que la moto hacía el mismo recorrido que los condujo un año atrás a aquella pensión. Decidida a dejarle las cosas claras, aprovechó la parada en un semáforo para pronunciar estas palabras:

    -No me lleves a la pensión. No quiero tener sexo contigo y no sé en qué idioma voy a tener que explicártelo.

    -No vamos a la pensión, lista. Ten un poco de paciencia, estamos casi llegando.

    Poco después, la Kawasaky se paraba en la puerta de una tienda de diseño del barrio de Chueca: 3tiempos, en el número 21 de la calle Barbieri. El dueño del establecimiento salió a recibirlos y saludó al amigo de los 80 con un fuerte abrazo. Se notaba la cordialidad existente entre ellos. Se presentó a Wynie como Toni Etrusco y empezó a mostrarle bolsos, relojes y otros complementos. Ella sonreía, decía que todo le gustaba mucho y admiraba el diseño de los artículos expuestos en el mostrador, aunque nada dijo respecto a quedarse con alguno en concreto. “Como te veo tan indecisa, voy a escoger yo algo para los dos”, indicó el amigo de los 80. “¿Donde está el reloj que me enseñaste el otro día?”, preguntó al propietario del local. De inmediato, Toni Etrusco mostró a la pareja un simpático reloj en el que podía leerse la palabra love. Como si fuera un juego de magia, partió la pieza en dos mitades y extrajo sendos relojes de pulsera, uno para él, en el que se leía “lo”, y otro para ella con la sílaba “ve”.

                                        love reloj

    “Eso es lo que yo siento por ti, amor”, le dijo al oído el amigo de los 80 mientras colocaba con mimo el reloj en su muñeca. “Si no quieres darme sexo no me importa. Te amaré siempre, hagas lo que hagas y formes o no parte de mi vida...”

                                                                                                      RoCastrillo

 

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Published by abremeloya - en MIS AMIGAS
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Comentarios

fechan 01/14/2012 19:55

Me gusta mucho tu manera de narrar las historias,es muy fluída e interesante.Enhorabuena.Por cierto-....
Nos vimos en el Maligno...

abremeloya 01/15/2012 11:44



Celebro mucho que te gusten las historias de Abremeloya!!! También, que comentes los artículos. Y me encantaría que visitaras el blog a diario y continuaras haciendo comentarios. Contesto siempre
y renuevo los contenidos del blog todos lo días. ¡Ya nos veremos en el Maligno, ja, ja! Besos y abrazos, mi querido nuevo fan.



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