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19 septiembre 2012 3 19 /09 /septiembre /2012 22:41

    Katty, Emi y Wynie hablan sobre los hombres que saben cómo amar

   Katty Lloyd está viviendo sobre una blanca nube de vuelo suave y ondulado su flamante y cada vez más firme historia de amor con El Psiquiatra EL AMOR DE SU VIDA. De vez en cuando baja para cumplir con papel de madre y con el resto de sus obligaciones cotidianas. También, para hacer partícipe de su felicidad al resto del grupo. EMI, WYNIE, KATTY Y OLIVIA Fue el caso de ayer. Emi tenía invitaciones para el estreno de la obra ¿Quién teme a Virginia Woolf?, en el madrileño Teatro de La Latina. A la velada se sumaron Katty y Wynie. Por motivos que quedarán para otra ocasión. Olivia declinó asistir.

     200px-Psycheabduct amor 220px-Allori Venus Cupido

    Al término de la representación llegó la copa de champán ofrecida por la productora a sus invitados. Y seguidamente, las confidencias femeninas, que empezaron en un bar del barrio y terminaron en El Maligno. Katty estuvo pletórica durante toda la noche y su mirada lucía los destellos del amor.

    -Cada minuto a su lado es mágico. Estoy flotando, confesó a sus amigas.

    Estaban sentadas en la terraza de un local de vinos y tapas, casi vacío y cercano al teatro y al domicilio de Wynie. Se notaba que la crisis hacía estragos en una zona muy concurrida en el pasado reciente. Los camareros de los establecimientos colindantes permanecían charlando de brazos cruzados, a la espera de que alguno de los escasos clientes reclamara sus servicios. El amor da mucha hambre y Katty, corroborando esta teoría, engullía un hermoso bocadillo de jamón con tomate. Entre bocado y bocado la asaltaban los recuerdos de las manos de El Psiquiatra acariciando con maestría las partes más erógenas de su cuerpo.  LAS FUENTES DEL PLACER

    -La comida y el sexo. Los dos placeres más grandes de la vida, comentó como si pensara en voz alta.

    -Es lo único que hacemos El Polaco y yo cuando estamos juntos. Vamos de la cocina a la mesa y del sofá a la cama y vuelta a empezar, le contestó EmiPASIÓN ANIMAL

    -Él sabe exactamente dónde tiene que tocar para estremecerme. Cada poro de mi piel vibra con un simple roce de sus dedos. El susurro de sus palabras me emociona. Lo que me está ocurriendo es muy grande, amigas, siguió Katty.

   Wynie no contestó. La escuchaba absorta, mojando sus labios con pequeños sorbos de coca-cola. Emi asintió con una sonrisa cómplice. Sabía de lo que hablaba porque en estado similar se recordaba a si misma en sus fogosos y efímeros encuentros con El Polaco. Katty prosiguió su monólogo gozoso.

  -Creo que el hecho de que sea médico y conozca bien la anatomía humana está directamente relacionado con su precisión a la hora de tocar, explicó.

   -Tampoco te pases, que es psiquiatra, no especialista en Medicina Interna, rió Emi. La maestría en el arte de tocar depende del tipo de hombre, no de la profesión. El Polaco no es médico y a mi me vuelve loca con solo rozarme, puntualizó convencida. ¿Tú qué dices, Wynie?

    -Que si, que va en función de cada hombre. Y de la atracción, de la química, por supuesto, respondió la aludida.

    -Este hombre es especial. No puedo describir el placer que siento con él. Es algo sublime, aseguró Katty.

   -Me alegro de que te haga tan feliz. ¿Ya no te acuerdas de El Belga?, inquirió Emi con cierto retintín mientras Wynie torcía el gesto.

    -No. Ni quiero, precisó la interesada. Su amor me llevaba al abismo. KATTY, SU AMANTE BELGA Y EL ABISMO  El de El Psiquiatra, al paraíso.

    -Menuda diferencia, rió de nuevo Emi. Lo que falta es que te dure y no se esfume como el viento. O como   EL TUITERO  de Wynie, ironizó mirándola a los ojos.

   -Esa noticia no está en cartelera, Emi. Ha caducado, masculló ésta, tajante. Ahora la primicia la tiene El Psiquiatra de Katty.

    -Por cierto, chicas, mirad allí, terció Katty girando su rostro a la derecha y señalando con el gesto a una pareja que se acercaba. ¿No es ese El de 28CORAZÓN CERRADO

     Emi y Wynie se volvieron al unísono.

    -Efectivamente, asintieron. El de 28 con una morena de su edad, especificó Wynie.

     El trío femenino lo miró con descaro al tiempo que él saludaba desde lejos con un guiño y su clásica sonrisa de seductor. (Continuará)

                                                                                                   RoCastrillo

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17 septiembre 2012 1 17 /09 /septiembre /2012 22:09

   ...Explorando cada fuente de placer y prolongando cada gemido femenino con la fuerza inquebrantable del deseo...

   Katty Lloyd y El Psiquiatra no tuvieron sexo esa primera noche en que ella aceptó su invitación de quedarse a dormir. EL AMOR DE SU VIDA Tal como el caballero le había prometido, le ofreció un sencillo pijama de algodón blanco, un cepillo de dientes y la condujo hacia un confortable dormitorio. “Si necesitas algo, estoy en la habitación contigua”, le dijo antes de darle un casto beso de despedida.

    Estaba rendida y durmió como un lirón. Él entró en su habitación por la mañana y se sentó al borde de la cama donde ella descansaba. La miró con ternura y la despertó de la misma forma que la había despedido: con un casto beso. “Tengo que irme. No me gusta llegar tarde a ningún sitio, y menos al trabajo”, le susurró al oído en tono tierno. Ella abrió los ojos al escuchar sus palabras.

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    -Te he dejado el desayuno en la mesa de la cocina, prosiguió. Tienes café recién hecho y agua caliente en el termo, por si prefieres té.

     -No te preocupes. Me visto en un santiamén y bajo contigo.

   -No, por favor. Disfruta tranquila del desayuno. Lo había preparado para ambos, aunque imaginaba que seguirías dormida. Ya me he tomado mi parte, así que ahora te toca a ti. La primera comida del día es la más importante.

     -Y no tienes tiempo para esperarme, claro.

    -No, ya te lo he dicho. Cuanto termines, cierras la puerta y te marchas. O te quedas, como gustes.

   -Tu casa es muy acogedora y no me importaría, pero también tengo cosas que hacer, le contestó Katty en tono complaciente.

  -Bueno, adiós, se despidió El Psiquiatra. Tomó su mano derecha, la besó y salió apresuradamente de la alcoba.

     Katty sintió sus pasos rápidos y escuchó el ruido de la puerta de la vivienda al cerrarse. Se levantó, se lavó la cara y se dirigió a la cocina. En la mesa había un servicio de café y varios yogures; un cesto con bollos tapado con una servilleta; pan, mantequilla y mermelada. Todo estaba dispuesto con esmero, como para hacerle una fotografía. Se sintió muy feliz. Sin duda, El Psiquiatra era un hombre fino y pulcro, como a ella le gustan. (Tenía un punto de cierto frikismo o locura peculiar -típico de su profesión- aunque ella aún no lo había descubierto). Tiempo al tiempo... Devoró buena parte del copioso desayuno y se marchó enseguida.

    Volvieron a quedar en los días y semanas siguientes, y ella a dormir en su casa. De forma similar a la primera vez, nada intimo ocurrió entre los dos. A la tercera no fue la vencida, y llegó la cuarta ocasión. Habían estado en el cine y después, cenando. Nada más entrar en la vivienda y cerrar la puerta, El Psiquiatra le preguntó tímidamente si podía besarla. Ella no le contestó y buscó su boca. Pasaron un largo rato allí, en el vestíbulo de entrada, Katty apoyada contra la pared, las lenguas enredadas y las frentes sudorosas. Los labios pegados, como si el largo tiempo que habían esperado ese momento los impidiera separarse. Las manos de él desabrochando los botones de la camisa verde manzana que llevaba Katty se interpusieron entre ambos cuerpos.

    El Psiquiatra lanzó una sonora exclamación al destapar sus pechos y rozar con la punta de su lengua los pezones turgentes. Katty se estremeció. El hombre tomó la dirección de la pista central y bajó lentamente hasta el bosque, saboreando cada centímetro del sendero. Agachado y con su cabeza situada frente al tesoro, lo lamió en cada milímetro y en cada pliegue. Sabiendo lo que hacía, explorando cada fuente de placer y prolongando cada gemido femenino con la fuerza inquebrantable del deseo.

   Ella llegó al paraíso mientras él permanecía vestido y sudado, la potencia de su virilidad estallando tras la barrera de un pantalón que Katty, al volver en sí, se dispuso a retirar para liberar el arma prisionera. Espada en alto, él la condujo al sofá y la sentó encima. Y ella lo sintió en su interior con la dureza del hierro y la potencia del rayo. Sus caderas cimbreaban y su cuerpo entero se balanceaba sobre el hombre al ritmo que imprimían sus alaridos, gotas de vida convertidas en chorros y fuentes de placer en manantiales...

    La sesión de sexo continuó en la cama. Katty no daba crédito a lo que estaba viviendo. El sonido de sus piropos susurrantes la transportó al mundo de los sueños. “¿Será verdad que éste es el hombre? ¿Habré encontrado, por fin, a mi media naranja?”, se preguntaba para sus adentros. Los ojos entreabiertos, los brazos de El Psiquiatra rodeando su espalda y la cabeza recostada sobre su hombro. Se quedó dormida y soñó que se hacía vieja a su lado...

                                                                                                     RoCastrillo

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12 septiembre 2012 3 12 /09 /septiembre /2012 23:27

   Todo indica que Katty Lloyd ha encontrado al hombre que buscaba, el compañero con el que compartir placeres y sinsabores

    Perdonad que este relato llegue hoy mucho más tarde de lo habitual. Acabo de despedir a MIS AMIGAS  Katty Lloyd y Wynie Smith. Hemos echado la tarde entre cafés, pastelitos y primicias. En este caso, no periodísticas, sino sentimentales. Os aseguro que el retraso merece la pena. Traigo la crónica de la apasionada y prometedora historia de amor que está viviendo Katty. El afortunado, un atractivo doctor que, caprichos del azar o del destino, dirige el departamento de Psiquiatría del hospital de la misma ciudad del sur de Madrid donde viven EL TUITERO y La Otra. Pero este último dato, aunque curioso, no viene ahora al caso. Entremos, sin más premuras, en materia:

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   Katty conoció a su médico -o mejor dicho, reconoció- a principios de verano. Nada más verlo supo que se trataba de aquel tipo ocurrente -padre de un niño de la edad del suyo- con el que solían coincidir, cuando ambos estaban casados, en el domicilio de otra pareja cuyo hijo es compañero de pupitre del vástago de Katty. El psiquiatra y su entonces esposa eran vecinos de está última pareja, que organizaba en su residencia copiosas comidas seguidas de largas sobremesas a las que acudían, además del doctor y su esposa, Katty y su marido.

   El tiempo y los divorcios rompieron aquellas tarde de sábado en las que tres parejas de clase media-alta y gustos e intereses similares jugaban a las familias felices -animadas conversaciones sobre lo divino y lo humano aderezadas con vino tinto de reserva- mientras sus hijos, entonces criaturas de seis o siete años, hacían sus pinitos con las consolas.

    Katty no volvió a coincidir con el psiquiatra; ni siquiera a pensar en él, hasta este verano. No ocurrió en un bar, ni en una pista de baile ni a través de ningún portal de Internet. Fue en la calle y se topó con él junto al portal de la casa donde celebraban las citadas comidas de sábado. Él salía y ella entraba. Se miraron a los ojos. Cada uno pronunció el nombre del otro y se abrazaron emocionados.

   El sol lucía brillante aquella tarde de principios de agosto y sus rayos calentaron rostros y mentes. Katty y el psiquiatra olvidaron lo que tuvieran pensado hacer antes de encontrarse y se refugiaron de los fulgores del astro en una cafetería cercana. El local tenía aire acondicionado y permanecieron allí hasta que cerró, ya de madrugada. Merendaron y cenaron mientras se ponían al día. Hablaron de los ex y de los divorcios; de los niños y los líos de las custodias; de los trabajos respectivos, de las vacaciones y de la crisis. Tampoco faltó la política, y comprobaron complacidos que hasta en eso coincidían. Bebieron, rieron y llegaron a tal estado de complicidad que decidieron no separarse.

   El psiquiatra ofreció a Katty continuar en su domicilio, a tres pasos del lugar donde se encontraban. Le dijo que ponía a su disposición una cama estupenda -distinta a la suya- un pijama y un cepillo de dientes. No le dio opción a negarse pero tampoco tuvo que insistir mucho. Ella aceptó encantada. Lo tuvo claro desde el momento en que él precisó que se trataba de una cama distinta a la suya. El psiquiatra le gustaba tanto que no quería sexo con él la primera noche. No quería romper el encantamiento, estropear el inicio de una relación que tenía todos los ingredientes para ser prometedora...

                                             el amor

    Katty es la única del cuarteto EMI, WYNIE, KATTY Y OLIVIA  que piensa que los hombres, por regla general, no valoran a las mujeres que se llevan a la cama en la primera cita. En ese sentido afirma , en contra de lo que sostienen sus amigas, que aquél que consiga llevarte a la cama nada más conocerte nunca pensará en ti como la compañera de su vida. 

    Aprovecho la ocasión para retomar un debate siempre en boga. ¿Que pensáis al respecto? Pregunta para ellos: ¿convertiríais en vuestra pareja a una mujer con la que habéis tenido sexo en la primera cita? Pregunta para ellas: ¿Creéis que los hombres modernos, metrosexuales y partidarios de la igualdad rechazan como pareja -aunque lo nieguen públicamente- a la mujer con la que han hecho el amor nada más conocerse?

    Espero vuestros comentarios debajo del artículo, pinchando en “escribir un comentario”. Y, por supuesto, la historia de Katty y El Psiquiatra continuará en los próximos días

                                                                                                              RoCastrillo

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11 septiembre 2012 2 11 /09 /septiembre /2012 18:20

    "...Buscan a una mujer que los mime, les caliente la cama cada noche, se desviva por ellos... Los hombres son muy simples, amiga..."

    El diálogo que sigue es la continuación de la conversación telefónica que mantenían ayer Emi Abbott y Wynie Smith a propósito de El Tuitero, La Otra, los hombres y la vida en general.  LA VUELTA DE MIS AMIGAS

  -No seas tonta, Wynie, ni te engañes a ti misma, trataba de consolarla Emi. Sabes perfectamente que si le hubieras dado las llaves de tu apartamento de Madrid cuando fue a Las Palmas a verte, ahora estaría a tu lado. No lo hiciste porque te niegas de forma cerril a vivir con nadie. No te quejes ni te disgustes: tienes lo que quieres. Después de lo ocurrido, el motivo principal del viaje de tu amigo a Canarias está más claro que el agua. Fue para decirte que te quería -prosiguió sin permitir que su amiga interrumpiera la disertación. Y para pedirte que compartieras tu vida con él. Y reiteraste tu postura: NO, recalcó. Volvió a Madrid y tomó su decisión: irse con La Otra, que lo esperaba con los brazos abiertos. Lógico.

 pensamientos-copia-1.jpg pensamientos 2

    -Pues yo no lo veo tan lógico. A mi me decía que era una pesada, que no la quería y que ni siquiera le gustaba físicamente. Incluso que era fea.

   -Ja,ja,ja. ¿Qué mas da lo que te dijera? Los hombres son muy simples, amiga. Buscan a una mujer que los mime, les caliente la cama cada noche, se desviva por ellos, no les de problemas y no mire más allá de sus narices. Tú no eres ésa ni yo tampoco. ¿Cuánto crees que me va a durar El Polaco?

    Wynie no contestó. Unos instante de silencio y Emi prosiguió.

   -Yo te lo digo: hasta el día en que encuentre a otra que lo meta en su cama cada noche, afirmó segura. Eso es lo que ha hecho El Tuitero: ir a lo seguro, a la que lo estaba esperando con las puertas abiertas de par en par.

    -Puede que tengas razón, sí, y los hechos lo confirman. Sin embargo, él me aseguraba que mi plan de compartir el tiempo de ocio sin convivir le venía muy bien. Incluso insistía en que -al igual que me ocurre a mi- tampoco deseaba ataduras ni compromisos y se apuntaba al carro del espíritu libre. Te lo repito, Emi: alardeaba de disfrutar de las ventajas de la vida de soltero.

    -Ya. Ja, ja, ja!!! Eso era al principio. En la etapa de la seducción, Wynie. Cuando pretenden conquistarte, los hombres asienten a todo y se muestran cómplices al máximo. Pero en el momento en que consiguen engancharte, esa empatía se esfuma. No me creo que tenga yo que contarte esto, amiga. Las marisabidilla del grupo, desde siempre, has sido tú. EMI, WYNIE, KATTY Y OLIVIA. Parece mentira...

    -Sí, interrumpió Wynie. Parece mentira que siendo araña me caiga de la pared, jajaja!!! Ésa frase la escuché en Ciudad de Méjico y me partía de la risa.

    -Pues ya sabes lo que tienes que hacer: los deberes del olvido, sentenció Emi.

   -Atrás quedaron las cenas de vino y rosas EL TUITERO y las tardes calientes de la GENEROSA AMAZONA , soltó Wynie en tono melancólico, como si pensara en voz alta.

    -Ahora, a otra cosa, terció Emi.

   -Estoy muy cansada, se quejó Wynie. De los hombres, de la precariedad laboral, de no tener dinero para viajar... De mi vida. Llevo una vida que no me gusta, en términos generales, desde hace varios años, precisó. Quiero lo que tú tienes, Emi. Un trabajo estable y un sueldo decente a final de mes. Estoy intranquila y preocupada por el futuro.

   -Mientras sea solo por el futuro, ironizó Emi. A mi me preocupa el presente. El miedo a perder las fuerzas, a no ser capaz de levantarme cada mañana. Y eso no se arregla con una buena nómina a final de mes, amiga. Eso es una losa que te va aplastando lentamente...

   La conversación entre ambas amigas terminó poco después. Cada una se fue a sus obligaciones con un deseo común: el de sobreponerse a las circunstancias, las que fueran, y degustar cada segundo de la vida como si se tratara del último.

                                                                                                                         RoCastrillo

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10 septiembre 2012 1 10 /09 /septiembre /2012 19:18

Lo que el verano se llevó, lo que se quedó en el camino y lo que Septiembre ha traído.

MIS AMIGAS ya están de vuelta en Madrid. Dedicaré los relatos de esta semana a contaros lo acontecido en sus vidas durante el verano que acaba de concluir y sus expectativas para el nuevo curso que empieza con más crisis que bríos. Inauguran la semana Emi y Wynie; la seguirán Olivia y Katty, esta última con muchas novedades EMI, WYNIE, KATTY Y OLIVIA ; y el colofón estará dedicado a PALOMA SOÑADORA Y LA DULCE ALICIA

   De Emi habéis tenido noticias frescas en entradas recientes, referidas a sus últimos y, como siempre fogosos, encuentros con su ínclito amante El Polaco  CONVERSACIÓN FEMENINA: EMI HABLA DE SU AMANTE y  PASIÓN ANIMAL

   Katty y pijo cocina playa noche pareja

    Por lo demás, se ha incorporado a la vorágine laboral con un sentimiento de obligación -no de gusto- que le ha enseñado las garras con más fuerza que nunca. Es consciente de que, en la durísima situación que atraviesan la mayoría de los profesionales del Periodismo en España, el sillón de directora desde el que ejerce su cargo y la nada desdeñable nómina que le ingresan cada mes no le dan derecho a quejarse. Sin embargo, lo hace. A gritos, pregunta a las paredes de su confortable salón para qué quiere ser directora si no puede elegir a ninguna de las personas que integran su equipo; si tiene que conformarse con profesionales inexpertos, mediocres y hasta inútiles solo porque no exigen ni salarios ni derechos o son enchufados de los dueños de la publicación. La rabia se acentúa porque dicho problema recae en ella y lo sufren su cuerpo y su mente, ya que la obliga a echarse encima más carga de trabajo de la que puede sobrellevar.

    Emi tiene clarísimo que conserva su puesto porque la revista ha ganado dinero a espuertas desde que ella la dirige y, aunque los beneficios han mermado con la crisis, no se han visto obligados a cerrar como les ha ocurrido a otras publicaciones de la competencia. Y sabe también que las ganancias están directamente relacionadas con su dedicación y buen hacer, pero es precisamente esa dedicación la que le está robando el tiempo, las fuerzas e incluso las ganas de vivir. Sus hijas se han criado con su ex marido, primero, y ahora con su madre, mientras ella ha ido dejando en su sillón de directora hasta el último suspiro. Inmersa ya en la crisis de la mitad de la vida, está enamorada hasta el tuétano de El Polaco y no encuentra la forma de permanecer a su lado. ¿Para qué quiero tanto dinero, si no puedo levantarme cada mañana junto al hombre que amo?, sigue gritando a las paredes. Ése es el dilema de su vida actual, lo que la intranquiliza y le quita el sueño.

    Como parece ser ley que domina la existencia humana, cada persona ansía lo que no tiene. Al contrario que Emi, Wynie se niega, por principios incrustados en cada fibra de su piel desde que se divorciara, a compartir su vida con hombre alguno. Acaba de perder a EL TUITERO  precisamente por haberse opuesto a que vivieran juntos y ha comprobado, recién llegada de sus vacaciones familiares, que él había decidido, pese al amor que le confesara, despertarse cada mañana al lado de otra mujer: La Otra, una ex novia que se ha dedicado a pregonar su felicidad en cada esquina de la red y a dejar claro al público en general -por si alguien tenía dudas- que El Tuitero es suyo desde hace más de un año y suyo sigue siendo.  UN AMOR DEVORADO POR EL MAR

    -Vale, vale, ya me he enterado, comentaba Wynie a su amiga Emi, con el teléfono en la mano derecha y los ojos -rojos de indignación- clavados en el perfil de La Otra en Twitter.

    -¡Que mujer más basta! ¡Contar esas intimidades en Twitter! ¡No entiendo por qué pierdes el tiempo en leer las ordinarieces que escribe semejante poligonera! ¡Seguro que hasta tiene faltas de ortografía!, exclamaba Emi en un tono no exento de rabia. Quería tanto a su amiga del alma que, cuando Wynie se enfadaba o sufría, a ella le dolía hasta el fondo de éso, del alma.

    -Sí, claro que tiene faltas, ¿y qué? Él está con ella, no conmigo, se lamentaba Wynie subiendo el tono de una voz que Emi notaba dolida a través del aparato. No he podido conquistarlo. De nada me ha servido ser tan culta, haber recorrido el mundo y devorado miles de páginas, continuaba protestando, las lágrimas prisioneras en sus ojos porque se negaba a dejarlas salir y el corazón atado por las cadenas del raciocinio para que no tuviera la tentación de expresar sentimientos indeseados. (Continuará)

                                                                                                                 RoCastrillo

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8 septiembre 2012 6 08 /09 /septiembre /2012 14:23

  ...Él dentro de ella, ella dentro de él y las olas del mar acariciando dos cuerpos fundidos en uno...

    Durante la semana que EL TUITERO  permaneció en Las Palmas, alojado en un hotel cercano a la residencia de su familia, Wynie se las ingenió para dejar a su hijo una completa agenda de planes con primos y amigos de su edad y ella poder escaparse a compartir largos ratos de pasión en el mar con su amigo especial.  WYNIE, EL TUITERO Y SUS LÍOS

                    amor-en-el-mar-2.jpg

    Se alejaban de la civilización y se amaban en la intimidad de playas solitarias. Besos que sabían a miel y a sal, a deseo y a olvido. Wynie era consciente de que algo grande se había roto entre ellos; de que él había pasado de decirle que la amaba a desaparecer de su vida para meterse en otras camas, sin explicaciones; y de que en hombres de su estilo, esa primera espantaba no iba a ser la última.

   “¿Y qué me importa?”, se preguntaba cada vez que salía de la habitación de hotel y caminaba a paso ligero hacia el lugar donde tuviera que recoger a su hijo. “No quiero enamorarme ni compartir mi vida con ningún hombre. Eso ya lo he tenido durante muchos años y no me interesa repetirlo”, se respondía. “Vive tu vida, disfruta de él cuando lo tengas y cuando no, busca a otro”, repetía para sus adentros. Le costaba reconocer que, en el fondo, no era ésa su pretensión y que, como tantas veces le decían sus amigas, EMI, KATTY Y OLIVIA  tampoco ella era inmune al amor, por mucho raciocinio que se empeñara en imprimir a sus sentimientos.

    Escondidos del mundo, rebozados de arena y revolcándose al abrigo de las dunas que rodeaban aquella playa salvaje, devoraban la sal de sus cuerpos con el ansia de lo efímero y el convencimiento de que esos momentos no volverían a repetirse. Sudor salado, agua que hervía al fuego del deseo, manos que exploraban rincones olvidados, lenguas enredadas y labios que desafiaban al tiempo y a la vida en besos largos y profundos... Como si el fulgor de aquellos encuentros intermitentes no fuera a acabarse nunca. Como si la semana que él tenía previsto quedarse en la isla jugara con el reloj a convertirse en chicle y estirarse hasta agotar las fuerzas. 

                                             amor en el mar

    Él dentro de ella, ella dentro de él y las olas del mar acariciando dos cuerpos fundidos en uno. Dos rostros pegados y cuatro brazos estrechándose vigorosos, como si lucharan contra cualquier elemento externo que pretendiera separarlos. Pero el tiempo, impasible a los desvelos del amor, siguió su camino y los sorprendió una noche oscura en la misma playa donde se habían amado hasta quedar exhaustos.

    -Ésta es nuestra última noche. Mi avión sale mañana a primera hora, le anunció El Tuitero.

   Estaban sentados en la arena, mirándose embelesados mientras compartían un vaso de plástico lleno de ron miel, el cielo sin luna ni estrellas y el mar rugiendo cual fiera enfadada con el destino. Wynie no le contestó, como si no hubiera escuchado nada o no quisiera enterarse de la noticia.

    -Te quiero, te quiero, repitió él.

   Ella siguió sin soltar palabra, sus ojos perdidos en la oscuridad y sus sentidos inundados por el rugido envolvente del mar.

    -¿No vas a decirme nada?

    -¿Qué es lo que quieres escuchar? Te vas y no puedo hacer nada por evitarlo. ¿O sí?

    -Puedes decirme que tú también me quieres. Que podemos compartir nuestras vidas.

    -Yo también te quiero. A mi manera, porque mi vida no quiero compartirla. Ni contigo ni con nadie, precisó. Ya lo sabes. No es la primera vez que hablamos de ésto.

    -¿Por qué eres tan testaruda? Que te saliera mal una vez no debería impedir que volvieras a intentarlo.

    -No, repitió decidida. Lo siento. ¿No podemos seguir como hasta ahora, disfrutando juntos de nuestros momentos de ocio? No me pidas lo que sabes que no puedo darte.

   -Sí puedes. No quieres, la corrigió él al tiempo que se levantaba y caminaba despacio en dirección a las escaleras que subían al paseo marítimo, solitario a esas horas de la noche.

    Wynie corrió tras él. Se abrazaron y se besaron largamente. Besos que tornaron el sabor dulce de la miel por el amargo de la despedida. El volvió a Madrid y ella, tal como tenía previsto, permaneció en la isla hasta el final del verano. Un día después de regresar a la ciudad lo telefoneó sin obtener respuesta.

    La respuesta estaba escrita en la red. Wynie la buscó y la encontró en el perfil de su antigua novia en Twitter. La señorita en cuestión se encargó de pregonarla públicamente: su amor había vuelto a su lado y la hacía muy feliz. 

   Wynie apretó sus labios resquebrajados por el sol de Canarias y apagó el ordenador. A partir de ese momento intentaría evitar que los recuerdos de su ya ex amigo volvieran a inundar sus pensamientos. No tenía mucho dinero pero decidió irse de compras. Desde el probador de una boutique del centro de la ciudad, enfundada en un sugerente modelo que realzaba su piel tostada, llamó a su amiga Emi Abbott. Se citaron esa misma noche. Wynie se detuvo unos minutos frente al espejo y sus ojos vislumbraron complacidos la figura de la mujer que quería ser: hermosa y libre como el viento.

                                                                                                              RoCastrillo 

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5 septiembre 2012 3 05 /09 /septiembre /2012 22:38

     Besos de miel y de sal, como la relación que mantenían: dulce y ácida...

    Wynie Smith acaba de volver a Madrid, después de un largo mes de vacaciones en el hogar familiar de Las Palmas de Gran Canaria. Está deshaciendo las maletas y siente que vive una escena repetida: la de aquella tarde aciaga del mes de julio, preparando el mismo equipaje para el inminente encuentro con los suyos y el mar. Entonces se lamentaba de pensar en EL TUITERO, que había pasado de ser su amigo más especial a desaparecer de su vida de repente, sin enfados ni adioses. Sin palabras. AMIGOS, AMANTES Y RECUERDOS  Y ahora, después de recibir su sorpresiva visita y pasar junto a él una semana de sol y besos, seguía lamentándose por tenerlo en sus pensamientos sabiendo -o mejor dicho, sospechando de forma contundente- que él andaba con otra mujer... 

                                               playa-noche-pareja.jpg

     Mientras doblaba y colgaba su ropa y la de su hijo recordaba el mensaje que le envió El Tuitero cono reaparición. Fue el final de su primera semana en Las Palmas y lo vio nada más llegar de la playa, casi de noche. “Darling, mañana te llamo y te cuento. Y te veo, si aún te apetece y no me odias demasiado. Besos”. Le sorprendió mucho y no imaginó que fueran a encontrarse al día siguiente. “Éste se cree que estoy en Madrid”, pensó. No intuyó la posibilidad de que su amigo pudiera hallarse cerca, pero eso fue lo que ocurrió. Acababa de llegar a la isla y estaba reservando -casualmente, porque ella no le había dicho en qué parte vivían- una habitación en un hotel cercano a la residencia de su familia.

    Tal como escribiera en su mensaje, la telefoneó al día siguiente, le anunció su llegada y le aseguró que bebía los vientos por verla. Wynie estaba en la playa con su hijo, hermanos y sobrinos y no supo qué contestarle. La verdad es que tampoco tuvo tiempo de pensarlo, porque El Tuitero no paró de insistirle en que le explicara dónde podía encontrarla. No pudo ni quiso negarse a las palabras henchidas del sonido del deseo. La cita repentina cuadró, además, en el momento adecuado. Su hijo había hecho planes para ir al cine con sus primos, lo que significaba que dispondría de unas horas para estar a solas con su amigo.

     Horas que transcurrieron en la orilla del mar, entre la charla amena y los besos con el sabor dulce del ron miel que degustaban en vasos de plástico. Hablaban, bebían y se besaban. Se besaban, bebían y hablaban. Se besaban y volvían a besarse. Besos de miel y sal, como la relación que mantenían: dulce y ácida. Besos que dejaron en sus labios el dolor suave de una hinchazón leve.

     En esas horas de luna mora supo Wynie que El Tuitero había estado con dos mujeres en su ausencia. La primera, su ex esposa, con la que se dio un revolcón en la vivienda común, unas horas antes de que firmaran la escritura de venta. La segunda, su última novia. Según le contó entre las risas nada disimuladas de ella, la señorita en cuestión lo convenció para que pasaran unos días juntos en Almería.

    -Si, claro. Y tú que eres un hombre fácil, no supiste negarte.

   -No, de verdad, yo no quería, pero me insistió mucho. Me envió unas fotos del sitio donde estaba y no pude resistirme. Necesitaba sol y mar. Solo eso. Ella no me interesa, no me gusta, no la quiero. A quién quiero es a ti.

  -Ja,ja,ja. A mi no me hables de querer. No te creo y prefiero no escucharlo. Tienes demasiados líos en tu vida y yo soy una persona muy tranquila.

   -¿Líos yo?, inquirió con una sonrisa pícara. Con mi ex mujer no quiero nada, y con la otra, menos.

   -Ja,ja,ja. Vale. Lo de tu ex mujer me lo creo, pero lo de la otra... ¿Que hacíais por las noches? ¿Mirar a las estrellas? ¿O rezar, quizás?, le preguntaba Wynie  sin parar de reír.

     -Nada, no hacíamos nada. Dormir. Bueno, algo me hizo.

     -Mejor para ti. No me interesa. Pasemos a otro tema.

     -A tus tetas. Las tienes preciosas en verano. Déjame...

     Wynie permitió que desabrochara su camisa blanca y colocara la cabeza en el canal de sus pechos. Y que mordisqueara sus pezones turgentes en la playa oscura, con el tímido rugido del mar que se colaba entre incipientes gemidos femeninos... (Continuará)

                                                                                                                             RoCastrillo

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3 septiembre 2012 1 03 /09 /septiembre /2012 18:32

   ...Le pedía que le clavara las uñas en su espalda, hasta dejar incrustadas las huellas de una pasión que se encendía con el deseo...

    Al tercer día de la estancia de su amante en Madrid, transcurridos entre la cama y la cocina del apartamento de Wynie Smith, CONVERSACIÓN FEMENINA: EMI HABLA DE SU AMANTE Emi Abbott salió del refugio junto a El Polaco con la única intención de aprovisionarse de los alimentos necesarios para disfrutar sin distorsiones de los cuatro días de dicha compartida que les quedaban.

                                      pasion-animal.jpg

    En el corto trayecto al supermercado, la mirada masculina ávida de deseo se posaba en cada una de las curvas y los pliegues del cuerpo femenino, adornado con un sugerente vestido de seda. Emi sentía en su piel el calor de los ojos de su amante, cual rayos de sol que hacían brotar tímidas gotas de sudor en su frente. El Polaco le susurraba al oído piropos llenos de erotismo y ella notaba cómo sus profundidades más íntimas empezaban a humedecerse.

    Ya en el interior del establecimiento, mientras Emi andaba entretenida con el examen de los diferentes tipos de quesos, El Polaco introdujo su mano en el ancho y generoso escote del vestido y achuchó entre dos de sus largos dedos el pezón derecho. Ella lanzó un alarido mezcla de sorpresivo y placentero, provocando que las miradas del resto de la clientela se volvieran hacia la pareja.

    Lejos de molestarle, Emi Abbott sintió una simpatía infinita hacia el gesto espontáneo de su amado, al tiempo que la timidez propia de quien se siente observado la impulsó a refugiarse en el pecho del hombre. El Polaco la abrazó y acarició sus cabellos, firme su figura delgada y alta y su rostro de extranjero inquiriendo a los curiosos con gesto de ¿qué miráis?

    Emi consideraba a El Polaco un animal sexual. Era de los tipos que, aún teniendo a su lado a la mujer amada, era incapaz de pasear por la calle sin que sus ojos se tornaran ávidos ante la belleza de otro cuerpo femenino. Emi lo notaba y, aunque llegara a incomodarla en alguna ocasión, no le daba importancia porque sabía que se trataba de un instinto irrefrenable que superaba al raciocinio. Sin embargo, eran las miradas que su compañero dedicaba a otras mujeres el motivo por el que no le importaba pasar las horas encerrada junto a él: así no veía a nadie ni tenía ocasión de desear un cuerpo distinto al suyo.

    Era la primera vez que salían de su refugio en esta última visita, y Emi comprobó halagada que su amante solo había tenido ojos para ella. Ni siquiera se inmutó ante los pechos voluminosos y las curvas moldeadas de un grupo de jóvenes latinoamericanas que aguardaba justo delante de ellos el turno para pagar las compras.

    Al salir del supermercado, El Polaco, como si hubiera adivinado sus pensamientos, pellizcó los muslos de Emi al tiempo que sus labios le acariciaban el oído con las palabras “nadie es comparable a ti”. La temperatura de ambos aumentaba conforme se acercaban al apartamento. Casi sin dejarle tiempo de que sacara la llave de la cerradura tras abrir la puerta, El Polaco dejó caer las bolsas de la compra en el suelo y se abalanzó, presa del deseo, al cuello de Emi. Dejando cual vampiro inocente las huellas suaves de dientes que pretendían amar sin molestar y de dedos que se hundían con avidez en las curvas ardientes, El Polaco la amaba con la fiereza de un animal en celo y, cuando las paredes de la casa vibraban con los gemidos de ella, le pedía que le clavara las uñas en su espalda, más y con más fuerza, hasta dejar incrustadas las señales de una pasión que se encendía con el deseo y se apagaba con la distancia.

    En los días siguientes, hasta que el vuelo Madrid-Varsovia puso fin a tantas horas de sexo ardiente, Emi sintió en su interior el vigor de un falo que parecía agrandarse en cada movimiento y el placer de los músculos propios que se estremecían para acogerlo. El tiempo transcurrió en una comunión de cuerpos que vibraban al sentir la fuerza de su unión efímera y fiera, de bocas que mordían labios deseosos, de brazos sobre los que descansaban músculos extenuados de amar...

   El Polaco llegó al aeropuerto con el labio inferior hinchado en su extremo derecho y un moratón bien visible en su cuello. Eran los signos externos de la pasión animal que lo había dominado durante una intensa semana en el interior de un apartamento del centro de Madrid.

                                                                                                                  RoCastrillo

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30 agosto 2012 4 30 /08 /agosto /2012 18:05

     "...Mi boca ha recorrido kilómetros de su piel, mi lengua se ha ensanchado de tanto besar y mi garganta se ha dilatado como si fuera de plastilina..."

    Ayer tuve una larga conversación telefónica con mi amiga Emi Abbott. MIS AMIGAS Me contó que lleva una semana en Madrid con El Polaco, FOGOSA DESPEDIDA en el apartamento de Wynie Smith, quien sigue de vacaciones con su familia en Las Palmas de Gran Canaria. MIS AMIGAS, SUS AMANTES Y EL VERANO (II)  Emi y su amante pasan los días como es habitual en ellos: de la cama a la mesa, entre el sexo y la cocina. Sin salir a la calle y sin hablar con nadie. De hecho, aprovechó para llamarme el tiempo en que un BIZCOCHO DE LIMÓN 4,3,2,1 se horneaba lentamente y El Polaco dormía después de una larga sesión entre el lecho y la bañera.

                  emi-telefono.jpg empotrada

   -Tengo unas agujetas tan inmensas y me duelen tanto las piernas que no sé si podré caminar una distancia mayor de la que separa el dormitorio de la cocina.

     -Venga ya, Emi, no exageres, le contesté.

    -Ni un pelo. En estos últimos días he hecho más gimnasia que Nadia Comanecci en sus buenos tiempos. Mis piernas se han abierto como nunca, mi cuello se ha alzado como el de un cisne, mis brazos han estrechado su cuerpo con una fuerza inusitada. Mi boca ha recorrido kilómetros de su piel, mi lengua se ha ensanchado de tanto besar y mi garganta se ha dilatado como si fuera plastilina. ¡Soy tan feliz!

    -Disfrútalo. Él también estará encantado.

   -Sí. Ambos sabemos que, como siempre, durará poco, pero la experiencia nos ha enseñado a asimilar que así es nuestro amor: fuerte y efímero. Ya no me pide que vivamos juntos, ni yo lo interrogo sobre si anda con otras mujeres en mi ausencia. En esta ocasión estamos disfrutando de nosotros sin plantearnos el sentido o el futuro de nuestra relación. Y te aseguro que cada vez que hacemos el amor disfrutamos más que la anterior.

   -Qué suerte! Me alegro de que lo estés pasando tan bien y seas tan feliz. Por cierto, ¿tanta marcha tiene El Polaco, con 60 años? Estoy impresionada.

  -61, corrigió, y más agilidad y potencia que uno de 30. Practicamos el sexo en posturas inverosímiles y lo hacemos durante toda la noche. Desayunamos y seguimos, sin que él eyacule ni se canse. Se trata del único de los hombres con los que he estado que es capaz de cansarme a mi. La verdad es que he descubierto el sexo a su lado. Lo que hacía con mi ex marido o con otros hombres no tiene nada que ver con las sensaciones que tengo junto a El Polaco. Él me lo ha enseñado todo en cuestiones amatorias pero, sobre todo, a su lado he aprendido a desinhibirme como nunca antes me había ocurrido.  UNA AUTÉNTICA GEISHA

    -¿En qué sentido?, le pregunté.

    -En el sexo oral, por ejemplo. No me gustaba hacérselo a mi marido ni tampoco que él me lo hiciera a mi. Con El Polaco, sin embargo, soy capaz de conseguir que su pene tamaño vaso de cubata me llegue a la garganta sin soltar una sola arcada. ¿EL TAMAÑO IMPORTA?

   -¡Impresionante!, exclamé admirada.

  -Es cuestión de práctica y de interés, por supuesto. Hago lo que él me ha enseñado con mucho gusto y, además, me proporciona un gran placer. No solo disfruto cuando mi amante me estimula, sino también cuando lo hago yo.

    -Lo sientes así porque entre vosotros, además de buen sexo, hay amor, ¿verdad?

    -Sí. Él me dice y me repite que me quiere constantemente, y yo le correspondo, aunque los dos seamos conscientes de que las cosas tienen que seguir como están, al menos, en el futuro próximo. No puedo obligar a mis hijas a compartir nuestra casa con él.

    -Ni siquiera lo has hablado con las niñas, Emi.

    -Son mis hijas. Las conozco y sé que no les gustaría...

    Nuestra conversación siguió por estos derroteros durante unos minutos más. Después, Emi en contó que EL TUITERO ha reaparecido en la vida de Wynie, y que han pasado juntos una semana en Las Palmas de Gran Canarias. De esta última noticia, queridos lectores, os daré más detalle en próximas entregas de Abremeloya, cuando la interesada me los revele personalmente.

                                                                                            RoCastrillo

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29 agosto 2012 3 29 /08 /agosto /2012 17:03

     ...Lenguas enroscadas, brazos entrelazados y cuerpos pegados que se movían al compás placentero de la música de la dicha...

   Tras despedirse de El Pijo LA ÚLTIMA RACIÓN DE SEXO EN LA PISCINA hasta un próximo encuentro que, según todos los indicios, tardará muchos meses en producirse, Katty Lloyd recibió una llamada de EL MUSCULOSO  y se citaron en el mismo lugar de siempre: el coqueto apartamento de ella en el madrileño barrio de Salamanca.

    DSCF0631 (1)Wynie y profe

     Katty respiró hondo y lentamente al mirarlo de soslayo cuando le abrió la puerta. No quería que notara la profunda admiración que sintió al verlo. Sus músculos dorados por el sol parecían aún más perfectos y el verde de sus ojos resaltaba entre las líneas cuadradas de su apuesto rostro. Apenas cruzaron palabras en una tarde noche donde la fuerza del sexo ardiente que mantuvieron prevaleció sobre cualquier otro sentimiento.

    Tumbada primero en el sofá y luego en la cama, Katty recibió los besos de su compañero en cada poro de su piel y en cada rincón de su cuerpo entregado al deseo. En lo referente al placer sexual, ninguno de sus encuentros amorosos era comparable a las citas pasionales que mantenía con El Musculoso. Un seductor de esculpida anatomía que la excitaba hasta el límite de sus fuerzas y junto al que gozaba con una intensidad redoblada en cada hora, cada minuto y cada segundo que permanecía a su lado.

   Hacía calor y el sudor brotaba de la frente de Katty en cada una de las embestidas, al tiempo que el eco de sus alaridos retumbaba en las paredes blancas de aquella habitación cerrada cuya temperatura aumentaba por momentos. Sus ojos azules se deleitaban contemplando la belleza del falo grande y perfecto que entraba y salía del interior de su cuerpo rendido al gozo y sus sentidos quedaban saciados por la fuerza del sexo incomparable y mágico.

     Katty alcanzó el éxtasis varias veces antes de que el néctar de El Musculoso se derramara en los pétalos rosados de las flores que estampaban las sábanas. Tumbado boca arriba en la cama y con los ojos entreabiertos, la atrajo hacia su pecho mientras acariciaba con suavidad la espalda femenina con las yemas de sus largos dedos. Ella contempló la sonrisa tímida y placentera que se dibujaba en los labios masculinos y, en un gesto instintivo, besó repetidamente las comisuras. Era tan feliz que sintió ganas de abrir las ventanas del dormitorio y gritar a los escasos habitantes del tórrido verano madrileño que el hombre más bello del mundo descansaba en su lecho después de hacerle el amor.

     El Musculoso se tomó un corto descanso antes de que ambos volvieran a sumergirse en un enjambre de lenguas enroscadas, brazos entrelazados y cuerpos pegados que se movían al compás placentero de la música de la dicha. Sudores, temblores y gemidos. El poder del deseo. El magnetismo de la atracción. La fuerza del sexo.

    Después de amarla por segunda vez, El Musculoso se incorporó en la cama y empezó a vestirse.

    -¿Ya te vas? Pensaba que saldríamos a tomar algo, le dijo Katty en tono dulce y susurrante.

    -Tengo cosas que hacer. Lo siento. Llámame cuando quieras.

    -No creo que lo haga, le contestó Katty.

    -No te preocupes. Seré yo quien te llame. Quiero seguir viéndote y pasar contigo tardes tan maravillosas como ésta. Siempre que te apetezca a ti.

    -Prueba, le indicó Katty con una voz que sonaba a desencanto...

    Cuando su amante se marchó, minutos después, ella se recostó en el sofá. Dominada por una sensación en la que el placer, la confusión y la rabia se percibían entremezclados, no podía entender por qué el destino le había puesto por delante un hombre perfecto en cuestiones sexuales pero del que nada más podía esperar. Juntó sus dientes con fuerza, sus ojos se cerraron y las penumbras de la noche inundaron la estancia...

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  • : Un blog de relatos eróticos y cocina con solera. Nuevos contenidos a diario. De lunes a jueves, las aventuras nocturnas y las conversaciones sobre sexo y hombres de Emi, Wynie, Olivia y Katty. Los fines de semana, recetas elaboradas siguiendo los viejos cuadernos de cocina de mi abuela, escritos hace más de 80 años. Y todos los días, discusiones sobre temas sexuales en la sección "Foro de Debates"
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