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14 diciembre 2011 3 14 /12 /diciembre /2011 16:59

                                   

                            UN INTENSO FINAL DE PUENTE PARA OLIVIA Y WYNIE

     Acomodados en una mesa al fondo del salón de un concurrido restaurante japonés, Olivia N. y el de 28 se devoraban con sus miradas embelesadas. El sushi y la tempura esperaban en los platos mientras ellos, ajenos al trasiego de público y camareros, sudaban cada gota del deseo que desprendían sus cuerpos ardientes. Olivia escuchaba bonitos piropos -eres la más guapa y la más sexy que pisa la noche de Madrid- entremezclados con susurros del tipo “no sabes los millones de pajas que me he hecho pensando en ti” o “no quiero cenar, solo tengo hambre de ti”. Pletórica y orgullosa, respondía con un tímido “yo también te deseo mucho”, al tiempo que su acompañante, por debajo de la mesa, rozaba y recorría sus muslos prietos con los dedos de sus pies descalzos.

                                                        220px-Missionary_style.svg.png

     En otro escenario distinto, un apartamento situado en el barrio de los Austrias, Wynie Smith, cansada después de una intensa jornada con el rubio, se disponía a relajarse con una ducha templada y a ponerse guapa para recibir al profesor de Matemáticas. Aunque no era su intención tener otra jornada seguida de sexo, cedió por la insistencia del hombre, que la llamó por teléfono y le calentó la oreja y otras partes de su cuerpo pidiéndole, con un tono de voz henchido de deseo, que lo dejara dormir a su lado aquella noche. Y Wynie, que no era mujer de placeres rechazados ni oportunidades perdidas, accedió a recibirlo porque tenía claro que, junto a él, el disfrute sexual estaba garantizado.

     Los entresijos del destino se pusieron de acuerdo para que, en el mismo día y a la misma hora, Olivia N. y Wynie Smith estuvieran, cada una en su casa, gozando y temblando con sensaciones similares. La primera, empotrada contra la pared de su dormitorio, sentía al de 28 entrando en su cuerpo, sus manos aplastando el torso de su compañero y sus uñas clavadas, dibujando las huellas del deseo, en la piel suave y blanca del joven. El empotramiento era su postura preferida y, en el instante más álgido de la penetración, dejaba escapar suaves alaridos y pensaba en que nada en el mundo era comparable a la dicha producida por ese cuerpo perfecto que la poseía una y otra vez; en la belleza de la musculatura masculina que acaparaba intensamente cada hueco de su anatomía de mujer abierta al gozo; y escuchaba la voz de su acompañante interrumpida por los gemidos, halagando cada curva, cada pliegue y cada movimiento de sus pezones turgentes... Y provocando que vibrara con una intensidad inusitada y de una manera exclusiva que sólo él era capaz de conseguir. “Te quiero solo para mí, eres mía, mía siempre...”, musitaba el joven, y ella se estremecía al escuchar aquellas palabras pletóricas de sensualidad, sabiendo-aunque sin querer pensarlo- que la pasión que ambos sentían era insostenible, y que aquel amor sucumbiría por el peso irremediable de quince años de diferencia...

     Como si las hadas jugaran con ambas amigas haciendo que sintieran lo mismo al mismo tiempo, Wynie gozaba con el profesor de Matemáticas entre las sábanas suaves de su ancha cama. Agasajada por el placer de sus embestidas en lo más profundo de su cuerpo, contemplaba la inmensa estampa del miembro erecto entrando y saliendo de su interior. El intenso disfrute la incitaba a pensar, de la misma forma que le ocurría a Olivia, que esa polla estaba hecha a su medida y se adaptaba a cada uno de los músculos de sus profundidades en una simbiosis perfecta. Pero, cuando se elevaba al éxtasis excelso, una silueta en forma de cuchillo afilado surgía del lado oscuro de sus pensamientos más recónditos y la apartaba del paraíso. Sombra maliciosa que le insistía en que solo era sexo, que no se confundiera, que el amor era otra cosa y que ella estaba condenada a no sentirlo. Que, como le aseguraba su amiga Emi Abbott con la constancia de la noche que sucede al día, el profesor de Matemáticas no la quería y tampoco ella podía quererlo. Porque los hombres como él tienen bastante con quererse a sí mismos y no pueden soportar la carga de más amor; y las mujeres como ella son incapaces de conformarse con lo cercano y lo posible porque el ansia que las envuelve las arrastra a desear siempre lo lejano e inalcanzable. Era en esos momentos cuando Wynie Smith, su cuerpo envuelto del sudor de la pasión, pensaba en su ex marido, en Ése y en todos los hombres que la habían estrechado entre sus brazos... Entonces, un escalofrío cruzaba su cuerpo de arriba a abajo. Ahogada por la sensación de que su respiración se paraba, se estremecía...

                                                                                                                      RoCastrillo

 

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13 diciembre 2011 2 13 /12 /diciembre /2011 15:07

     

     LA JUGOSA CONVERSACIÓN TELEFÓNICA DE OLIVIA N. Y WYNIE SMITH

   Minutos después de que el elegante se marchara de su cama y de su casa, Olivia N. telefoneó a Wynie Smith.

    -Acaba de irse y no dejo de pensar en él. Siento mariposas en el estómago y chiribitas por ahí abajo..., confesó a su amiga.

   -Pues mal asunto, reina. ¿Quieres decirme que estás a punto de enamorarte? O peor aún. ¿Te has enamorado ya? Vamos, Olivia, que eso no puede pasarnos a mujeres como nosotras.

   -Pasa cuando tiene que pasar. A mi y a cualquiera. Incluso a ti. ¿O qué te crees, que estás hecha de una materia especial, Wynie?

   -No estábamos hablando de mi, sino de ti, Olivia. No puedes enamorarte de el elegante. Tiene novia y además, está a punto de convertirse en socio de tu ex. Date una ducha y bórralo de tu cuerpo, de tu mente y de tu vida. No te compliques más la existencia ni cargues con problemas distintos a los que ya acarreas. No puedo creerme que el elegante te ponga más que el de 28.

   -No, más no. El de 28 es único. Su polla está hecha a mi medida, ya te lo he dicho.

   -Ja, ja. Me alegro. Ese chico me gusta para ti.

   -Sí, pero nuestra amiga Emi me estropeó la historia. Ya lo sabes.

   -A mi me hizo algo parecido con el profe. También lo sabes tú, indicó Wynie.

                                                       180px-Lotus-sex-position.jpg

    -Por supuesto. Y hablando de todo un poco. ¿Qué tal con el rubio? ¿Sigue aún en tu casa?

    -Sí. Está durmiendo.

    -¿Y cómo se lo ha hecho? ¿Ha ido bien? No me has contado nada.

    -Todavía no me has dejado, darling.

    -Pues venga. Desembucha, le pidió Olivia.

    -Es encantador, divertido y muy simpático, afirmó Wynie.

    -No me refería a su forma de ser, sino a sus artes amatorias, especificó.

    -Es joven y está un poco verde. Con la lengua no es muy experto, por citar una cuestión que para mi es importante.

    -Ya lo sé. Y la polla, ¿cómo la tiene?, inquirió Olivia.

    -Grande pero rara. No es un amante diez, si es eso lo que quieres saber.

    -No lo he captado bien. Tendrás que explicarme qué quiere decir grande pero rara.

    -Lo que has escuchado. No se trata de un asunto de ciencia infusa. Veamos: el significado de grande está claro. Y rara, en este caso concreto, se refiere a torcida o ladeada, aclaró Wynie al tiempo que Olivia, al otro lado del aparato, escuchaba una sonora carcajada.

    -¡Ja, ja! Ahora sí. A mi me ocurrió una vez algo parecido. Me fui con un tipo que tenía la polla torcida, lo cual implicaba que él sentía el placer en posturas distintas a las que necesitaba yo.

    -Entonces, sabes de lo que te hablo, ¿verdad? Las diversas maneras en las que el rubio me ha penetrado esta madrugada no me han resultado completamente satisfactorias. Y unido a que con la lengua no anda muy ducho, digamos que...

    -No piensas repetir con él. Te conozco y no te gusta perder el tiempo, puntualizó Olivia.

     En ese momento sonó su móvil.

    -Wynie, Wynie! Luego te vuelvo a llamar, ¿vale? Es él, el de 28, informó a su amiga en tono eufórico antes de colgar.

    Wynie pasó el resto del sábado encamada con el rubio. Aunque no se trataba de un amante 10, le caía muy bien y se sentía a gusto a su lado. Eran más de las 8 de la tarde cuando el chico se despidió. Empezaba a las 9 su turno de trabajo como crupier en el Gran Casino de Madrid. Olivia volvió a llamarla, excitadísima porque había quedado esa misma noche a cenar con el de 28. También habló con Emi y Katty, que no pensaban salir. Ella tampoco había planeado hacerlo. Se dispuso a cambiar las sábanas de la cama y a recoger la casa antes de entregarse a la lectura o al sueño. El sonido del teléfono interrumpió su quehacer. Descolgó el aparato y escuchó la voz del profesor de Matemáticas al otro lado del hilo...

                                                                                                                      RoCastrillo

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12 diciembre 2011 1 12 /12 /diciembre /2011 16:44

 

     OLIVIA Y WYNIE, PLETÓRICAS TRIUNFADORAS

     Las protagonistas de ABREMELOYA!!! se encaminaron a El Maligno una vez finalizada la reunión festiva de presentación en sociedad de este blog. La única que desistió y se marchó a dormir después del evento fue Katty Lloyd, todavía apesadumbrada por la ausencia definitiva de su añorado amante belga...

     Nada más llegar, Olivia N. y Emi Abbott se dirigieron a la barra a pedir unas copas. Wynie Smith, por su parte, se adentró en las profundidades del local y, justo al entrar en el salón, comprobó que un tipo rubio y guapo le dedicó un par de guiños enfebrecidos desde el sofá situado enfrente de la pista de baile, donde estaba sentado con un par de amigos. Ella simuló que no se había enterado de nada y continuó balanceando su cuerpo con movimientos sugerentes al ritmo de la música. De vez en cuando, con el rabillo del ojo, lanzaba miradas furtivas al grupo del rubio. Se percató entonces de que uno de sus amigos, también con pelo claro y vestido a la última, era un tipo relacionado con el mundo de la música al que ya conocían, y que le gustaba a su amiga Olivia. Así que decidió avisarla y abandonó rauda el baile, las miradas y el salón.

          estilo-W.jpg              Olivia-N-jpg           Arriba, a la izquierda, el short auténtico vintage que lució Wynie para la ocasión. A la derecha, Olivia vestida de moni-lachispaadecuada. 

      Olivia se volvió loca de contenta al conocer la noticia. De hecho, había escuchado el rumor de que el elegante en cuestión iba a convertirse en socio de su ex marido y que ambos se disponían a inaugurar, en breve, la sala de conciertos más grande de la ciudad. Dejó a Emi en la barra coqueteando con un par de tipos, cogió a Wynie del brazo y ambas volvieron, con amplias sonrisas dibujadas en sus semblantes, al interior del salón. Y sucedió justo lo que Olivia estaba pensando: nada más verla, el elegante se levantó del sofá y la agasajó con un fuerte abrazo. El rubio, emulando a su colega, abandonó también el asiento, se plantó al lado de Wynie y le propuso que se sentaran juntos.

   Después de dedicar unos minutos a intercambiar algunas pinceladas sobre sus vidas respectivas, el elegante confesó a Olivia que una fantasía había inundado su mente nada más verla: quería empotrarla -eso y más cosas, precisó- en la esquina del baño grande. El tipo le gustaba mucho, aunque su propuesta la dejó muy sorprendida porque sabía que tenía novia. No obstante, una mujerona de su calibre no estaba para dar puntadas sin hilo. Por tanto, no dudó en cerciorarse de que el rumor sobre la sala de conciertos junto a su ex marido era cierto antes de adentrarse con el elegante en el pasillo que conducía a los baños. Pensar en un affaire con el nuevo socio de su ex la ponía aún más cachonda de lo que ya estaba.

     En la barra, mientras tanto, el rubio trataba de seducir a Wynie con una ristra de halagos encadenados, ignorante de que su estrategia no sería decisiva para conquistarla puesto que ella ya había decidido que sí, que terminaría la noche en sus brazos. No en vano se consideraba un espíritu libre y la única condición que exigía a un hombre para encamarse con él era que le gustara físicamente. El rubio, por esta razón, apenas necesitó esforzarse. Contaba, además, con la ventaja de ser diez años menor, dato que -tratándose de Wynie- añadía valor a la conquista. Al tiempo que se congratulaban mutuamente de haberse conocido, Olivia se parapetaba, de espaldas, contra una de las esquinas del baño grande y se preparaba para sentir las embestidas de el elegante. Los músculos de su vagina se contraían acompasados a los alaridos del hombre, y ella unía al placer del sexo la satisfacción que le proporcionaba llevarse al huerto al flamante socio de su ex. Su cuerpo vibraba al imaginarse en la nueva sala de conciertos coqueteando con el elegante, la mirada pérfida y fría de su ex clavada en su anatomía y cada célula de su cuerpo regodeándose y martirizándolo de forma inusitada con el cuchillo de la indiferencia. Tras aquel coito pletórico de deseo ardiente y adornado con otras cosas, decidieron tomar una copa más y continuar escalando las cumbres de la pasión en la intimidad del cercano apartamento donde vivía Olivia.

    Envuelta en una tenue neblina y bajo el amanecer gris de la ciudad, Emi tomaba un taxi hacia su casa lamentando que, una noche más, se había sentido incapaz de amar a un hombre distinto al polaco. Y Wynie, abrazada al joven rubio en la ancha cama de su vivienda, vislumbraba un halo de frustración asomándose al firmamento estrellado que su acompañante se esforzaba en ofrecerle. Ni Olivia ni ella sabían entonces que el largo puente festivo guardaba todavía más sorpresas con las que obsequiarlas...

                                                                                                                             RoCastrillo

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10 diciembre 2011 6 10 /12 /diciembre /2011 22:18

 

      Emi, Wynie, Olivia y Katty protagonizan la presentación oficial de ABREMELOYA!!!

      Perdonad que esta crónica llegue más tarde de la hora habitual... ¿El motivo? Anoche organicé una reunión festiva en casa para presentar a mis ochenta mejores amigas/os ABREMELOYA!!!, este blog literario sobre sexo, cocina y correrías diversas... El evento, jugoso y muy completito, tuvo como protagonistas a Emi, Wynie, Olivia y Katty, las cuatro mujeres que inspiran las historias de estas páginas. Fue también un placer contar con la presencia de la premiadísima actriz y directora Natalia Mateo es.wikipedia.org/wiki/Natalia_Mateo y los estilismos de moni-lachispaadecuada  www.moni-lachispaadecuada.com/. 

     El discursito de presentación corrió a cargo de Emi Abbott, que se lanzó al ruedo ataviada con sus peculiares estilismos y las mismas gafas de sol que usa para bailar en El Maligno con los ojos cerrados. Of course, provocó al personal masculino presente con preguntas directas sobre pollas, tamaños y ritmos. (A ella, acostumbrada al vaso de cubata, cualquier pene de tamaño medio le parece peccatta minuta). Después de unas cuantas risas y algún que otro rostro enrojecido, llegamos a la conclusión de que los hombres no tienen ni idea de lo que decimos las mujeres cuando hablamos de sexo. Y para suplir esta carencia, por supuesto, no dudamos en recomendar al llamado sexo fuerte la lectura diaria de ABREMELOYA. Una buena forma de conocer los pensamientos y actitudes femeninas ante la consabida materia.

     El toque gastronómico para bordar la reunión lo pusieron las croquetas caseras que ya conocéis, además de dos especialidades distintas de tortilla de patatas, cuyas recetas os descubriré en entregas sucesivas. La noche, como no podía ser de otra forma, terminó en El Maligno con un triundo rotundo de Wynie Smith, que está que lo tira desde que se propuso echar a Ése de sus pensamientos. Para saber el por qué tendréis que estar pendientes de próximas entregas de ABREMELOYA.

     Mañana descanso pero el lunes, sin falta, colgaré las fotos y os contaré la segunda parte del evento. ¡Que disfrutéis con buen sexo el final de este largo puente!

                                                                                   Besos y abrazos,

                                                                                    RoCastrillo

     

     

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9 diciembre 2011 5 09 /12 /diciembre /2011 13:58


    Emi Abbott no llegó a disfrutar del sexo durante su largo matrimonio. Con su esposo siempre hacía la postura del misionero y confundía con un orgasmo el placer relativo que dicho acto le producía. Tampoco practicaban juegos de alcoba. Ella no permitía que le hiciera el cunnilingus, aunque tenía la costumbre de agasajar a su marido con una corta fellatio el día de su cumpleaños. (Se aferraba al refrán de “una vez al año no hace daño”).

    Todo cambió cuando conoció al polaco (el del vaso de cubata, ya sabéis). La primera noche que estuvo con él y sintió dentro de su cuerpo semejante inmensidad tocó el cielo en cada una de las arrancadas de sus movimientos rítmicos. Entonces supo lo que era un orgasmo con todas sus letras y fue consciente de que lo que sentía con su legítimo no merecía tal calificativo.

     Una de las cualidades de Emi es la generosidad y, precisamente por eso, se propuso dar al polaco, como mínimo, el mismo placer que ella recibía. Además, le preocupaba el hecho de que él no llegara a correrse después de horas interminables practicando el sexo. Aunque el hombre le aseguraba que gozaba y le insistía en que olvidara el asunto, ella decidió convertirse en su alumna y mejorar sus artes amatorias. En sucesivos encuentros llegó a hacerlo tanto y con tan buenos resultados que consiguió que el vaso de cubata le alcanzara la garganta. (Doy por hecho que habéis captado esta frase pero si hay algún despistado/a, que abra el enlace ¿EL TAMAÑO IMPORTA? o me escriba un comentario). Triunfar con semejante gesta le costó una infinidad de ejercicios de relajación; de técnicas de control de la respiración; de pruebas en diversas posturas... Y no dio por superado el reto hasta que sintió el líquido blanco y pegajoso recorriendo con sigilo toda la extensión de su rostro...

                                           Fellatio

    En resumidas cuentas: Emi seguía a rajatabla las explicaciones de su pareja y ensayaba con grandes dosis de paciencia cada una de sus lecciones. No le importaba el tiempo porque se paraba durante sus citas con el polaco. Los móviles se quedaban mudos, el timbre se convertía en piedra, el sueño se esfumaba y los estómagos aguantaban el hambre. El sexo los absorbía tanto que llegaron a conformarse con un solo caramelo en el cuerpo desde un viernes por la tarde hasta la mañana del siguiente lunes. La cantidad y la calidad de lo que había entre ellos era tan alta que los adioses resultaban cada vez más difíciles. Emi empezó a faltar al trabajo con excusas más o menos hábiles y a solicitar a su madre con demasiada frecuencia que se hiciera cargo de sus hijas adolescentes. Y el polaco perdió tantos aviones que tuvo que pedir a su compañera dinero prestado para hacer frente a los gastos cotidianos. La vorágine sexual y vital que los envolvió les duró mucho y regaló a sus cuerpos las fantasías más audaces que la mente de cualquiera pueda imaginar. En próximas entregas os contaré cómo transcurrió la bajada de la cima. ¿O es que alguien ha pensado que esa fiebre paradisíaca que estaban viviendo iba a durarles siempre? 

                                                                                                                                            RoCastrillo

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7 diciembre 2011 3 07 /12 /diciembre /2011 18:00

 

     Después de un año de citas clandestinas en hoteles de la ciudad, Katty había caído en las redes de su amante belga, Pensaba en él constantemente, hablaba de él a sus amigas y, lo que es peor: cuando salía de marcha nocturna no ligaba porque tenía al belga ocupando su cabeza y cada uno de los poros de su blanca piel. En resumidas cuentas: se había enamorado de un hombre casado que nunca sería del todo suyo. Aunque él le advirtió desde el primer momento que no iba a dejar a su familia por nadie, Katty albergaba la secreta esperanza de que la intensidad de aquellos fogosos encuentros consiguiera hacerlo cambiar de parecer. Sin embargo, lo único que obtuvo de él fue la promesa de que la llamaría cada vez que pasara por Madrid.

                                                katty-y-el-belga.jpg

     Al principio no estaba muy convencida de querer convertirse en “la otra”, y dar placer a un hombre que también lo encontraba con su legítima en el lecho conyugal. Pero, como le repetía insistentemente su amiga Emi Abbott, renunciar al placer es muy difícil y ella, en efecto, no tenía fuerzas para hacerlo. Así que cada vez que el belga le ponía un SMS anunciándole que llegaba a la ciudad, corría a refugiarse en sus brazos y a deleitarse en la fogosidad de su musculada anatomía. De nada sirvieron las largas conversaciones con sus íntimas, ni las recomendaciones de Wynie y Olivia en el sentido de que los mandatos del corazón y los sentimientos pueden doblegarse: “piensa en el belga como en un objeto de deseo, disfruta de él cuando venga y olvida que existe en el momento en que coja la puerta. Haz con él lo mismo que él contigo, porque de lo contrario sufrirás mucho”, le repetían hasta la saciedad.

    Puede que muchas mujeres conozcan la manera de manejar los asuntos del corazón para que no les hagan daño, pero Katty no estaba entre ellas. Durante toda su infancia y adolescencia fue testigo de la convivencia en una familia idílica, con unos padres que se amaban con locura, y había comprobado que la llama de ese amor no se apagaba con el paso del tiempo ni flaqueaba con los problemas del acontecer diario. Ella, que anhelaba exactamente eso para sí misma, no lo consiguió con quien creyó el hombre de su vida, el padre de su hijo. Tras muchos años de sinsabores y una ruptura amarga, decidió afrontar el fracaso y seguir luchando por el sueño de encontrar al hombre ideal, pese a las repetitivas advertencias de Emi, Wynie y Olivia, reafirmándose en el convencimiento de que ese hombre no existe.

   Katty meditó durante muchos días sobre la cuestión de si sería capaz de aceptar las invitaciones del belga de pasar con él las noches que estuviera en Madrid, y olvidar luego que existía para seguir buscando al bueno, al hombre de verdad que la amara como su padre amó a su madre. Y cuando decidió que sí, que merecía la pena intentarlo, la oferta ya no estaba en pie aunque ella no lo sabía. Ni siquiera fue consciente de que el adiós se estaba cuajando durante ese “finde muy abierto” que pasaron las amigas. De hecho, el belga se despidió hasta dentro de quince días y ella los dejó transcurrir con el recuerdo emocionado de las horas, los minutos y los segundos compartidos.

     El calendario siguió moviéndose durante quince días y, llegado el momento, no hubo SMS ni llamadas, ni razones para pensar que el belga continuaría existiendo en su vida. Entre ella y su amante, el destino solo dibujó lágrimas desconsoladas y el abismo...

     Lloró tanto y lo consideró todo tan perdido que el día en que calculó que el belga -según el plan que él mismo le había comunicado- estaría ya en Madrid, no pudo reprimirse. Lo llamó varias veces desde su móvil, le puso un SMS y un mensaje de voz y no obtuvo respuesta. El desconsuelo la refugió en los brazos de su amiga Wynie y ésta, muy resuelta, se propuso averiguar lo que estaba pasando.

     -Lo primero que tenemos que descubrir -le dijo- es si le ha ocurrido algo o si no te coge el teléfono porque no le sale de los mismísimos, aunque me temo que se trata de esto último.

    -Ya. Tú como siempre, pensando bien, lamentó Katty. ¿Mira que si ha tenido un accidente?

   -Ja, ja. Qué ingenua eres, darling. Te he dicho mil veces que la única forma de acertar con los hombres es pensando mal de ellos. Él no conoce mi número, así que ya sabes. Coge mi teléfono y llámalo. Verás cómo contesta.

    Wynie no se equivocó, y Katty escuchó la voz de su amado al otro lado del aparato. Típicas y lacónicas palabras que la arrastraron a una sobredosis de amarga realidad: “lo siento, no puedo volver a verte. Ya sabes, tú me gustas mucho pero tengo una familia, no puedo dejar a mi mujer y a mis hijos, blabla, blabla, blablabla...

    Un fuerte abrazo de Wynie se interpuso entre Katty y el abismo. “Mejor así, ese hombre no te convenía, ya te lo advertimos. Ponte ahora mismo a hacer los deberes del olvido y no vuelvas acercarte a un tipo casado. Cuando se quitan el anillo y se echan a las calles no se merecen ni que los miremos a la cara”, indicó a su amiga con la tranquilidad y la parsimonia típicas de quién tiene las cosas muy claras. Ignorando que el destino estaba a punto de jugarle -también a ella- una mala pasada.

                                                                                                                                        RoCastrillo

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6 diciembre 2011 2 06 /12 /diciembre /2011 15:03

 

                         OLIVIA Y WYNIE, LAS TRIUNFADORAS DE EL MALIGNO

    El Maligno es una amplia vivienda del centro de Madrid convertida en club nocturno privado. Centro de reunión de actores, famosos de diverso pelaje y noctámbulos de pro, abre sus puertas al filo de las tres de la madrugada, y no cualquiera puede cruzarlas. Para entrar al Maligno es necesario tener el número de teléfono móvil de M., su dueño, y avisarlo previamente. Solo la gente a la que él da el visto bueno es bienvenida. Emi, Wynie, Olivia y Katty, clientas asiduas, lo son siempre.

     El Maligno tiene una barra a la entrada y los baños a la izquierda. Cruzando un pasillo que sale de la barra se llega a dos habitaciones, la azul y la roja, situadas una en frente de la otra. Al fondo, el salón de baile y la cabina del Dj. Aquella noche, nada más entrar, Emi y Wynie notaron cómo Olivia se ponía nerviosa y roja mientras su vista se perdía al fondo del pasillo, donde un cuerpo de espaldas sobresalía, por su altura, del resto de los presentes.

    -¡El holandés! ¡Está ahí el holandés!, exclamó excitada.

   -¿Qué holandés? ¿Ese que tuviste?, preguntaba Wynie. ¿Con el que te liaste cuando aún estabas casada?, insistía Emi.

   -Sí, el mismo. Está de espaldas, pero es él. Lo conocería en cualquier postura, afirmó con una sonrisa pícara en sus labios...

   Tras decir eso, Olivia se acercó hasta el final del pasillo y abrazó al extranjero por la espalda. Él se volvió, como si estuviera esperándola y el encuentro no le produjera sorpresa alguna. Recorrió en silencio su rostro con sus labios, mordisqueó el lóbulo de su oreja derecha y paseó la punta de su lengua por toda la extensión del cuello que saboreaba aterciopelado, hasta detenerse en la boca. Olivia introdujo la lengua en su interior y el mundo se paró para ellos durante el beso interminable que se regalaron.

    En ese tiempo, Emi pedía una copa en la barra mientras Wynie se dejaba halagar por los piropos de un tipo que ya le había buscado las vueltas en una ocasión anterior, aunque a ella no le ponía. Sin embargo, le siguió el cuento un rato con una intención oculta: había fichado a uno de sus amigos, y ése sí que le gustaba. Incluso notaba la mirada del hombre parada en el canal de sus pechos... Así que cuando su acompañante le tiró los tejos descaradamente, Wynie no se quedó atrás y le lanzó un “lo siento, tú no me gustas; a quién deseo es a tu amigo. Preséntamelo”, le pidió. Todo transcurrió muy rápido -very easy diría ella-, y en unos minutos estaba besándose con ése, aunque no dudó en apartarlo de su cuerpo con una sonrisa al darse cuenta de que se encontraban rodeados de gente.

                                                 imgres                                                 

   -No me gusta hacer estas cosas en público, le indicó.

   Ése no le contestó. La cogió de la mano y dirigió sus pasos hacia la fila de gente que esperaba para entrar en los baños.

   Acceder al baño en el Maligno es una de las mayores atracciones del local. Los clientes entran allí a meterse mano y otras cosas innombrables. Cuando les llegó su turno, Ése empezó obsequiando a Wynie con éstas últimas cosas, y seguidamente se dispuso a meterle mano. Ella insistía en lo típico de “aquí no, en tu casa o en la mía”, y salieron de la estancia al tiempo que Olivia irrumpía en la puerta pegada al holandés.

    Ellos no perdieron el tiempo en otras cosas. Iban a lo que iban. Durante todo el rato que llevaban allí el extranjero le había estado calentando la oreja y demás partes sensibles de su anatomía, al tiempo que presumía de llevar unos calzoncillos mágicos -causantes del sorpresivo encuentro de ambos-, asegurando que en el momento en que ella los tocara se vería empotrada en la pared, con un gran regalo balanceándose en el interior de su cuerpo. Antes de que esto sucediera, Olivia descubrió los famosos calzoncillos y no pudo reprimir la risa; eran muy ceñidos, como una segunda piel, y tenían un cinturón estampado de leopardo. Un felino de la misma especie dibujado en todo el delantero abría su boca y le decía a Olivia: quédate conmigo, que te voy a comer entera. Por supuesto, ella no lo dudó (menuda mujerona es) y, después del empotramiento en El Maligno terminó revolcada con su antiguo amante en el sofá de su apartamento.

    Tampoco perdieron el tiempo Wynie y Ése. Tras decidir que en casa de ella y caminar abrazados un par de calles, se deleitaron un buen rato en las tibias aguas de la bañera de la vivienda y continuaron agasajándose de placer entre las sábanas de la cama.

    Respecto a Emi, salió sola del Maligno y tomó un taxi hasta su casa. No le importaba. En pocas horas esperaba la visita del polaco errante con su vaso de cubata.

   Y Katty, por su parte, en una habitación de hotel, exploraba las cimas de la pasión encima de su amante belga, ajena a lo poco que faltaba para saltar de la cima hacia el abismo... 

    La tarde siguiente, Katty telefoneó a Wynie para hablarle de lo bien que estaba con el belga y, de paso, pedirle que le cantara la crónica de la noche anterior. Tras una breve conversación, espetó riendo:

   Por lo que cuentas, esta noche hemos estado todas abiertas de piernas. Menos Emi, subrayó. ¡Lo siento por ella!, lamentó con ironía

    Pues no lo sientas tanto, porque estará ahora. El polaco y su vaso habrán llegado ya, le anunció Wynie.

    Sin duda, éste ha sido, para todas, un finde muy abierto, tecleaba Olivia en el Muro de su Facebook...

                                                                                                                  RoCastrillo

 

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5 diciembre 2011 1 05 /12 /diciembre /2011 10:12

 

          EL PODERÍO DE EMI ABBOTT PARA COLARSE EN LAS MEJORES FIESTAS

     Emy, Wynie y Olivia, maquilladas y dispuestas a comerse la noche, asistían a una sesión de Djs en el Matadero que organizaba el Instituto Polaco de Cultura. Las había invitado el amante polaco de Emi, aunque él no iría. Ni siquiera se encontraba en la ciudad. Tampoco las acompañaba Katty, a causa de una cita ineludible con su amante belga. “Para una vez que viene no voy a desaprovecharlo”, se disculpó ante sus amigas.

    Cuando llegaron al centro de creación contemporánea más cool de Madrid se dieron cuenta de que el evento al que habían sido invitadas no era el mejor de los que se celebraban allí esa noche. Confundidas, contemplaron el desfile de gente que se dirigía, tarjetones en mano, a otra sala a la que ellas, en principio, no podían acceder. A Wynie no le importaba porque ya había fichado a un polaco -tipo armario de tres puertas- que mostraba a un amigo su invitación para la sesión de Djs.

    -Con ése tengo bastante, no necesito a nadie más, apuntó con gesto pícaro.

   -Puedo conseguir pases para la otra fiesta, indicó Emi, dejando claro que no hay puertas cerradas para la directora de la revista de moda más vendida de España.

   -Antes, sugiero que nos hagamos una foto delante de estas casas polacas, en plan Ángeles de Charlie, propuso Olivia N.

                                                  la foto-copia-1

   Tras quedar inmortalizadas en la Black Berry de Olivia se dirigieron a la sala donde se celebraba la sesión de Djs. Aunque la música era buena, la decepción fue común. Wynie comprobó contrariada que el polaco que había fichado estaba acompañado por otra, y que esa otra no paraba de hacerle carantoñas y no lo perdía de vista ni un segundo. Olivia protestó porque la sala estaba casi vacía y Emi decidió que se marchaban de inmediato a la fiesta de al lado, insistiendo en que prometía más.

    -Eres tú la que estás invitada a esta sesión, Emi. Si no te sientes comprometida a quedarte, nos vamos. Por mi parte, no tengo nada que hacer aquí, arguyó Wynie señalando con el gesto al polaco que le gustaba y se dejaba querer por otra.

  -Vamos, vamos. Voy a conseguir las invitaciones para la fiesta buena  a la voz de ya, aseguró Emi convencida. Seguidme, pidió a sus amigas al tiempo que se dirigía apresuradamente hacia el punto donde se solicitaban las acreditaciones. No tuvo necesidad de identificarse con su carnet de prensa. Cantó su nombre al chico que daba los tarjetones y en un instante consiguió tres invitaciones, además de las correspondientes pulseras VIP para que pidieran gratis todas las bebidas que quisieran.

    La fiesta estuvo divertida y completita de hombres de buen ver, aunque ninguna de las tres salió de allí acompañada del maromo que le gustaba. Emi se fijó en un gigantón atractivo y barbudo, pero no sabía qué decirle y no paraba de mirarlo. Ante la pasividad intranquila de su amiga, Wynie se acercó a él.

   -¿Te gustaría conocer a mi amiga Emi?, le preguntó empinándose aún más sobre sus altos tacones para poder mirarlo a los ojos.

   -Claro que me gustaría, pero vengo con novia.

   -Entonces déjalo. No importa.

   -Tú lo has dicho, No importa. Vamos, espetó el hombre muy decidido.

   Se dirigieron a la esquina de la barra donde se encontraban Olivia y Emi. Wynie se adelantó unos pasos para anunciar a sus amigas que traía al gigante y ¡cómo no!, advertirles de lo de la novia. Seguidamente, se dispuso a presentar a Guillermo, el recién llegado. Olivia lo agasajó con un par de besos y lo informó de que le gustaba mucho a su amiga Emi. Ésta, al escuchar tal revelación, salió corriendo y dejando al hombre con el rostro petrificado en el camino hacia sus mejillas. Se trataba de una reacción muy típica de Emi cuando la situación la sobrepasaba y Wynie lo sabía. Por tal razón, la disculpó ante Guillermo con un breve “ella es así” -acompañado de la sonrisa de sus labios rojos- y el gigante se despidió y se dirigió en busca de su novia.

    Olivia, por su parte, había fichado a un tipo provocador y algo chulo con el que estuvo tonteando todo el rato aunque la cosa no cuajó. Él, que estaba trabajando, le dejó su número de móvil y su e-mail para que lo localizara más tarde pero Olivia, de forma inconsciente -eso dijo, aunque la verdad solo la sabe ella- anotó únicamente esto último.

    Respecto a Wynie, estuvo coqueteando con unos y con otros durante toda la fiesta, sin que ninguno de ellos llegara a motivarla lo suficiente como para tirarse al ruedo.

    Terminó el evento del Matadero, pero no la noche. Emi, Wynie y Olivia tomaron un taxi y se dirigieron a El Maligno, un club privado derl centro de la ciudad, frecuentado por actores y famoseo diverso. En el Maligno -tal como lo conocen muchos de sus clientes- las chicas buenas -y las no tan buenas- se vuelven malas.

    No penséis que así quedó la cosa, ni tampoco que las tres amigas se limitaron a tomarse una copa en El Maligno y marcharse a casa. La noche dio para mucho, muchísimo. Mañana, en la segunda parte de “UN FINDE MUY ABIERTO” os contaré más cosas de “El Maligno” y, por supuesto, sabréis cómo terminó aquella noche.

                                                                                                                                           RoCastrillo.

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28 noviembre 2011 1 28 /11 /noviembre /2011 16:29

 

   Cuatro mujeres conversan en un apartamento de Madrid

     Dice Emi Abbot que la polla de su amante polaco es del tamaño de un vaso de cubata, y que esa desmesura la vuelve loca. Además del polaco, Emi tiene un amor platónico con el que nunca ha compartido cama (por eso es platónico, claro), pero al que un día perdido ya en el tiempo -no en su memoria- llegó a tocarle la herramienta por encima del pantalón tejano y comprobó admirada que le llegaba casi a la rodilla. Este fenómeno, al parecer, ha impedido que lo olvide pese al paso de los días, los meses y los años...Cuando se lo contó a sus íntimas, Katty Lloyd se echó las manos a la cabeza y de sus labios escapó un grito de horror. Ella asegura que un aparato tan descomunal no sirve para nada porque no se levanta y, en consecuencia, nunca será una polla dura, sino morcillona. Katty no quiere ni tampoco necesita, según confiesa, un pene que pase de los 15 centímetros. Aunque afirma que el tamaño importa, le da un valor solo relativo. 

    -La importancia del tamaño no me parece crucial, pero reconozco que si me voy a la cama con un tipo que acabo de conocer y la tiene muy pequeña me produce frustración. Hasta me da un poco de corte mirarla o tocarla, cuenta a sus amigas en el transcurso de una reunión femenina en el salón del apartamento de Olivia N.

     -Pues a mí, de corte, nada. El problema, si es que existe, es suyo, replica Wynie  Smith en tono descarado. Uno de mis mejores amantes la tiene pequeña, muy pequeña -revela- y me lo paso genial con él. En el sexo, la boca o las manos pueden jugar un papel tan importante como el de la polla. Lo que ocurre -prosigue con tono de experta- es que los machos suelen dar a sus vergas más importancia de la que realmente tienen. La mayoría de las veces están tan obsesionados con el tamaño, con que se ponga dura y con impresionar a su pareja que se olvidan de que los juegos sexuales existen y generan unos orgasmos estupendos, argumenta convencida.   

                                         cunnilingus  

 

    Desparramando su hermosura en toda la extensión del sofá de su apartamento, Olivia N. mira de reojo a Wynie Smith que, sentada a su izquierda en una silla de diseño roja, continúa su exposición sobre pollas, clítoris y orgasmos en tono pausado y didáctico, como si disertara sobre un complicado teorema matemático. De repente, Olivia da un brinco del sofá y, con las manos en jarra, espeta a su amiga mirándola a los ojos:

   -¿Sabes lo que yo tengo claro e estas alturas de la vida, bonita? Que cuando un tipo te diga que el tamaño no importa es porque la tiene pequeña.

    -Ja, ja, ja. Tú sí que sabes de lo que hablas, la secunda Emi Abbott.

   -¿Y vosotras que os creéis, que lo que yo os cuento lo he aprendido en los libros?, replica Wynie Smith. La experiencia me ha enseñado que hay dos tipos de hombres sexualmente hablando, puntualiza: los que tienen un pollón y solo se preocupan de meterla y sacarla, y aquellos a los que la naturaleza no ha dotado tan bien y procuran esmerarse con todo tipo de juegos y fruslerías para complacer a la hembra. Sabéis que uno de mis amantes más fijos pertenece a la primera categoría y no es, precisamente, el que más feliz me hace en la cama, por muy grande que la tenga. Mi conclusión, por tanto, es que la importancia del tamaño es relativa. No es mejor amante el que más grande tenga la polla, sino el que mejor sepa jugar con su lengua, ¿me entendéis?

   -Claro que te entiendo, pero ésa es tu opinión. Yo, desde luego, una polla pequeña no la quiero para nada. A mí lo que me gusta es que me metan una buena tranca, suelta Olivia al tiempo que sus palabras se mezclan con sus propias risas y las del resto del gineceo.

    -A mí también. No hay nada mejor que eso, corrobora Emi Abbott. ¿Os acordáis de aquel chico pijo tan guapo que me llevé una noche a casa de Wynie? Me gustaba mucho, pero no repetí con él porque nunca en mi vida había visto una polla tan pequeña. ¡¡¡Qué perezón!!!, exclama ante las carcajadas de sus amigas.

  -Pues lamento deciros que yo estoy al lado de Wynie, aclara Katty Lloyd. El tamaño importa relativamente. Prefiero a un hombre que me haga feliz con los toqueteos y los besuqueos, aunque no la tenga muy grande, que a un tipo pegado a una tremenda polla que no pare de meterla y sacarla. ¡Qué cansancio y qué dolor!

     -En mi opinión, estáis un poco confundidas, chicas, tercia Emi Abbott. El hecho de que un hombre tenga una buena tranca no lo limita para practicar el resto de los juegos de alcoba.  Os aseguro que mi amante polaco da para todo, así me tiene de contenta, relata orgullosa.

  -La perfección no existe, querida, interfiere Wynie Smith. O exageras sus virtudes amatorias, o el polaco es la excepción que confirma la regla.

   -Ni exagero ni necesito hacerlo. Es la realidad y tú lo sabes. Te lo he contado muchas veces, Wynie, ¿Por qué no me crees?

   -No es que no te crea. En tu caso ocurren dos cosas: la primera, que no has probado a muchos hombres y te faltan elementos para conformar una opinión de peso sobre el asunto. La segunda, pero no menos importante, es que tu polaco tiene 60 años. Si no ha flaqueado ya, poco le falta, indica con una sonrisa irónica.

    -Estoy de acuerdo, corrobora Katty LLoyd. A partir de los cuarenta la potencia del llamado sexo fuerte empieza a esfumarse. Lo certifico porque lo he comprobado.

    -Escuchad, chicas, interrumpe Olivia N. La importancia del tamaño está en relación directa con la manera que tiene cada hembra de disfrutar del sexo. No es lo mismo sentir orgasmos vaginales que ser clitoridiana.

   -Desde luego. Yo me considero clitoridiana, pero eso tampoco significa que no tenga orgasmos vaginales. Por supuesto que los disfruto, aunque he de reconocer que la intensidad es distinta. Mi cuerpo vibra de otra forma cuando la excitación proviene del clítoris. La sensación es más fuerte, apunta Wynie Smith. Es posible que por dicha razón no le dé tanta importancia al tamaño, aclara.

     -Por esa misma razón se la doy yo, indica Olivia N. Mis mejores orgasmos se producen con la penetración, no con la excitación clitoridiana. Está claro por qué no me divierto si mi pareja la tiene pequeña.

     -¿Emi?, inquiere Wynie Simith.

     -Me ocurre exactamente lo mismo que a Olivia, responde la aludida.

     -Yo soy multiorgásmica, se define Katty Lloyd. Lo mismo disfruto con la penetración que con la excitación del clítoris. Si tengo un amante experto en esto último no echo de menos la penetración. De hecho, el belga, que es el que más feliz me hace, es medio impotente. Se le baja cuando tiene que ponerse el condón, pero no me importa. Es tan bueno en el resto de las cositas... comenta con una sonrisa pícara. La pena es que está casado y me dejó muy claro lo que había desde el primer día que nos conocimos. Ahora, después de varios e intensos encuentros, me veo obligada a luchar contra mis sentimientos para no enamorarme de alguien que nunca será del todo mío, comenta mientras su gesto se tuerce y se vuelven tristes sus ojos verdes.

    -Ya, cariño. Acabo de decir que la perfección no existe. Todos tienen un defecto, y el de tu belga es que está casado, la consuela Wynie Smith.

    -¿Qué os parece si dejamos para otro día el tema de las relaciones con hombres casados y nos vamos a tomar algo?, sugiere Emi Abbott, dando por finalizada la tertulia ante el asentimiento del resto de sus amigas, mientras Wynie Smith pellizca la mejilla de Katty Lloyd en un intento de devolver la alegría a su semblante entristecido.

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  • : Un blog de relatos eróticos y cocina con solera. Nuevos contenidos a diario. De lunes a jueves, las aventuras nocturnas y las conversaciones sobre sexo y hombres de Emi, Wynie, Olivia y Katty. Los fines de semana, recetas elaboradas siguiendo los viejos cuadernos de cocina de mi abuela, escritos hace más de 80 años. Y todos los días, discusiones sobre temas sexuales en la sección "Foro de Debates"
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