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7 diciembre 2011 3 07 /12 /diciembre /2011 18:00

 

     Después de un año de citas clandestinas en hoteles de la ciudad, Katty había caído en las redes de su amante belga, Pensaba en él constantemente, hablaba de él a sus amigas y, lo que es peor: cuando salía de marcha nocturna no ligaba porque tenía al belga ocupando su cabeza y cada uno de los poros de su blanca piel. En resumidas cuentas: se había enamorado de un hombre casado que nunca sería del todo suyo. Aunque él le advirtió desde el primer momento que no iba a dejar a su familia por nadie, Katty albergaba la secreta esperanza de que la intensidad de aquellos fogosos encuentros consiguiera hacerlo cambiar de parecer. Sin embargo, lo único que obtuvo de él fue la promesa de que la llamaría cada vez que pasara por Madrid.

                                                katty-y-el-belga.jpg

     Al principio no estaba muy convencida de querer convertirse en “la otra”, y dar placer a un hombre que también lo encontraba con su legítima en el lecho conyugal. Pero, como le repetía insistentemente su amiga Emi Abbott, renunciar al placer es muy difícil y ella, en efecto, no tenía fuerzas para hacerlo. Así que cada vez que el belga le ponía un SMS anunciándole que llegaba a la ciudad, corría a refugiarse en sus brazos y a deleitarse en la fogosidad de su musculada anatomía. De nada sirvieron las largas conversaciones con sus íntimas, ni las recomendaciones de Wynie y Olivia en el sentido de que los mandatos del corazón y los sentimientos pueden doblegarse: “piensa en el belga como en un objeto de deseo, disfruta de él cuando venga y olvida que existe en el momento en que coja la puerta. Haz con él lo mismo que él contigo, porque de lo contrario sufrirás mucho”, le repetían hasta la saciedad.

    Puede que muchas mujeres conozcan la manera de manejar los asuntos del corazón para que no les hagan daño, pero Katty no estaba entre ellas. Durante toda su infancia y adolescencia fue testigo de la convivencia en una familia idílica, con unos padres que se amaban con locura, y había comprobado que la llama de ese amor no se apagaba con el paso del tiempo ni flaqueaba con los problemas del acontecer diario. Ella, que anhelaba exactamente eso para sí misma, no lo consiguió con quien creyó el hombre de su vida, el padre de su hijo. Tras muchos años de sinsabores y una ruptura amarga, decidió afrontar el fracaso y seguir luchando por el sueño de encontrar al hombre ideal, pese a las repetitivas advertencias de Emi, Wynie y Olivia, reafirmándose en el convencimiento de que ese hombre no existe.

   Katty meditó durante muchos días sobre la cuestión de si sería capaz de aceptar las invitaciones del belga de pasar con él las noches que estuviera en Madrid, y olvidar luego que existía para seguir buscando al bueno, al hombre de verdad que la amara como su padre amó a su madre. Y cuando decidió que sí, que merecía la pena intentarlo, la oferta ya no estaba en pie aunque ella no lo sabía. Ni siquiera fue consciente de que el adiós se estaba cuajando durante ese “finde muy abierto” que pasaron las amigas. De hecho, el belga se despidió hasta dentro de quince días y ella los dejó transcurrir con el recuerdo emocionado de las horas, los minutos y los segundos compartidos.

     El calendario siguió moviéndose durante quince días y, llegado el momento, no hubo SMS ni llamadas, ni razones para pensar que el belga continuaría existiendo en su vida. Entre ella y su amante, el destino solo dibujó lágrimas desconsoladas y el abismo...

     Lloró tanto y lo consideró todo tan perdido que el día en que calculó que el belga -según el plan que él mismo le había comunicado- estaría ya en Madrid, no pudo reprimirse. Lo llamó varias veces desde su móvil, le puso un SMS y un mensaje de voz y no obtuvo respuesta. El desconsuelo la refugió en los brazos de su amiga Wynie y ésta, muy resuelta, se propuso averiguar lo que estaba pasando.

     -Lo primero que tenemos que descubrir -le dijo- es si le ha ocurrido algo o si no te coge el teléfono porque no le sale de los mismísimos, aunque me temo que se trata de esto último.

    -Ya. Tú como siempre, pensando bien, lamentó Katty. ¿Mira que si ha tenido un accidente?

   -Ja, ja. Qué ingenua eres, darling. Te he dicho mil veces que la única forma de acertar con los hombres es pensando mal de ellos. Él no conoce mi número, así que ya sabes. Coge mi teléfono y llámalo. Verás cómo contesta.

    Wynie no se equivocó, y Katty escuchó la voz de su amado al otro lado del aparato. Típicas y lacónicas palabras que la arrastraron a una sobredosis de amarga realidad: “lo siento, no puedo volver a verte. Ya sabes, tú me gustas mucho pero tengo una familia, no puedo dejar a mi mujer y a mis hijos, blabla, blabla, blablabla...

    Un fuerte abrazo de Wynie se interpuso entre Katty y el abismo. “Mejor así, ese hombre no te convenía, ya te lo advertimos. Ponte ahora mismo a hacer los deberes del olvido y no vuelvas acercarte a un tipo casado. Cuando se quitan el anillo y se echan a las calles no se merecen ni que los miremos a la cara”, indicó a su amiga con la tranquilidad y la parsimonia típicas de quién tiene las cosas muy claras. Ignorando que el destino estaba a punto de jugarle -también a ella- una mala pasada.

                                                                                                                                        RoCastrillo

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6 diciembre 2011 2 06 /12 /diciembre /2011 15:03

 

                         OLIVIA Y WYNIE, LAS TRIUNFADORAS DE EL MALIGNO

    El Maligno es una amplia vivienda del centro de Madrid convertida en club nocturno privado. Centro de reunión de actores, famosos de diverso pelaje y noctámbulos de pro, abre sus puertas al filo de las tres de la madrugada, y no cualquiera puede cruzarlas. Para entrar al Maligno es necesario tener el número de teléfono móvil de M., su dueño, y avisarlo previamente. Solo la gente a la que él da el visto bueno es bienvenida. Emi, Wynie, Olivia y Katty, clientas asiduas, lo son siempre.

     El Maligno tiene una barra a la entrada y los baños a la izquierda. Cruzando un pasillo que sale de la barra se llega a dos habitaciones, la azul y la roja, situadas una en frente de la otra. Al fondo, el salón de baile y la cabina del Dj. Aquella noche, nada más entrar, Emi y Wynie notaron cómo Olivia se ponía nerviosa y roja mientras su vista se perdía al fondo del pasillo, donde un cuerpo de espaldas sobresalía, por su altura, del resto de los presentes.

    -¡El holandés! ¡Está ahí el holandés!, exclamó excitada.

   -¿Qué holandés? ¿Ese que tuviste?, preguntaba Wynie. ¿Con el que te liaste cuando aún estabas casada?, insistía Emi.

   -Sí, el mismo. Está de espaldas, pero es él. Lo conocería en cualquier postura, afirmó con una sonrisa pícara en sus labios...

   Tras decir eso, Olivia se acercó hasta el final del pasillo y abrazó al extranjero por la espalda. Él se volvió, como si estuviera esperándola y el encuentro no le produjera sorpresa alguna. Recorrió en silencio su rostro con sus labios, mordisqueó el lóbulo de su oreja derecha y paseó la punta de su lengua por toda la extensión del cuello que saboreaba aterciopelado, hasta detenerse en la boca. Olivia introdujo la lengua en su interior y el mundo se paró para ellos durante el beso interminable que se regalaron.

    En ese tiempo, Emi pedía una copa en la barra mientras Wynie se dejaba halagar por los piropos de un tipo que ya le había buscado las vueltas en una ocasión anterior, aunque a ella no le ponía. Sin embargo, le siguió el cuento un rato con una intención oculta: había fichado a uno de sus amigos, y ése sí que le gustaba. Incluso notaba la mirada del hombre parada en el canal de sus pechos... Así que cuando su acompañante le tiró los tejos descaradamente, Wynie no se quedó atrás y le lanzó un “lo siento, tú no me gustas; a quién deseo es a tu amigo. Preséntamelo”, le pidió. Todo transcurrió muy rápido -very easy diría ella-, y en unos minutos estaba besándose con ése, aunque no dudó en apartarlo de su cuerpo con una sonrisa al darse cuenta de que se encontraban rodeados de gente.

                                                 imgres                                                 

   -No me gusta hacer estas cosas en público, le indicó.

   Ése no le contestó. La cogió de la mano y dirigió sus pasos hacia la fila de gente que esperaba para entrar en los baños.

   Acceder al baño en el Maligno es una de las mayores atracciones del local. Los clientes entran allí a meterse mano y otras cosas innombrables. Cuando les llegó su turno, Ése empezó obsequiando a Wynie con éstas últimas cosas, y seguidamente se dispuso a meterle mano. Ella insistía en lo típico de “aquí no, en tu casa o en la mía”, y salieron de la estancia al tiempo que Olivia irrumpía en la puerta pegada al holandés.

    Ellos no perdieron el tiempo en otras cosas. Iban a lo que iban. Durante todo el rato que llevaban allí el extranjero le había estado calentando la oreja y demás partes sensibles de su anatomía, al tiempo que presumía de llevar unos calzoncillos mágicos -causantes del sorpresivo encuentro de ambos-, asegurando que en el momento en que ella los tocara se vería empotrada en la pared, con un gran regalo balanceándose en el interior de su cuerpo. Antes de que esto sucediera, Olivia descubrió los famosos calzoncillos y no pudo reprimir la risa; eran muy ceñidos, como una segunda piel, y tenían un cinturón estampado de leopardo. Un felino de la misma especie dibujado en todo el delantero abría su boca y le decía a Olivia: quédate conmigo, que te voy a comer entera. Por supuesto, ella no lo dudó (menuda mujerona es) y, después del empotramiento en El Maligno terminó revolcada con su antiguo amante en el sofá de su apartamento.

    Tampoco perdieron el tiempo Wynie y Ése. Tras decidir que en casa de ella y caminar abrazados un par de calles, se deleitaron un buen rato en las tibias aguas de la bañera de la vivienda y continuaron agasajándose de placer entre las sábanas de la cama.

    Respecto a Emi, salió sola del Maligno y tomó un taxi hasta su casa. No le importaba. En pocas horas esperaba la visita del polaco errante con su vaso de cubata.

   Y Katty, por su parte, en una habitación de hotel, exploraba las cimas de la pasión encima de su amante belga, ajena a lo poco que faltaba para saltar de la cima hacia el abismo... 

    La tarde siguiente, Katty telefoneó a Wynie para hablarle de lo bien que estaba con el belga y, de paso, pedirle que le cantara la crónica de la noche anterior. Tras una breve conversación, espetó riendo:

   Por lo que cuentas, esta noche hemos estado todas abiertas de piernas. Menos Emi, subrayó. ¡Lo siento por ella!, lamentó con ironía

    Pues no lo sientas tanto, porque estará ahora. El polaco y su vaso habrán llegado ya, le anunció Wynie.

    Sin duda, éste ha sido, para todas, un finde muy abierto, tecleaba Olivia en el Muro de su Facebook...

                                                                                                                  RoCastrillo

 

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5 diciembre 2011 1 05 /12 /diciembre /2011 10:12

 

          EL PODERÍO DE EMI ABBOTT PARA COLARSE EN LAS MEJORES FIESTAS

     Emy, Wynie y Olivia, maquilladas y dispuestas a comerse la noche, asistían a una sesión de Djs en el Matadero que organizaba el Instituto Polaco de Cultura. Las había invitado el amante polaco de Emi, aunque él no iría. Ni siquiera se encontraba en la ciudad. Tampoco las acompañaba Katty, a causa de una cita ineludible con su amante belga. “Para una vez que viene no voy a desaprovecharlo”, se disculpó ante sus amigas.

    Cuando llegaron al centro de creación contemporánea más cool de Madrid se dieron cuenta de que el evento al que habían sido invitadas no era el mejor de los que se celebraban allí esa noche. Confundidas, contemplaron el desfile de gente que se dirigía, tarjetones en mano, a otra sala a la que ellas, en principio, no podían acceder. A Wynie no le importaba porque ya había fichado a un polaco -tipo armario de tres puertas- que mostraba a un amigo su invitación para la sesión de Djs.

    -Con ése tengo bastante, no necesito a nadie más, apuntó con gesto pícaro.

   -Puedo conseguir pases para la otra fiesta, indicó Emi, dejando claro que no hay puertas cerradas para la directora de la revista de moda más vendida de España.

   -Antes, sugiero que nos hagamos una foto delante de estas casas polacas, en plan Ángeles de Charlie, propuso Olivia N.

                                                  la foto-copia-1

   Tras quedar inmortalizadas en la Black Berry de Olivia se dirigieron a la sala donde se celebraba la sesión de Djs. Aunque la música era buena, la decepción fue común. Wynie comprobó contrariada que el polaco que había fichado estaba acompañado por otra, y que esa otra no paraba de hacerle carantoñas y no lo perdía de vista ni un segundo. Olivia protestó porque la sala estaba casi vacía y Emi decidió que se marchaban de inmediato a la fiesta de al lado, insistiendo en que prometía más.

    -Eres tú la que estás invitada a esta sesión, Emi. Si no te sientes comprometida a quedarte, nos vamos. Por mi parte, no tengo nada que hacer aquí, arguyó Wynie señalando con el gesto al polaco que le gustaba y se dejaba querer por otra.

  -Vamos, vamos. Voy a conseguir las invitaciones para la fiesta buena  a la voz de ya, aseguró Emi convencida. Seguidme, pidió a sus amigas al tiempo que se dirigía apresuradamente hacia el punto donde se solicitaban las acreditaciones. No tuvo necesidad de identificarse con su carnet de prensa. Cantó su nombre al chico que daba los tarjetones y en un instante consiguió tres invitaciones, además de las correspondientes pulseras VIP para que pidieran gratis todas las bebidas que quisieran.

    La fiesta estuvo divertida y completita de hombres de buen ver, aunque ninguna de las tres salió de allí acompañada del maromo que le gustaba. Emi se fijó en un gigantón atractivo y barbudo, pero no sabía qué decirle y no paraba de mirarlo. Ante la pasividad intranquila de su amiga, Wynie se acercó a él.

   -¿Te gustaría conocer a mi amiga Emi?, le preguntó empinándose aún más sobre sus altos tacones para poder mirarlo a los ojos.

   -Claro que me gustaría, pero vengo con novia.

   -Entonces déjalo. No importa.

   -Tú lo has dicho, No importa. Vamos, espetó el hombre muy decidido.

   Se dirigieron a la esquina de la barra donde se encontraban Olivia y Emi. Wynie se adelantó unos pasos para anunciar a sus amigas que traía al gigante y ¡cómo no!, advertirles de lo de la novia. Seguidamente, se dispuso a presentar a Guillermo, el recién llegado. Olivia lo agasajó con un par de besos y lo informó de que le gustaba mucho a su amiga Emi. Ésta, al escuchar tal revelación, salió corriendo y dejando al hombre con el rostro petrificado en el camino hacia sus mejillas. Se trataba de una reacción muy típica de Emi cuando la situación la sobrepasaba y Wynie lo sabía. Por tal razón, la disculpó ante Guillermo con un breve “ella es así” -acompañado de la sonrisa de sus labios rojos- y el gigante se despidió y se dirigió en busca de su novia.

    Olivia, por su parte, había fichado a un tipo provocador y algo chulo con el que estuvo tonteando todo el rato aunque la cosa no cuajó. Él, que estaba trabajando, le dejó su número de móvil y su e-mail para que lo localizara más tarde pero Olivia, de forma inconsciente -eso dijo, aunque la verdad solo la sabe ella- anotó únicamente esto último.

    Respecto a Wynie, estuvo coqueteando con unos y con otros durante toda la fiesta, sin que ninguno de ellos llegara a motivarla lo suficiente como para tirarse al ruedo.

    Terminó el evento del Matadero, pero no la noche. Emi, Wynie y Olivia tomaron un taxi y se dirigieron a El Maligno, un club privado derl centro de la ciudad, frecuentado por actores y famoseo diverso. En el Maligno -tal como lo conocen muchos de sus clientes- las chicas buenas -y las no tan buenas- se vuelven malas.

    No penséis que así quedó la cosa, ni tampoco que las tres amigas se limitaron a tomarse una copa en El Maligno y marcharse a casa. La noche dio para mucho, muchísimo. Mañana, en la segunda parte de “UN FINDE MUY ABIERTO” os contaré más cosas de “El Maligno” y, por supuesto, sabréis cómo terminó aquella noche.

                                                                                                                                           RoCastrillo.

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3 diciembre 2011 6 03 /12 /diciembre /2011 16:05
     WYNIE SMITH, SU AMANTE Y EL FULGOR DE LA CANELA
   Antes de que Emi Abbot estropeara la relación entre ellos, Wynie Simith y su amante el profesor de Matemáticas pasaban muchos fines de semana juntos en casa de ella. Un domingo, Wynie se despertó hambrienta después de una noche muy activa. El hombre, que ya estaba despierto y se manejaba en aquella casa como en la suya propia, se ofreció a preparar el desayuno y llevárselo a la cama. Lo que Wynie no sabía es que la bandeja rebosante de tostadas y con olor a canela iba a dejarla aún más cansada de lo que ya estaba. La canela, según le contó después su instruido compañero, es un potente afrodisíaco cuyos efectos se incrementan si se mezcla con azúcar y aceite de oliva. Os ofrezco hoy la receta de las exquisitas y -por qué no decirlo- afrodisíacas tostadas.

 IMG 0919    IMG 0916
      INGREDIENTES PARA DOS PERSONAS:
      Ocho o diez rebanadas de pan, aceite de oliva, azúcar y canela.

     ELABORACIÓN:
   Tostar el pan hasta que se quede dorado y extender las rebanadas en un plato. Poner el aceite de oliva en una aceitera y echarlo sobre las tostadas hasta que queden cubiertas, sin que se empapen. A continuación, espolvorear primero con azúcar y después con canela. Estas tostadas pueden tomarse acompañadas de café o té. Aconsejo un té verde o de frutas del bosque, cuyo sabor resulta exquisito al mezclarlo con el de la canela. 
   
    MI RECOMENDACIÓN:
   Cuando os hayais hartado de comer tostadas, haced lo mismo que Wynie y el profesor de Matemáticas: practicar el sexo. Primero, sobre las sillas donde estábais desayunando. Seguid en el sofá, que la canela os dará energía para utilizar diversas posturas. Y si aún os quedan fuerzas, que será lo más probable, continuad en la cama. 

    FELIZ DESAYUNO Y FELIZ FIN DE SEMANA
  
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28 noviembre 2011 1 28 /11 /noviembre /2011 16:29

 

   Cuatro mujeres conversan en un apartamento de Madrid

     Dice Emi Abbot que la polla de su amante polaco es del tamaño de un vaso de cubata, y que esa desmesura la vuelve loca. Además del polaco, Emi tiene un amor platónico con el que nunca ha compartido cama (por eso es platónico, claro), pero al que un día perdido ya en el tiempo -no en su memoria- llegó a tocarle la herramienta por encima del pantalón tejano y comprobó admirada que le llegaba casi a la rodilla. Este fenómeno, al parecer, ha impedido que lo olvide pese al paso de los días, los meses y los años...Cuando se lo contó a sus íntimas, Katty Lloyd se echó las manos a la cabeza y de sus labios escapó un grito de horror. Ella asegura que un aparato tan descomunal no sirve para nada porque no se levanta y, en consecuencia, nunca será una polla dura, sino morcillona. Katty no quiere ni tampoco necesita, según confiesa, un pene que pase de los 15 centímetros. Aunque afirma que el tamaño importa, le da un valor solo relativo. 

    -La importancia del tamaño no me parece crucial, pero reconozco que si me voy a la cama con un tipo que acabo de conocer y la tiene muy pequeña me produce frustración. Hasta me da un poco de corte mirarla o tocarla, cuenta a sus amigas en el transcurso de una reunión femenina en el salón del apartamento de Olivia N.

     -Pues a mí, de corte, nada. El problema, si es que existe, es suyo, replica Wynie  Smith en tono descarado. Uno de mis mejores amantes la tiene pequeña, muy pequeña -revela- y me lo paso genial con él. En el sexo, la boca o las manos pueden jugar un papel tan importante como el de la polla. Lo que ocurre -prosigue con tono de experta- es que los machos suelen dar a sus vergas más importancia de la que realmente tienen. La mayoría de las veces están tan obsesionados con el tamaño, con que se ponga dura y con impresionar a su pareja que se olvidan de que los juegos sexuales existen y generan unos orgasmos estupendos, argumenta convencida.   

                                         cunnilingus  

 

    Desparramando su hermosura en toda la extensión del sofá de su apartamento, Olivia N. mira de reojo a Wynie Smith que, sentada a su izquierda en una silla de diseño roja, continúa su exposición sobre pollas, clítoris y orgasmos en tono pausado y didáctico, como si disertara sobre un complicado teorema matemático. De repente, Olivia da un brinco del sofá y, con las manos en jarra, espeta a su amiga mirándola a los ojos:

   -¿Sabes lo que yo tengo claro e estas alturas de la vida, bonita? Que cuando un tipo te diga que el tamaño no importa es porque la tiene pequeña.

    -Ja, ja, ja. Tú sí que sabes de lo que hablas, la secunda Emi Abbott.

   -¿Y vosotras que os creéis, que lo que yo os cuento lo he aprendido en los libros?, replica Wynie Smith. La experiencia me ha enseñado que hay dos tipos de hombres sexualmente hablando, puntualiza: los que tienen un pollón y solo se preocupan de meterla y sacarla, y aquellos a los que la naturaleza no ha dotado tan bien y procuran esmerarse con todo tipo de juegos y fruslerías para complacer a la hembra. Sabéis que uno de mis amantes más fijos pertenece a la primera categoría y no es, precisamente, el que más feliz me hace en la cama, por muy grande que la tenga. Mi conclusión, por tanto, es que la importancia del tamaño es relativa. No es mejor amante el que más grande tenga la polla, sino el que mejor sepa jugar con su lengua, ¿me entendéis?

   -Claro que te entiendo, pero ésa es tu opinión. Yo, desde luego, una polla pequeña no la quiero para nada. A mí lo que me gusta es que me metan una buena tranca, suelta Olivia al tiempo que sus palabras se mezclan con sus propias risas y las del resto del gineceo.

    -A mí también. No hay nada mejor que eso, corrobora Emi Abbott. ¿Os acordáis de aquel chico pijo tan guapo que me llevé una noche a casa de Wynie? Me gustaba mucho, pero no repetí con él porque nunca en mi vida había visto una polla tan pequeña. ¡¡¡Qué perezón!!!, exclama ante las carcajadas de sus amigas.

  -Pues lamento deciros que yo estoy al lado de Wynie, aclara Katty Lloyd. El tamaño importa relativamente. Prefiero a un hombre que me haga feliz con los toqueteos y los besuqueos, aunque no la tenga muy grande, que a un tipo pegado a una tremenda polla que no pare de meterla y sacarla. ¡Qué cansancio y qué dolor!

     -En mi opinión, estáis un poco confundidas, chicas, tercia Emi Abbott. El hecho de que un hombre tenga una buena tranca no lo limita para practicar el resto de los juegos de alcoba.  Os aseguro que mi amante polaco da para todo, así me tiene de contenta, relata orgullosa.

  -La perfección no existe, querida, interfiere Wynie Smith. O exageras sus virtudes amatorias, o el polaco es la excepción que confirma la regla.

   -Ni exagero ni necesito hacerlo. Es la realidad y tú lo sabes. Te lo he contado muchas veces, Wynie, ¿Por qué no me crees?

   -No es que no te crea. En tu caso ocurren dos cosas: la primera, que no has probado a muchos hombres y te faltan elementos para conformar una opinión de peso sobre el asunto. La segunda, pero no menos importante, es que tu polaco tiene 60 años. Si no ha flaqueado ya, poco le falta, indica con una sonrisa irónica.

    -Estoy de acuerdo, corrobora Katty LLoyd. A partir de los cuarenta la potencia del llamado sexo fuerte empieza a esfumarse. Lo certifico porque lo he comprobado.

    -Escuchad, chicas, interrumpe Olivia N. La importancia del tamaño está en relación directa con la manera que tiene cada hembra de disfrutar del sexo. No es lo mismo sentir orgasmos vaginales que ser clitoridiana.

   -Desde luego. Yo me considero clitoridiana, pero eso tampoco significa que no tenga orgasmos vaginales. Por supuesto que los disfruto, aunque he de reconocer que la intensidad es distinta. Mi cuerpo vibra de otra forma cuando la excitación proviene del clítoris. La sensación es más fuerte, apunta Wynie Smith. Es posible que por dicha razón no le dé tanta importancia al tamaño, aclara.

     -Por esa misma razón se la doy yo, indica Olivia N. Mis mejores orgasmos se producen con la penetración, no con la excitación clitoridiana. Está claro por qué no me divierto si mi pareja la tiene pequeña.

     -¿Emi?, inquiere Wynie Simith.

     -Me ocurre exactamente lo mismo que a Olivia, responde la aludida.

     -Yo soy multiorgásmica, se define Katty Lloyd. Lo mismo disfruto con la penetración que con la excitación del clítoris. Si tengo un amante experto en esto último no echo de menos la penetración. De hecho, el belga, que es el que más feliz me hace, es medio impotente. Se le baja cuando tiene que ponerse el condón, pero no me importa. Es tan bueno en el resto de las cositas... comenta con una sonrisa pícara. La pena es que está casado y me dejó muy claro lo que había desde el primer día que nos conocimos. Ahora, después de varios e intensos encuentros, me veo obligada a luchar contra mis sentimientos para no enamorarme de alguien que nunca será del todo mío, comenta mientras su gesto se tuerce y se vuelven tristes sus ojos verdes.

    -Ya, cariño. Acabo de decir que la perfección no existe. Todos tienen un defecto, y el de tu belga es que está casado, la consuela Wynie Smith.

    -¿Qué os parece si dejamos para otro día el tema de las relaciones con hombres casados y nos vamos a tomar algo?, sugiere Emi Abbott, dando por finalizada la tertulia ante el asentimiento del resto de sus amigas, mientras Wynie Smith pellizca la mejilla de Katty Lloyd en un intento de devolver la alegría a su semblante entristecido.

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  • : Un blog de relatos eróticos y cocina con solera. Nuevos contenidos a diario. De lunes a jueves, las aventuras nocturnas y las conversaciones sobre sexo y hombres de Emi, Wynie, Olivia y Katty. Los fines de semana, recetas elaboradas siguiendo los viejos cuadernos de cocina de mi abuela, escritos hace más de 80 años. Y todos los días, discusiones sobre temas sexuales en la sección "Foro de Debates"
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