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21 enero 2012 6 21 /01 /enero /2012 17:21

   Mi abuela terminó de escribir sus cuadernos de cocina en 1928. Yo empiezo hoy, 20 de enero de 2012, a desvelar sus secretos preparando cada uno de aquellos platos legendarios... Os contaré todo lo que acontezca desde la compra de los ingredientes hasta que sirva el plato en la mesa...

   Con su letra de señorita de alta cuna, mi abuela Doña Carmen Moreno Acebedo empezó a escribir sus cuadernos de cocina en el colegio de Las Esclavas, en Sevilla, donde, además de cocinar, aprendió lo que entonces enseñaban a las niñas bien de la época: montar a caballo en silla de amazona, tocar el piano, bordar, poner una mesa con elegancia o servir los platos adornados con esmero. Cada uno de los cuadernos está dedicado a un elemento base (pescado, pollo, carne, huevos, repostería, etc) Terminó de escribirlos en 1928, poco después de contraer matrimonio y un año antes de que naciera mi padre, su hijo primogénito. Tenía, al parecer, intención de publicarlos, pero nunca llegaron a ver la luz. Su única hija, mi querida tía Rocío, los heredó a su muerte y los ha conservado con mimo hasta hoy.

                                                IMG 1008

    Vi esos cuadernos por primera vez las pasadas Navidades, cuando estuve de vacaciones en mi tierra. Me quedé admirada y fui consciente de que mis dedos temblorosos estaban sujetando una auténtica joya. Y no solo por su riqueza gastronómica -conforman un auténtico tratado de la cocina tradicional españolasino también por el esmero y la paciencia con que fueron escritos.

   Hace varios meses, cuando decidí crear ABREMELOYA, este blog de relatos eróticos y recetas de cocina, mi amiga la actriz y directora Natalia Mateo me aconsejó que viera la película Julie and Julia (2009). Un delicioso largometraje dirigido por Nora Ephron y protagonizado por Meryl Streep y Amy Adams. En la película, la joven Julie decide escribir un blog de cocina preparando todas las recetas de un libro que su admirada Julia, esposa de un diplomático, publicara 40 años atrás. Las imágenes de la cinta brotaron en mi mente emocionada al ver los cuadernos de mi abuela. Decidí emular a Julie y hacer lo mismo: preparar las recetas y explicar su elaboración a los lectores de este blog. Además, como hacía Julie en la cinta, pretendo aderezar el texto contando a mis lectores todo lo acontecido alrededor de cada plato: un relato de lo ocurrido en mi vida desde que salgo a comprar los ingredientes hasta que la comida está en la mesa. Empiezo hoy con la primera de estas recetas: merluza a la española.

   A las 11,30 de la mañana he salido, acompañada de Adrián, mi hijo, a comprar los ingredientes necesarios. Había una cola tremenda en la pescadería, así que hemos decidido no esperar y acudir a un supermercado próximo a casa, cuyo nombre no revelaré mientras no me paguen la publicidad. En el establecimiento en cuestión no había merluza fresca, solo pescadilla. Y como tengo la intención de ser fiel a los escritos de mi abuela y preparar sus platos con los ingredientes exactos, he desechado la pescadilla y he comprado merluza congelada. Después, las verduras y las especias. Me faltaban laurel y perejil. Hemos entrado en un pequeño establecimiento situado en la misma calle donde vivimos y el dependiente, un muchacho de Bangla Desh al que conozco desde hace varios años, me ha preguntado si quería el laurel seco o verde. “No sé, dame el que tenga más sabor”, le he respondido. “No tengo ni idea porque yo no cocino, no me gusta mucho y tampoco tengo tiempo. Tú sí, ¿verdad?”, ha querido saber. “Sí, a mi me encanta y además, me relaja. Ahora voy a empezar a preparar unas recetas que mi abuela escribió a principios del siglo pasado”, le he revelado. Me ha escuchado atento y emocionado... Dado que mi abuela no especificaba el tipo de laurel, he optado por el verde. El dependiente, encantado con la historia de los viejos cuadernos de cocina, no ha querido cobrarme las especias. Le he agradecido el regalo y nos hemos despedido. La mañana avanzaba y he empezado a preocuparme... He recordado que me había comprometido con mi hijo a preparar un bizcocho de limón 4,3,2,1 BIZCOCHO DE LIMÓN 4,3,2, para llevarlo al cumpleaños de su amiga Lucy, que se celebra a las 6 de la tarde. Ya andaba, como es habitual, escasa de tiempo. Hemos terminado de hacer los recados y, al llegar a casa, me he puesto con el bizcocho.

   Las circunstancias que han rodeado mi vida hoy sábado, 21 de enero, me han impedido terminar la “merluza a la española”. Primero tenía que descongelarse y después, estar sumergida en vino blanco durante una hora, tal como se indica en el cuaderno. Materialmente imposible por falta de tiempo. He decidido, pues, dejarlo para mañana y preparar algo sencillo para la comida de hoy. “Huevos fritos con patatas, mamá, por favor”, me ha pedido mi hijo, y he accedido. Después de comer me he puesto a escribir estas líneas...

    Parece que el tiempo ha querido aguarme la fiesta y ha corrido con la velocidad del rayo... Son las cinco de la tarde y os tengo que dejar para llevar a mi hijo al cumpleaños de su amiga. Mañana terminaré de preparar la “merluza a la española”. Aunque me había propuesto descansar los domingos, considero que la ocasión merece un esfuerzo. Por tanto, no os olvidéis de vuestra cita diaria con ABREMELOYA. Una legendaria receta de cocina os estará esperando.

     ¡Que paséis una feliz jornada de sábado!

                                                         RoCastrillo

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20 enero 2012 5 20 /01 /enero /2012 15:20

 

     ...Sintió bajar el líquido templado que inundaba su sexo ardiente de deseo...                                         

   A las 12 en punto de aquel sábado que había amanecido gris y tenebroso, el ejecutivo llamó al portero automático de la casa de Olivia N. Tal como habían quedado, se disponía a recogerla para pasar el día en una casa de campo de su propiedad, situada en la sierra de NavacerradaOlivia bajó sin maquillar. Apenas un suave carmín del color de la tierra perfilaba sus labios entreabiertos. Iba ataviada con un pantalón pitillo de montar, botas altas, jersey de cuello vuelto y un grueso abrigo de piel de conejo. El ejecutivo alabó su estilismo. Era el segundo día que se veían. Se habían conocido poco antes, en una reunión de trabajo, y el flechazo fue repentino y mutuo aunque, para ser más exactos, provenía más del lado masculino que del femenino. El hombre no paró de halagarla, piropearla y estar pendiente de ella durante la larga jornada laboral -con comida incluida- que propició el encuentro de ambos. A Olivia le gustaba, sucumbió a sus besos y se dejó querer.  LA INTENSIDAD DE UN BESO INESPERADO Le emocionaba encontrar a alguien interesante en un entorno distinto al de la noche, la oscuridad de El Maligno y el olor a alcohol . AÑO NUEVO, AMANTES NUEVOS No dudó, por tanto, en aceptar la amable invitación del galán para pasar un día juntos en su casa de la sierra de Madrid.

                                              220px-Lion_pair2-copia-1.jpg

   Antes de salir de la ciudad, sentada a su lado en el vehículo todo terreno que los transportaba a su destino, Olivia sintió el contacto de la mano derecha del hombre paseándose por su entrepierna. Pensó que iba demasiado rápido, aunque no se resistió ni le hizo comentario alguno. Cerró los ojos y sintió bajar el líquido templado que inundaba su sexo ardiente de deseo. Se pararon en un semáforo y él aprovechó para meter sus manos entre la ropa de ella y acariciar sus pezones turgentes. Con las mejillas ruborizadas por el efecto mezclado del calor y la timidez, Olivia le pidió en un susurro que la besara. El ejecutivo se pegó a ella, apretó su cuerpo contra el suyo y se fundieron en un largo beso, interrumpido por los pitidos del coche situado detrás de ellos, que los urgía a emprender la marcha porque el semáforo había cambiado de color. Durante el resto del trayecto, ni paradas ni palabras No hablaron de trabajo ni de nada. No la acarició ni tampoco volvió a besarla, aunque no separó su mano derecha de la entrepierna femenina en todo el tiempo que duró el viaje.

    Entraron en una acogedora construcción de madera. Una chimenea encendida calentaba el amplio salón, y una piel de vaca extendida delante cubría gran parte de la extensión del suelo. Olivia hizo amago de quitarse la chaqueta pero el ejecutivo se lanzó y, con el ansia del león hambriento por devorar a su presa, la despojó de toda la ropa que llevaba encima y arrancó de un tirón el tanga blanco que tapaba la selva negra. La tiró encima de la piel de vaca y lamió sus pechos con fruición. Sin desnudarse por completo, su lengua recorrió ansiosa el vientre femenino y bajó al matorral humedecido por el fuego del deseo. Una cadena de aullidos rompió el silencio de la mañana... Las piernas se estiraron, el tronco se alzó sobre el suelo y el cuerpo entero de la hembra convulsionó entregado a un éxtasis profundo. Momento aprovechado por el macho para desvestirse por completo, echarse sobre ella e introducir el falo duro y erecto en el interior de aquel océano de aguas dispuestas a calmar la sed...

   Olivia cerró los ojos y se entregó a la fiereza de aquel depredador que la embestía con fuerza y cruzaba su interior cual rayo que irrumpe en la calma del cielo estrellado. Escuchó los bramidos del león y lo sintió vaciarse en las profundidades de su cuerpo... Un rato después, ambos en silencio y sentados frente a la chimenea, los ojos detenidos en el crepitar del fuego y el grupo de chuletas que se asaba lentamente, Olivia pensaba en el sexo exento de ternura, en el hambre saciada a la manera de los animales y en la premura del deseo que carece del tiempo necesario para permitir que florezcan las semillas del amor. El silencio seguía dominando aquella casa solitaria a donde había llegado arrastrada por el afán de un ejecutivo que se había despojado de su chaqueta para mostrarle su piel de león... 

                                                                                          RoCastrillo

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19 enero 2012 4 19 /01 /enero /2012 15:19

     Aquella lengua sedienta de deseo hurgaba con maestría en cada hueco de su boca

    Muchas caras se volvieron cuando Olivia N. entró en la sala de juntas, unos minutos después de que la reunión hubiera empezado. Lucía un elegante traje de chaqueta rojo de Roberto Verino que ceñía su figura, realzando la belleza de su rostro y el negro brillante de su larga melena. Sigilosa, tomó asiento, abrió su maletín de ejecutiva y sacó un bloc de notas. Mientras escuchaba atentamente al conferenciante, su jefe, se dio cuenta de que el caballero que se sentaba justo enfrente de ella no le quitaba los ojos de encima. Las intensas miradas llegaron a turbarla tanto que no conseguía captar el mensaje con claridad. Así, garabateando palabras apenas ilegibles en el cuaderno y soportando un sudor intenso que atravesaba su cuerpo y se clavaba en sus mejillas enrojecidas, transcurrió una hora que se le hizo eterna. Terminó el discurso del presidente de la firma a la que prestaba sus servicios y los reunidos abandonaron sus asientos para hacer una pausa, acompañada de café y pastelitos diversos. Olivia no se levantó. Intentaba poner orden en sus notas cuando sintió el contacto de una mano que se posaba en su hombro. Giró la cabeza y se topó con la mirada ávida del ejecutivo que había pasado el tiempo escudriñando cada rincón de su anatomía de hembra poderosa...

                                            Pareja-Beso-FDG.jpg

    -¿Cómo te llamas? ¿De qué empresa eres? ¿Me acompañas a tomar un café? El galán la acosaba a preguntas sin respuesta y Olivia, impasible, seguía inmersa en sus notas como si nadie se hubiera dirigido a ella.

   -¿No vas a contestarme?, belleza de rojo, insistía el hombre.

   -Soy Olivia, contestó sin inmutarse y sin levantar la vista del bloc de notas.

   La amplia sala de juntas se había quedado vacía. El ejecutivo cerró el cuaderno de Olivia y le pidió con insistencia que se tomara unos minutos de descanso. Ella accedió a levantarse. Los ojos verdes del hombre recorrieron su figura y volvieron a turbarla. Fingió su nerviosismo, entretenida en alisar los pliegues de su falda. Él, consciente del efecto estremecedor de sus intensas miradas, aprovechó el momento para agarrar la barbilla de ella, acercarla a su boca y besarla tiernamente. Olivia, recatada, intentó retirarse pero el ejecutivo, lejos de permitirlo, la abrazó con fuerza y volvió a besarla. Labios pegados y lenguas anudadas en una unión que se afianzaba intensamente cada segundo transcurrido. La timidez femenina fue desapareciendo guiada por aquella lengua sedienta de deseo que sabía a caramelo de menta y hurgaba con maestría en cada hueco de su boca. Olivia olvidó que estaba en una reunión de trabajo besando a un desconocido en una fría sala de juntas y ofreció una entrega sin fisuras al juego caprichoso de la boca del hombre, que abandonó el interior de la suya para iniciar un recorrido por las mejillas ardientes y enrojecidas; descender por la piel suave de su cuello y alcanzar el enclave donde se unían y alzaban sus pechos turgentes...

   La pareja se perdió el café y la pausa. Olivia acertó a retirar de su cuerpo la cabeza del hombre al sentir el ruido de la puerta que se abría. Abrochó con disimulo los dos primeros botones de su camisa y compuso con esmero la elegante chaqueta roja. Se acomodó en su asiento y volvió a sus notas como si nada hubiera ocurrido... Pero ocurrió. Y aquella mirada verdosa y fija situada frente a ella se lo recordaba a cada instante... Fingía prestar atención a un discurso que en aquellos momentos le sonaba a chino. Palabras que volaban sin encontrar su lugar en una mente entregada al recuerdo del beso apasionado...

   El ejecutivo invitó a Olivia a pasar un día juntos en una casa de campo que tenía en Navacerrada. Ella se congratuló de que su propósito de buscar relaciones en lugares distintos a El Maligno y otros locales de la noche se hiciera realidad. Estaba deseando llegar a casa para telefonear a sus amigas y contarles la aventura. Se acordó de Emi Abbott, a quien no había visto desde que empezara el año... Porque Emi, después de llegar de las Bahamas, se había metido de lleno en la vorágine de su trabajo y tampoco quiso dedicar a sus amigas su escaso tiempo libre. Un tiempo que entregaba en exclusiva a recuerdos más cálidos, teñidos del color chocolate de una piel que se le antojaba lejana e inalcanzable... En aquellos días el mundo se paró para Emi, sumergida en las páginas de “El amante de Lady Chatterley” y otras obras cumbre de la literatura erótica universal...

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18 enero 2012 3 18 /01 /enero /2012 16:48

 

    Katty ha encontrado en la red a un tipo atractivo y con la cartera bien repleta

    Katty Lloydse alisó el pelo y se maquilló con esmero aquella tarde. No tenía ningún casting ni la esperaba caballero alguno, pero su primera cita en el ciberespacio merecía una especial atención. Decepcionada con su amante belga KATTY, SU AMANTE BELGA Y EL ABISMO  cansada de la oscuridad de El Maligno y de sus últimas relaciones -con el sexo como protagonista exclusivo- tomó la decisión de inscribirse en una página web de busca parejas. Después de examinar minuciosamente varios sitios, optó por un portal de pago. Obsesionada con abandonar las salidas nocturnas, pensó que podía invertir en su nuevo experimento el dinero que hasta la fecha se gastaba en copas.

imgresligar-en-red.jpg

   Guardaba la esperanza de encontrar un hombre con el que emprender una relación duradera y fructífera, basada en los sentimientos y no solo en la atracción sexual. Motivo éste por el que no dudó en aceptar la propuesta de un galán que la retaba a conectar la webcam y conversar por Skype antes de lanzarse a la primera cita real. El caballero no la decepcionó. Más bien al contrario: se enorgullecía por la suerte de conocer a un hombre que claramente le expresó su deseo de no mantener relaciones en la primera cita porque necesitaba conocer alma y sensibilidad de quién podría convertirse en su compañera de viaje. Se trataba, además, de un tipo atractivo y, presumiblemente, con la cartera bien repleta. Le dijo que se dedicaba a la intermediación financiera y que vivía en el mismo barrio que ella, el de Salamanca, uno de los más caros y exclusivos de la capital. Y para redondear el gozo de Katty, se ofreció a invitarla a cenar el fin de semana siguiente...

   A Wynie Smith, por su parte, le duró la resaca de Ése más de una semana. El mismo tiempo que mantuvo en su rostro las huellas de sus besos, cual escamas que picaban y dolían. EL ANSIA DEL AMOR PROHIBIDO Y ESQUIVO . La terapia constante con crema de Aloe Vera y la compañía de su hijo aliviaron la rabia contenida durante el lento proceso de sanación. Dolor. Le dolía pensar en él y desearlo. Le dolía ser consciente de la incapacidad de resistirse a sus besos cuando lo viera la próxima vez. Le dolía pensar en que, lejos de enfadarse, se echaría a sus brazos en la primera ocasión que pudiera. Le dolía sentir el revuelo de las mariposas en su estómago cuando escuchaba el sonido de su teléfono móvil, aún sabiendo que él no la llamaría. Porque, ¿qué significaba ella para Ése? Lo tenía claro: alguien con quien desfogarse en medio de la rutina de un matrimonio sin sentido. O tal vez, con más sentido del que a Wynie le gustaría pensar.

    Y así, dolorido el semblante y enojado el corazón, recibió a una pletórica Katty Lloyd, que le habló ilusionada sobre sus expectativas con el caballero que acababa de encontrar en el espacio virtual. La recién llegada incitaba a su amiga a hacer lo mismo: cambiar las salidas nocturnas por los encuentros en la red. Wynie se negaba alegando que no le veía alicientes al hecho de ligar frente a la pantalla del ordenador, que el mundo virtual no se correspondía con el real y que no creía en ese tipo de relaciones. Y Katty, indignada, le hizo ver que Ése era su gran problema. Que quería salir solo para encontrárselo en El Maligno y que estaba cometiendo un tremendo error: “Ése es un cobarde, igual que el belga y que todos los tipos casados que se echan a las calles para buscar lo que no tienen en casa. Unos egoístas -argumentaba rabiosa- que van picando de flor en flor sin tener en cuenta los sentimientos ajenos. Individuos incapaces de enfrentarse a la realidad de sus vidas, a la rutina diaria aparentando una felicidad falsa. Tipos -proseguía indignada su discurso- que solo se atreven a cambiar su lamentable existencia cuando están seguros que que otra tonta los espera con la cama caliente, la comida hecha y las camisas planchadas. Entérate de una vez, Wynie. Ése no va a dejar a su mujer por ti porque tú ni siquiera eres la otra, puesto que no estás dispuesta a vivir con él”, espetó.

    -Por supuesto que no quiero vivir con él, Katty. Tampoco estoy enamorada, no soy tú ni Ése es el belga. No suspiro por él, para que te enteres de una vez, expresó con retintín. Y me da exactamente igual que deje o no a su mujer, o lo que haga con su vida. No te niego que me encantaría pasar un fin de semana encamada con él, pero si no es posible, nos lo perdemos. Él también, que conste, afirmó convencida. Y respecto a lo de ir a El Maligno, si tú no quieres acompañarme, ya iré con Olivia o con Emi. O sola ¿por qué no? Está cerca de casa y conozco a la gente.

    -Sencillamente, porque nunca has querido entrar sola en un local nocturno. Te conozco y sé que no lo harás...

   -Para todo hay una primera vez, querida, le indicó sonriendo mientras llenaba su taza de café.

    -Pues eso te digo yo a ti. Abre el meetic y busca un amante nuevo.

  -Prefiero hacerlo en la calle, ya te lo he dicho. En El Maligno o donde encarte. No estoy interesada en los ligues virtuales, que luego no son lo que parecían. Lo mio es ver y tocar. La historia de amor y la cartera me importan un comino. Con que me guste físicamente y sea bueno en la cama, me basta.

   ¿Y vosotros, queridos lectores, que preferís, ligar en la calle o intentarlo en la red? 

  Espero vuestras respuestas a la pregunta, aquí debajo, pinchando en "escribir un comentario"

                                                                      RoCastrillo

 

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17 enero 2012 2 17 /01 /enero /2012 15:04

    El beso carnívoro, el encuentro de los labios y la batalla de las lenguas...

   Desnudos y agitados retiran la roja colcha entre risas y gestos. La cama está disponible... Javier espera tumbado, las manos bajo las almohadas. Sara coloca la colcha sobre el arcón bajo la ventana abierta. Terminada tamaña tarea repta sobre la cama hasta los pies del hombre, que lame. La ceremonia comienza con ese introito suave que obliga al tumbado actor a emitir suspiro de aceptación, satisfacción y agradecimiento. La actriz se sumerge por piernas y rodillas. Esquiva obstáculo troncal para alcanzar ombligo masculino, lugar donde las manos de Javier acarician esas carnes de ella ya no prietas, pero hermosas, ya señaladas por las heridas de la vida, pero encantadoras, arcanas, fascinantes en opinión de Javier: al fin es el quien toca, quien gusta del sentido del tacto, mientras Sara usa la lengua. Se conocen, pero siempre descubren un pliegue nuevo, una curva inexplorada, una rugosidad por destapar. El prólogo abre camino al beso carnívoro, al encuentro de los labios y a la batalla de las lenguas...

                                               Un depredador ansioso                                                     

    El termómetro inexistente marca inequívoco la subida de la temperatura interior. Los juegos de manos, pies y lengua se hacen ovillo y se bifurcan. Hallan placer y oquedades, todas, sin barreras, sin prejuicios una vez, hace un instante, desaparecido el último. Con las vueltas y revueltas, con los nudos de lengua, con la ingente actividad de las manos, el agua surge de los poros y lo celebran intercambiando palabras que se acercan a la grosería, al insulto, para devenir sin solución de continuidad en elogiosos y cálidos cumplidos, hasta que hallan lo que buscan: la unión festivalera.

   Sara, amazona, se pone sobre el varón tumbado. Es su postura favorita, la postura elegida por ambos para ofrecerse la primera comunión de cuerpos. Tan conocida que él recoge las piernas para que la espalda de ella se acomode. Las manos de ambos hurgan en el lugar sagrado. Y el torrente recibe al tronco, y la llave abre la cerradura engrasada y se produce la magia, única, nueva, repetida, sabida, estupenda. Cabalga desbocada y él pone cara de no estar allí. Eso sí: con sus ojos clavados en el rostro de Sara, escrutando cada gesto sin perder detalle. Percibe el aumento de sangre, la hinchazón de los carrillos, el calor, el color. Mueve con fuerza su cadera y ella sube hasta el techo. Habría llegado al cielo si hubieran estado al aire libre. Las humanas limitaciones... Javier no permite el descanso de la amazona y suave levanta ánimo y cuerpo, mientras habla, indica, pide calma, lentitud en las subidas y bajadas. "Despacio, reina de la noche. Más despacio". Sara, con los morros hacia fuera, murmura un “no puedo” que Javier oye, pero no atiende. Si vieras lo que está viniendo, amor. Ver, lo veo, esa cara, pero no te apresures. No me tortures. Bendita tortura. Y se relajan. Un descanso, una profunda aspiración de aire. Subir, respirar, bajar, expirar. Hasta que Sara coloca las manos sobre los hombros de su macho y estalla con fuerza, con velocidad, con convulsión. Una voz lejana pide más moderación, que hay niños. Así regresa la realidad y, pese al calor, cierran la ventana.

    Descanso. Momento para humo y alcohol. Un rato después, la suavidad del prólogo se convierte en batalla. El macho deviene un depredador ansioso y entra en ella con fuerza, con pasión. Sara .lo anima, lo incita. Mi macho, venga, prueba que eres mi macho. Lo enciende. Las razones de la razón han quedado extinguidas, abolidas por la llegada de la pura demencia. Las piernas de Sara se cierran en nudo sobre la espalda de él. .”Me vuelves loca”. “Lo sé”. Y llega la cima de ella, una vez y una segunda y dice ya, ya, ya. Suficiente para la breve pausa, pues Javier sabe que el cántaro está cercano a la ruptura y Sara está pidiendo a aullidos: ven tu, ven tu. Primero se crispa, se encoge y luego llegan los seis segundos de perdida de conocimiento, de maravilla mágica, de no estar en ningún espacio, aunque sí encima de ella, acoplado a ella, gozado por ella. Placer corto, infinito. Si durara más, dice él, quizá para conformarse, sería como respirar ozono: nos moriríamos.

    Yacen abrazados. Encima él de ella, porque tras el gozo sublime abunda la liviandad de los cuerpos por mucho que éstos pesen. Pronunciadas son palabras tiernas y también recordatorios contra el sueño que comienza a invadirles de manera formal y nada imprevista... Y antes de separar el nudo, antes de darse el beso de despedida, se dan las gracias.

                                                                                                       Wilhelm von Witch

 

 

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16 enero 2012 1 16 /01 /enero /2012 15:45


    ...La mano masculina se deslizó sobre el bosque y alcanzó los humedales...

   Se gustó. Tardó mucho en decidirse y se hubiera comprado cada prenda que tocaba. Le apasionaba la ropa interior, aunque los varones apenas se fijan, desvisten como los leones comen carne o mejor como las aves de rapiña. Al fin se decidió a comprar aquellas bragas verdes que dejaban ver los hemisferios y el sujetador de idéntico color que indicaba la entrada a sus tetas firmes, pese a la edad madura. Estaba segura de sorprenderlo cuando pagó en la tienda. Más aún, al verse plantada frente al espejo tamaño dos puertas que cubría la pared izquierda de su alcoba, la más próxima a la puerta. Admitió su belleza, apreció que estaba muy bien. Se gustó tanto que contempló su cuerpo el tiempo exacto como para recrearse en la suerte, para sentirse bien en su piel. Descalza no pasaba del uno sesenta, pero a él le gustaba esa altura porque, según afirmaba, “no me agrada subirme a una escalera para dar un beso”.

                                             The_Kiss-1896.jpg

    Recreada en su propia figura, satisfecha del resultado, registró con la mirada los detalles de la habitación, de aquel santuario donde esperaba una fiesta. Saliera bien, y por norma salía muy bien, o mal, rara vez, había novedad fantástica: iban a dormir juntos por vez primera en diez años. Esa noche él no saldría de la cama cuando percibiera su sueño profundo. Se iba a quedar toda-la-noche. Saltó de alegría y le dolieron los pies al caer. Se rió. La colcha roja, de seda, bien puesta. La mesa de mimbre, en la otra pared junto a la puerta del cuarto de baño, con las velas y ese espejo que servía para verse durante el maquillaje, aunque no solo. Allí la depositaba en ocasiones y, bajo la exclusiva luz de las velas, usaba y abusaba de sus pezones tan sensibles, tan tiernos, tan agradecidos, tan tersos, tan calientes. La silla donde él dejaba la ropa, en su sitio. El cabecero de la cama, con sus barras. Las máscaras poblaban la alcoba, llenaban muros.

    Volvió a verse con diversos abalorios. Pendientes, eligió y decidió, la gargantilla que él regaló, el reloj..., ¡menos mal qué lo miró! Se hacía tarde. Fin a la contemplación. El avión procedente de Atenas llegaría en dos horas, pero preferible esperar en el aeropuerto. Tomó el vestido azul entallado, ya preparado, y calzó zapato abierto de medio tacón. Mandó un beso al espejo y no esperó el ascensor.

    El encuentro casi mandó parar el aeropuerto, como en huelga de controladores. Hacía año y medio que no se veían y en el intermedio apenas cinco, quizá seis, llamadas telefónicas. El beso duró. No tanto como para ganar un concurso, pero lo suficiente como para llamar la atención del personal. Él abría los ojos para observar el efecto, en ella y en los mirones. Ella lo abrazó con fuerza, dio por terminado el besazo y, mientras él retomaba el equipaje, le susurró que lo quería.

   Antes de arrancar, la mano masculina se deslizó sobre el bosque y alcanzó los humedales. Hubo murmullo de rechazo, incluso referencia al lugar: un vulgar aparcamiento, pero la mano se hundió, el cuerpo se tensó en curva, hombros al respaldo, pies firmes en el suelo, la respiración aumentó el ritmo, el vaho y otros efluvios empañaron el parabrisas y un coro propio y ajeno dejó constancia de un viaje cercano y cierto, momento que él aprovechó para quitar la braga de su lugar. En la mitad de tanta holganza estuvo ella de lanzar una queja, pero se limitó a poner el coche en marcha y a pensar en lo cara que le había salido la pieza verde para que él no prestara atención alguna. Al esperar ante la barrera de salida del parking observó, feliz, que él olía la braga. Se encogió de hombros, eligió el sendero errado y pensó “por lo menos la huele”.

     Marcharon unos kilómetros hablando de política, que era el asunto más recurrente en sus conversaciones desde que empezaron su ya larga aventura discontinúa y tardaron, entre el entusiasmo de los cuerpos y la satisfacción de sus acertados juicios, en percibir que iban en dirección contraria. Él sonrío con la complacencia primaria del seductor presuntuoso: “está en el bote”, murmuró mirando por la ventanilla. Ella notó un fastidio en la mitad del plexo, se llamó tonta por dejarse llevar de los nervios y mostrarse tan entregada a la primera. Por eso le planteó la necesidad de tomar algo. “¿Qué quieres tomar?”. La respuesta fue inequívoca, tierna y dicha en tono medio-bajo: “ A ti”.

     En el ascensor, beso profundo y manos buscadoras. La masculina en el culo pelado, la femenina en la delantera erecta. Maleta al suelo. Sara ante el espejo. Javier tras ella. Tocando, mirándose. Botones que se desabrochan, corbata fuera. Al quitarse la americana Javier saca la braga, le pide que se la ponga y ella ríe hinchada de éxito. Cuando se dispone a meter el otro pie él le muestra una cajita marrón. Casi se cae al suelo de la emoción, sí, pero también de la difícil postura. Optó por ponerse la braga, colocarse frente a él y abrir la caja. Pulsera. Beso, agradecimiento, emoción, lágrima. Momento tierno. Casi el único de la noche.

    Durante la fase previa, al principio de pie, manos que trabajan con ansiedad y agitación, se dijeron ternuras. La lengua de Javier buscó el cogote de Sara y la piel se volvió rugosa; la mano diestra del caballero buscó la cima del placer de la dama para tocar la sonata en re, hasta que Sara se dejó caer en la gloria y en el suelo. Desde allí, el culo en el piso, con esa cara de gozo inconfundible en la mujer cuando se fugaba de si misma, esa que él continúa viendo cuando recuerda sus escaramuzas con Sara, rostro de placer y de vicio, de locura y razón de paroxismo y arrebato, ella inquirió: “A ti no te gusta una buena felación ¿verdad?”. Javier, cínico, triunfante ante la primera prueba de gozo de ella, respondió engrandecido: “Si mi memoria me es fiel, eras tu quien se negaba. Por mi cuando quieras”. Colocó las nalgas en la cama, abrió las piernas, asentó los pies en el suelo. Sara se aproximó arrodillada. La boca. El silencio. La mano en la cabeza. La mano en la teta. La boca llena. Las manos de Sara en las rodillas. La mano busca el humedal. La fiesta de los sentidos. El tacto, el gusto y el olor. Antes de terminar súbito, Javier se aleja. Sara se relame. (Continuará)

                                                                                   Wilhelm von Witch

 

           

 

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15 enero 2012 7 15 /01 /enero /2012 14:41

 

      MÁS RELATOS ERÓTICOS Y RECETAS DE COCINA ESCRITAS EN 1928

     Mañana, lunes 15 de enero, Abremeloya!!! acogerá la primera parte del relato de los amores pasionales de Javier y Sara. Se trata de una historia que me ha enviado Wilhel von Wight (Guillermo de la Bruja), seudónimo de su autor o autora, y que publico porque se ajusta a la temática del blog, además de considerar su calidad literaria. ¡Espero y deseo que la disfrutéis! 

                                        Katsushika_Hokusai_-_Fukujuso.jpg            

     Aprovecho la ocasión para comunicar a los lectores interesados que pueden enviarme sus historias. Procuraré publicarlas siempre que guarden los requisitos de temática erótica y calidad literaria. 

    Respecto a la parte gastronómica del blog, os anuncio que al final de la semana empezaré a ofrecer unas recetas de cocina muy especiales. Las terminó de escribir mi abuela paterna en 1928 y mi familia las ha conservado hasta ahora. ¡Una auténtica joya que saldrá de su largo anonimato a través de estas páginas!

Mi mayor deseo: que sigáis disfrutando cada vez que entréis en ABREMELOYA!!! y, si es así, lo contéis a todos vuestros amig@s, reales y digitales. ¡Gracias a todos y que paséis una feliz -y si es fogosa, mejor- tarde de domingo!

Besos y abrazos,

RoCastrillo


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14 enero 2012 6 14 /01 /enero /2012 19:10


              UN DESAYUNO PARA ENTUSIASMAR A NIÑOS Y MAYORES

    Hoy os propongo que metáis las manos en la masa para preparar un sencillo y delicioso bizcocho de limón. La receta me la ha dado mi amiga Wynie Smith, que suele prepararlo para la semana que tiene a su hijo en casa. Un desayuno natural y energético que entusiasmará a niños y mayores. Cuenta, además, con la ventaja añadida de ser un alimento mucho más sano y barato que la bollería industrial al uso. Otro de sus alicientes es que se elabora con productos que normalmente se tienen en cualquier casa. Como ahora veréis, no es necesario comprar artículos especiales para regalarse este suculento desayuno.

                                           HNI 0006

   INGREDIENTES: Cuatro huevos y un yogur de limón; del mismo vaso del yogur, tres medidas de harina, dos de azúcar y una de aceite de oliva. Finalmente, la cáscara rayada de un limón y una cucharilla de levadura.

    ELABORACIÓN: Encender el horno a 200 grados, sacar la bandeja y untar el fondo de aceite de oliva o mantequilla. En un recipiente aparte preparar la masa de la siguiente forma: separar las yemas de las claras y batir estas a punto de nieve. A continuación, añadir las yemas y el yogur y mezclar todo. Seguidamente se llena el vaso del yogur tres veces de harina, dos de azúcar y una de aceite de oliva; y se remueve bien toda la mezcla hasta que quede una masa sin grumos. Rayar la cáscara de un limón y añadírla a la masa junto con una cucharada mediana de levadura. Mezclarlo todo de nuevo y echarlo a la bandeja con el fondo previamente untado de aceite de oliva o mantequilla y espolvoreado con un poco de harina. Meter en el horno durante 20-30 minutos a 140 grados. Cuando se enfríe, volcarlo en una bandeja plana y... ¡A disfrutar!

      Os deseo un fin de semana tan apetitoso como este bizcocho. 

    Y la semana próxima, ABREMELOYA!!!  vendrá con NUEVOS y, como siempre, JUGOSOS CONTENIDOS. No olvides tu CITA DIARIA con la LITERATURA ERÓTICA y la COCINA TRADICIONAL, SANA Y ECONÓMICA.

                                                                                                        RoCastrillo

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13 enero 2012 5 13 /01 /enero /2012 14:02

 

              "Te amaré siempre, hagas lo que hagas y formes o no parte de mi vida..."

    ...El pez comió del anzuelo algún tiempo después. El que la sigue la consigue, y el amigo de los 80 reiteraba sus visitas a casa de Wynie Smith EL AMIGO DE LOS 80 . Normalmente la avisaba mediante un SMS y ella, si estaba sola, llamaba a alguna amiga para que la acompañara durante el encuentro. No deseaba tener intimidad con él. Y mucho menos, en su casa. Aún seguía siendo una mujer casada. Aunque siempre se consideró un espíritu libre y, como tal, se permitía la licencia de tener aventuras, no lo hacía en el hogar. Sencillamente, porque no le parecía ético. De hecho, en su cama no entró ningún hombre distinto a su marido hasta que no tuvo sentencia firme de divorcio.  

                                                          amigo 80s   

     Una mañana, Wynie, después de dejar a su hijo en el colegio, entró a desayunar al bar que estaba debajo de su casa. El olor del chocolate y los churros que acababan de servirle quedó eclipsado por otro aroma más fuerte e inconfundible: el de la colonia tipo Barón Dandy que usaba el amigo de los 80. Ella, situada de espaldas a la calle, no lo había visto entrar, pero allí estaba: sosteniendo el casco de la moto con la mano derecha, y con su mítico estilismo de pantalón pitillo negro, botas con puntera y chupa de cuero del Candem Town londinense. Desayunaron juntos y él le aseguró que había ido a buscarla y que, al no encontrarla en su domicilio, se asomó al bar y tuvo la suerte de hallarla. Y siguió erre que erre calentándole la oreja; halagando la belleza de su rostro mañanero, sin maquillaje; repitiendo lo mucho que la deseaba; nombrando una por una las maravillas que iba a hacerle e insistiendo en que se regalaran los dos una horas de felicidad. Wynie sucumbió, aunque le dejó muy claro que esas horas no podían transcurrir entre la paredes de su hogar...

    A bordo de la Kawasaky del amigo de los 80, pisando a fondo sobre el asfalto del centro de Madrid, llegaron al barrio de Chueca. La moto quedó aparcada junto a un edificio antiguo con tintes señoriales. El hombre pulsó el botón del portero automático y la puerta se abrió pasados unos minutos. Se adentraron en el inmueble, subieron al primer piso y una señora de mediana edad los recibió en el descansillo de la pensión. Los invitó a pasar amablemente y los condujo a una sencilla habitación con cama de matrimonio, una mesilla de noche a cada lado y un pequeño aseo al fondo. La ventana, con vistas a un patio interior, estaba abierta y el espacio despedía un suave olor a lejía, como si acabaran de desinfectarlo. “Ya está todo limpio y aireado”, comentó la señora al tiempo que cerraba la ventana y se despedía de la pareja. Una vez solos, el amigo de los 80 le quitó los zapatos, la falda y las medias y, sin terminar de desnudarla, arrancó de su cuerpo el minúsculo tanga negro y se dispuso a explorar con su lengua las partes más erógenas de la anatomía femenina. El sexo oral provocó que Wynie tuviera varios orgasmos, aunque poco más de sí dio aquella velada matinal. Ni siquiera hubo penetración. Obligado por ella a usar un preservativo, el hombre fue incapaz de conseguir una erección completa...

    Cuando Wynie obtuvo el divorcio y el amigo de los 80 vio el camino libre, las visitas a su domicilio se repetían con frecuencia. También, la insistencia masculina en tener relaciones sexuales, seguida de la reiterada negativa de quien pretendía verlo solo como a un amigo. Una jornada cualquiera, y un rato después de que saliera de su casa. Wynie recibió un SMS del amigo de los 80. “No te confundas. No quiero nada de ti. Solo amistad, como tú dices”. Ella le respondió con el siguiente mensaje, tan breve como explícito. “Quieres sexo y yo no quiero dártelo”. No obtuvo ninguna respuesta. Ni llamadas, ni visitas. Parecía que al amigo de los 80 se lo había tragado la tierra. Más de un año transcurrió hasta que Wynie volvió a tener noticias suyas. Le llegaron, como siembre, a través de un SMS: “Espero y deseo que tengáis salud y felicidad. Un abrazo para tu hijo y un puñado de besos para ti”. Ella respondió con una llamada y una hora después subía a la Kawasaky de su amigo. Le sorprendió verlo tan cambiado. Había sustituido el estilismo ochentero por una elegante chaqueta azul.

   ¿Dónde vamos?, insistía en preguntar Wynie para obtener, en varias ocasiones, la misma respuesta: “Es una sorpresa”. La situación empezó a disgustarle. Sobre todo, porque se dio cuenta de que la moto hacía el mismo recorrido que los condujo un año atrás a aquella pensión. Decidida a dejarle las cosas claras, aprovechó la parada en un semáforo para pronunciar estas palabras:

    -No me lleves a la pensión. No quiero tener sexo contigo y no sé en qué idioma voy a tener que explicártelo.

    -No vamos a la pensión, lista. Ten un poco de paciencia, estamos casi llegando.

    Poco después, la Kawasaky se paraba en la puerta de una tienda de diseño del barrio de Chueca: 3tiempos, en el número 21 de la calle Barbieri. El dueño del establecimiento salió a recibirlos y saludó al amigo de los 80 con un fuerte abrazo. Se notaba la cordialidad existente entre ellos. Se presentó a Wynie como Toni Etrusco y empezó a mostrarle bolsos, relojes y otros complementos. Ella sonreía, decía que todo le gustaba mucho y admiraba el diseño de los artículos expuestos en el mostrador, aunque nada dijo respecto a quedarse con alguno en concreto. “Como te veo tan indecisa, voy a escoger yo algo para los dos”, indicó el amigo de los 80. “¿Donde está el reloj que me enseñaste el otro día?”, preguntó al propietario del local. De inmediato, Toni Etrusco mostró a la pareja un simpático reloj en el que podía leerse la palabra love. Como si fuera un juego de magia, partió la pieza en dos mitades y extrajo sendos relojes de pulsera, uno para él, en el que se leía “lo”, y otro para ella con la sílaba “ve”.

                                        love reloj

    “Eso es lo que yo siento por ti, amor”, le dijo al oído el amigo de los 80 mientras colocaba con mimo el reloj en su muñeca. “Si no quieres darme sexo no me importa. Te amaré siempre, hagas lo que hagas y formes o no parte de mi vida...”

                                                                                                      RoCastrillo

 

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12 enero 2012 4 12 /01 /enero /2012 16:31

 

                                            ...Le recordó que gemía de placer

                          mientras él acariciaba con la lengua sus rincones más íntimos...            

    El amigo de los 80 volvió a casa de Wynie Smith varios días después de Reyes. Hacía más de un año que no se habían visto. Se conocían desde la época de la movida madrileña y nunca perdieron del todo el contacto. Antes de que ella se divorciara, el amigo visitaba a la familia de vez en cuando y siempre llevaba algún regalo para el niño o flores para la anfitriona. Los encuentros se hicieron más frecuentes en los tiempos del desconcierto, cuando el matrimonio de Wynie hacía aguas y el refugio que ella encontró en los brazos del político estaba empezando a dejar de serlo.  MIS AMIGAS

    cunnilingus      atvmcwpu2hse.jpg

    El amigo de los 80 aprovechó aquellos días de debilidad y nerviosismo para atacar a su presa. Un sábado por la mañana se presentó en su casa sin avisar y pilló a Wynie con la sensibilidad a flor de piel y muy pocas horas de sueño. Su esposo y su hijo se habían marchado el fin de semana al pueblo y ella aprovechó para salir de marcha con Emi Abbott. Entraba en casa a las 8 de la mañana, cansada y sin compañía. Y no le quedaba más remedio que interrumpir la sesión amatoria de su amiga con un pijo recalcitrante que pisaba El Maligno por primera vez. ¿EL TAMAÑO IMPORTA?  Emi le pidió a Wynie que le dejara su apartamento para liarse con el pijo, puesto que ella vivía con sus hijas y no llevaba hombres a casa. Y el pijo, por cierto, estaba casado y tampoco podía disponer de su vivienda. Wynie le dio las llaves y esperó un par de horas a que se amaran en su cama. Esa noche no ligó porque no encontró a nadie que le interesara pero regresó a casa lamentando que no le hubiera surgido ninguna aventura. Llamó al portero automático y Emi tardó unos minutos en contestar. Supuso que debía dejarles un tiempo para que se vistieran; subió poco después y los encontró terminando de hacerlo. El pijo, muy caballeroso, le dio las gracias por prestarles su morada y pidió a ambas amigas que le aceptaran una invitación a desayunar en el bar de abajo. Un rato más tarde, con los estómagos llenos de chocolate con churros, el pijo empezó a mirar el reloj con insistencia y se despidió de ambas.

     Emi y Wynie se quedaron cotilleando en la puerta del domicilio de la primera hasta que el ruido de una moto se coló entre la charla y las risas de las amigas. Era el amigo de los 80 que venía a visitar a Wynie. Emi se marchó a su casa y Wynie subió a la suya con el recién llegado. Nada más entrar en la vivienda, se puso meloso y empezó a piropearla primero y a toquetearla seguidamente. Era la primera vez que lo hacía en tantos años de relación amistosa. Ella se dejó llevar; estaba excitada y permitió que su acompañante le hiciera un cunnilingus. Su fiebre quedó saciada y no tuvo reparo en pedir al amigo de los 80 que la dejara sola, que no quería volver a tener sexo con él y que lo mejor sería olvidar lo ocurrido. El hombre se quedó muy contrariado y le soltó la mítica frase de “nunca entenderé a las mujeres”. Le recriminó que lo dejara cortado de esa manera momentos después de estar gimiendo de placer mientras él acariciaba con su lengua sus rincones más íntimos. Wynie se disculpó e intentó arreglarlo como pudo. Le aseguró que atravesaba una racha muy mala en su vida, que todo era muy confuso, que aún permanecía casada y que no quería complicar su existencia aún más de lo que ya estaba. El amigo cambió el tono y le insistió en que no se preocupara: que él era, ante todo, un amigo. Solo le pidió que le confirmara que había tenido un orgasmo a su lado. Wynie asintió, no sin antes dejarle claro, por segunda vez, que lo mejor para ambos sería olvidar el asunto y seguir siendo amigos.

     Así quedaron. Él continuó visitándola de vez en cuando y acostumbraba a regalarle alguna fruslería. También la piropeaba siempre e intentaba robarle un beso o sorprenderla con una caricia subida de tono. Ella lo rechazaba. Le caía muy bien y le tenía cariño, pero no le atraía lo suficiente. Pese a las reiteradas negativas, el amigo de los 80 seguía insistiendo... Y Wynie intentaba navegar en las aguas turbulentas de un divorcio en ciernes, un amante que le dedicaba el tiempo que le dejaban libre su familia y la política y una inestabilidad laboral que empezaba a enseñarle los dientes con fiereza. Su equilibrio vital era muy frágil. Pendía de los delicados hilos que conseguía amarrar en la lucha diaria de su existencia. Y el amigo de los 80 era un experto pescador en aguas turbulentas...

     (Continuará mañana)                                                                  RoCastrillo                                                     

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  • : Un blog de relatos eróticos y cocina con solera. Nuevos contenidos a diario. De lunes a jueves, las aventuras nocturnas y las conversaciones sobre sexo y hombres de Emi, Wynie, Olivia y Katty. Los fines de semana, recetas elaboradas siguiendo los viejos cuadernos de cocina de mi abuela, escritos hace más de 80 años. Y todos los días, discusiones sobre temas sexuales en la sección "Foro de Debates"
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