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1 febrero 2012 3 01 /02 /febrero /2012 18:23

                            ...Se afanó con delicadeza y esmero

                           hasta notar las vibraciones del interior de la hembra...

    Antes de invitarlo a su casa, Wynie Smith pasó un buen rato coqueteando con el guiri en El Maligno. Bailaron y siguieron besándose... Bebieron y bromearon... Él le sugirió que se marcharan juntos y ella le indicó que tendría que pasar el casting. ¿Tienes casa, vives cerca, hay te?, preguntaba él, tú también tienes que superar mi casting, jajaja, reía mientras hablaba con su simpático acento guiri. Llegó el día pero la noche continuaba en El Maligno. Hasta que M., el dueño, cortó la música y anunció que la fiesta había terminado.

                                        260px-Roemer2-cunnilingus.JPG

    -Espero haber pasado el casting, porque mi amigo ya se ha ido y pensaba quedarme en su casa, murmuró el guiri al oído de Wynie.

   -Pues no se qué decirte... contestó ella sonriendo y con aire interesante, las bocas muy cercanas, casi rozándose...

    -Soy muy bueno en el sexo oral. Me gusta mucho y puedo estar bastante tiempo ahí abajo...

    -¡Jajaja, jajaja! ¿Bastante tiempo cuánto es, una hora? Jajaja, jajaja. Wynie recordaba la conversación entre el Atrevido, el Interesante y el Guapo y reía abiertamente... CONVERSACIÓN MASCULINA EN EL MALIGNO

    -¿Puedo saber por qué te ríes así?, preguntaba el guiri despistado mientras M. insistía en acabar la fiesta y Wynie persistía en su alocada risa...

    -De acuerdo, vamos a mi casa. Me encantará comprobar que lo que dices es cierto pero si es un farol, no importa. Me caes muy bien y me han dado buenas referencias tuyas, jajaja, jajaja.

    -¿Buenas referencias, quién, qué te han dicho de mi...?

     Bajaban las escaleras y el guiri la interrogaba. Wynie le reveló que la decisión de llevarlo a su domicilio estaba tomada desde antes de que se fuera su amigo, porque de lo contrario él no hubiera podido quedarse allí. M., el propietario de El Maligno, no permitía que sus clientes se marcharan y dejaran a invitados desconocidos en el local. Y le hizo saber que fue precisamente M., junto a su amigo -un antiguo cliente- quienes le aseguraron que él era un buen tipo y podía llevarlo a su casa con toda tranquilidad.

    El guiri suspiró aliviado y caminaron calle abajo, cómplices abrazados en la mañana fría, gris y húmeda. Al entrar en casa, Wynie cerró todas las ventanas con la intención de prolongar la noche. Se desnudaron mutuamente, sentados en el borde de la ancha cama. Se besaban y escudriñaban al son del movimiento de sus cuerpos para deshacerse de las ropas, que quedaron esparcidas por el suelo de madera...

     Con algún grado más de temperatura, unos cuantos besos después, el guiri colocó su rubia cabeza entre las piernas femeninas. Rozó con la punta de la lengua cada centímetro de la superficie del pubis rasurado, adentrándose en cada pliegue y cada rincón de aquellos labios mojados de deseo que ansiaban sus caricias... Localizado el punto donde notó que la respiración de ella se aceleraba y subía el volumen de sus gemidos, se afanó con delicadeza y esmero hasta notar las vibraciones del interior de la hembra, cuyo cuerpo se balanceaba al ritmo de los espasmos de un orgasmo prolongado... Y repitió la operación tantas veces durante aquella mañana convertida en noche, que Wynie perdió el control del tiempo hasta que la noche los envolvió de nuevo sin que ella lo percibiera... Implacable, el hambre bombardeó sus estómagos y tuvieron que parar para saciarla...

    Sentados en la mesa, las manos cogidas, los rostros gozosos y las bocas engullendo trozos de pizza calentada en el microondas, Wynie recordaba satisfecha la conversación masculina en El Maligno y concluía para sus adentro que sí. Que, efectivamente, un hombre podía prolongar el cunnilingus durante una hora. Volvió a reírse y decidió hacer al guiri partícipe de sus reflexiones. Rememoró el reto del Atrevido y su negativa a comprobarlo entonces. Él se interesó en conocer el motivo.

  -Simplemente, el tipo no me gustaba. De todas formas, no me hubiera ido con él así, abiertamente, después de lanzar semejante alegato en público. Además, como nadie se lo creía y yo no lo había experimentado antes, no llegó a despertarme el interés suficiente.

    -Espero que hayas cambiado de opinión, ¡jaja!

   -Por supuesto. He tenido la suerte de encontrar a un artista de la lengua como tú. La mayoría de los hombres son muy torpes en estas cuestiones, y los españoles, más aún.

    -¿Eso crees?...

    Wynie se levantó para preparar café. La conversación continuó y el maratón sexual de la pareja se prolongó el resto del fin de semana, hasta que el guiri llamó a un taxi con el tiempo justo para no perder el avión.

    Mañana os contaré el final de la aventura. Mientras tanto, espero vuestros comentarios sobre el juego sexual conocido como cunnilingus. Os animo, hombres y mujeres, a opinar sobre su duración, la intensidad y calidad del orgasmo que provoca o la pericia del que lo ejecuta.

                                                                                                                   RoCastrillo

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31 enero 2012 2 31 /01 /enero /2012 15:12

     "Donde esté un buen empotramiento, que se quite lo demás..." (Olivia N.)

    Wynie Smith se quedó de piedra al escuchar la confesión de Olivia. Sobre todo, porque recordaba a la perfección que su amiga le había contado cómo el Elegante la empotraba en el baño de El Maligno.  LA NOCHE DE ABREMELOYA!!! (II)

                                                     pin-up-chica-vectorial_636107.jpg

   -Aclárate, Olivia, le pidió. O entonces no me dijiste la verdad, o me estás mintiendo ahora...

     -Lo que te acabo de revelar es absolutamente cierto...

     -O sea, que aquella historia del baño...

   -No fue tal como te conté, admitió. Me comió la oreja asegurando que iba a hacerme maravillas, pero no pudo.

     -Porque no se le ponía dura.

    -Exactamente. Puso la excusa de que había bebido mucho. Insistió en que termináramos la sesión en mi casa, que se le pasaría. Y yo me lo creí.

    -¿Me estás queriendo decir que tampoco en tu casa pudo culminar la faena?

    -Así es. Ese tío es impotente, te lo aseguro.

    -En ese caso, ¿para qué querías repetir con él? No entiendo nada.

    -Por lo mismo que me lo llevé a mi apartamento aquel día. Estaba encantada de tener una aventura con el nuevo socio de mi ex marido y coquetear con él delante de sus narices...

    -Me temo que vas a quedarte con las ganas...

    -Así es. Bueno, que le den por culo y que le guste, saltó riendo. A lo mejor es éso.

   -No te extrañe. Algunos tienen un armario más grande y más divertido que el de Narnia. Están tan a gusto dentro que no encuentran el momento de salir, ja, ja...

    -¡Mira que eres bruja! Yo no te he dicho que sea maricón, sino que no se le empinaba.

    -Bueno, has insinuado que a lo mejor le gustaba... En cualquier caso, un buen amante no deja de serlo por el hecho de que no se le ponga dura. Si es bueno con la lengua y con las manos, la herramienta pasa a un segundo nivel. Y eso no significa que la aventura tenga que ser un fracaso, especificó.

    -No lo será para ti. Yo a un hombre con la polla floja no lo quiero para nada. Por muy hábil que sea en otros terrenos, nunca llega a satisfacerme por completo. ¿A ti sí?

     -Sí, por supuesto. Pero tiene que ser un artista en el sexo oral, aclaró Wynie.

    -Para mi no es suficiente. Donde esté un buen empotramiento, que se quite lo demás. Por muchas maravillas que me haga en las zonas bajas, no es suficiente.

     -Pero el Elegante, ¿te hacía o no esas maravillas?

    -¡Qué va!, reconoció. Incluso era un poco bruto en su forma de acariciar. No, no valía, afirmó convencida.

     -Vamos, que de elegante, nada.

     -Nada de nada. Te acabo de contar que mi único interés por él se basaba en hacer rabiar a mi marido cuando nos viera juntos. Ahora tengo claro que no merece la pena.

     -Me alegro. Si el tipo no te ponía encuentro absurdo que pretendas repetir con él.

     -Ya lo he descartado, no te preocupes.

   -Y ahora, ¿que hacemos? ¿Nos vamos a casa después de ésto?, preguntó Wynie señalando con un gesto a las bebidas medio vacías que consumían ambas.

   -No, para nada, indicó Olivia, rotunda. Haremos lo que teníamos previsto antes de encontrarlos en el restaurante. Terminar la copa y marcharnos a El Maligno, ¿que te parece?

      -Estupendo, así se habla, se congratuló Wynie.

     Un rato después, las dos amigas cruzaban la puerta de El Maligno. La primera impresión no las dejó nada convencidas, como si la noche no estuviera dispuesta a regalarles la consabida dosis de felicidad. El local estaba lleno de chicas, de esas que parecen buenas y se vuelven malas cuando llegan hasta allí. Demasiada mujer para unos cuantos hombres entre los que ninguna de las dos localizó a alguno que mereciera la pena. Se sentaron en el salón y Wynie, aburrida, sugirió a Olivia que se adentraran en la habitación azul.

     -Parece que hay más gente. Vamos a cotillear, a ver si vemos a alguien interesante...

     Dicho esto, se levantaron de sus asientos y se encaminaron a la sala azul. Nada más entrar, los ojos de Wynie se pararon en el rostro de un guiri, rubio y guapo, que ocupaba, junto a sus amigos, el sofá central. El grupo masculino las saludó y las invitó a acompañarlos. Olivia, no obstante, se sentía rara y le comentó a su amiga que había bebido mucho y no se encontraba bien.

     -Vámonos a casa, Wynie, yo me quiero ir, insistía.

     -Vale, de acuerdo, contestó la aludida haciendo ademán de levantarse.

    -¿Por qué quieres marcharte?, le preguntó el guiri poniéndose de pie junto a ella. Wynie admiró con satisfacción el cuerpazo masculino pero no hizo gesto alguno ni pronunció palabra que pudiera denotar su interés. Más bien al contrario

     -Porque me estoy aburriendo, le contestó con tono de indiferencia.

    -Lo siento. ¿Puedo hacer algo para retenerte?, inquirió al tiempo que rodeaba su cintura con sus fuertes brazos.

   -Sí, supongo que sí, le contestó sonriente mientras notaba los efectos del sopor que atravesaba su cuerpo. El guiri la besó, y ese beso cambió el curso de la noche.

     -Yo me quedo, Olivia, comentó al oído de su amiga.

     Olivia cogió su abrigo, se despidió del grupo y se marchó. Wynie volvió a sentarse y ya no estaba aburrida. Los brazos del guiri ceñían su cintura y los dedos acariciaban su vientre tímidamente, por encima de la camisa... Entonces desconocía que aquella historia iba a prolongarse más allá de sus pensamientos e intenciones... Y ocurrió, pero éso os lo contaré mañana...

                                                                                         RoCastrillo

 

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30 enero 2012 1 30 /01 /enero /2012 16:15

 

        Olivia y Wynie esperaron y desesperaron...

     Emi, Wynie, Olivia y Katty no fueron capaces de aunar sus intereses y ponerse de acuerdo para salir juntas el fin de semana. Emi decidió seguir enganchada a las obras cumbres de la literatura erótica universal y comunicó a sus amigas que no tenía intención de moverse de casa ni viernes ni sábado. Últimamente le había cogido el gusto a la costumbre de refugiarse en los libros; era su forma de escaparse de una realidad que la angustiaba. Katty, por su parte, ya tenía plan. Después de varios encuentros en el ciberespacio y una cita real en una cafetería de su barrio, el ejecutivo que conoció en la red insistió en invitarla a cenar. ¿SALIR DE COPAS O LIGAR POR INTERNET? No dudó en aceptar la propuesta. Estaba contenta y se vanagloriaba de ello ante sus amigas. “Es un tipo súper educado, muy atractivo y con la cartera bien llena, como a mi me gustan. Estoy harta de perder el tiempo con niñatos que no tienen donde caerse muertos. Es lo que tendríais que hacer vosotras”, insistía al resto del grupo.

                                            lagrima-29.jpg

     Olivia y Wynie, por el momento, no eran muy partidarias de las citas virtuales. Dicho ésto, decidieron echarse a las calles y reservaron mesa para cenar en un restaurante italiano del centro de la ciudad. Era viernes por la noche y un fin de semana sin niños ni compromisos de ningún tipo les abría sus puertas. El local estaba medio vacío cuando llegaron. ¡Un viernes a las 10 de la noche! Los estragos de la crisis, comentaron mientras tomaban asiento. Aún no habían acabado el primer plato y Wynie, de espaldas a la puerta, contempló el rostro emocionado de Olivia y el color encarnado que afloraba a sus mejillas.

     -¿Qué ocurre, reina? ¿Estoy perdiéndome algo digno de ver?, preguntaba impaciente a su amiga.

    -Acaba de entrar el Elegante con un par de amigos, contestó Olivia. Aún no alcanzas a verlos, pero vienen hacia aquí. Me ha fichado nada más abrir la puerta y me ha guiñado el ojo, especificó.  LA NOCHE DE ABREMELOYA!!! (II)

     El grupo masculino, tras saludar y piropear a las dos amigas, ocupó la mesa contigua. Ellas siguieron dándole a la sin hueso, al rissotto y a la pasta. Sabedoras de que el Elegante vigilaba a Olivia por el rabillo del ojo, se entretenían especulando si volvería o no la cara, o si se decidiría a preguntarles dónde pensaban tomarse la copa...

     No ocurrió ni lo uno ni lo otro. Continuaron las miradas furtivas y de reojo que el Elegante dedicaba a Olivia y la ausencia de conversación -ni siquiera un mínimo cruce de palabras- entre los ocupantes de las dos mesas contiguas. Finalizada la cena, Wynie llamó al camarero para pedir los cafés y la cuenta, y Olivia se levantó con la intención de salir a la calle a fumar un cigarrillo. En ese momento, el Elegante volvió la cara y se dirigió a ella abiertamente:

      -¿Os marcháis ya?, quiso saber.

      -Pronto, pero no ahora mismo. Nos faltan el café y pagar. Salgo a fumar, puntualizó ella.

      -De acuerdo. ¿Queréis venir a tomar algo con nosotros?, preguntó él.

      -Puede, contestó Olivia haciéndose la interesante.

     -Cuando vuelvas de fumar te convenceré, guapa, espetó él, muy seguro de sí mismo.

     Tan seguro que acertó. Las dos accedieron a tomar una copa con el trío de hombres en el lugar que ellos proponían: un viejo club de ambiente rockero que no frecuentaban desde hacía años. El Elegante sugirió que los esperaran allí, puesto que habían terminado de cenar y a ellos todavía no les habían servido el segundo plato...

     Olivia y Wynie esperaron y desesperaron en el local en cuestión. El grupo masculino no apareció y, según calcularon las amigas, había pasado tiempo suficiente para que se tomaran todos los platos del restaurante. “Esto es un plantón en toda regla, Olivia”, constató Wynie. Haz el favor de llamarlo y pedirle explicaciones.

     -No entiendo nada, no entiendo nada. Eran las únicas palabras que acertaba a pronunciar Olivia, el rostro contrariado, la mirada fija en la puerta de la calle y un lagrimón surcando su mejilla.

     -Haz el favor de secarte esa lágrima de cocodrilo y llamarlo por teléfono, le pidió Wynie en tono socarrón. A ver si les ha ocurrido algo, apuntó con una sonrisa pícara.

    El Elegante no contestó a las varias llamadas que le llegaron del teléfono de Olivia. No había otra razón distinta que el par de tetas de la camarera que les sirvió la mesa, con la que también se había citado cuando terminara su jornada en el restaurante. Olivia, sin embargo, atribuyó el plantón a otro motivo distinto y no dudó en contárselo a su amiga.

     -¿Sabes qué le ocurre a El Elegante?

     -Cualquier cosa. Ni idea. Puede que haya conocido a otra, apuntó Wynie.

   -¿En tan poco tiempo? Ya te digo yo que no. Lo único que ocurre -aseguró convencida Olivia- es que le da corte volver a la cama conmigo.

    -¿Corte? ¿Por qué? No lo entiendo.

    -Porque es medio impotente. No se le empina, confesó, y Wynie comprobó satisfecha que el lagrimón de cocodrilo había abandonado el rostro de Olivia, que lucía una sonrisa tan ancha como sarcástica...

  La noche, como estaréis imaginando, no terminó ahí. Mañana os seguiré contando...

                                                                                                 RoCastrillo

 

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29 enero 2012 7 29 /01 /enero /2012 14:37

 

                                             RAPE EN SALSA AMARILLA

                                      HNI_0032.JPG

    Preparar las recetas de un cuaderno de cocina escrito en los años 20 del siglo pasado es una aventura. Aunque se trata de platos de la gastronomía tradicional española, su elaboración es distinta por la variedad de las salsas, las especias y la mezcla de ingredientes que tienen que alcanzar a la vez el punto de cocción. Empecé la semana pasada con la  MERLUZA A LA ESPAÑOLA y el resultado fue espectacular. Ayer tenía invitados a comer y me aventuré con el “Rape en salsa amarilla”. Le dediqué tiempo y amor y, si debo ser sincera, no alcancé el objetivo deseado. No lo digo por el sabor, que resultó exquisito, ni por la textura que adquirió la salsa. El problema llegó más tarde, al servir los platos, y la dificultad residió en el pescado. Tal como escribió mi abuela, eché el rape bien lavado y cortado a trozos, pero no conseguí que todos ellos mantuvieran la forma una vez cocinados. Muchos se deshacían en la salsa al tocarlos con la cuchara de servir, lo que contribuyó a espesarla y a impedir que el plato pudiera servirse con una buena vista a los cuatro comensales. En teoría, la razón es que los trozos estaban demasiado hechos. Puedo haberme pasado del tiempo de cocción, que mi abuela no dejó indicado en la receta. Lo cierto es que cinco minutos antes de apagar el fuego saqué un trozo de rape de la olla, lo partí por la mitad y comprobé que aún no estaba hecho del todo. ¡Y cinco minutos después, se había pasado! Mis invitados alabaron el sabor exquisito de la salsa, pero los trozos de pescado se habían diluido. Aparté en un plato los que tenían mejor vista para hacer la foto que ilustra la receta y resultaba difícil encontrar uno entero en la olla donde se guisaron y quedaron los que sobraron.

    Os dejo la receta, copiada literalmente del cuaderno dedicado al Pescado, y os animo a probarla. ¡El sabor de la salsa fue un auténtico lujo para el paladar! Reto a los amantes de la cocina a meteros en faena y contarme vuestras experiencias. A ver si alguien es capaz de conseguir que el rape quede bien hecho y entero. Apunto dos recomendaciones que considero importantes: la primera es que pidáis en la pescadería el rape ya cortado y sin espinas, y la siguiente es que uséis azafrán de verdad, no colorante. ¡Feliz domingo!

                                                RAPE EN SALSA AMARILLA

                                     HNI_0023.JPG

   INGREDIENTES: Un kilogramo de rape, un decilitro de leche, 100 gramos de cebolla, cuatro dientes de ajo, perejil, unas rebanadas de pan muy finas y fritas, una hoja de laurel, una poquita de nuez moscada rallada, azafrán sal, pimienta y 125 granos de aceite.

    MODO DE HACERLO: Póngase el aceite al fuego, dórense los ajos y el pan y pásense al mortero. Fríase la cebolla y únase a los ajos. Échese el rape bien lavado y partido a trozos en el perol con la leche y el azafrán, las especias majadas y el perejil picado. Macháquese lo que tenemos en el mortero y agréguese al guiso, dejándolo hervir mansamente hasta cocerlo. Pruébese de sal y apártese en una salsa conservadita. Sírvase rodeando la fuente de picatostes.  ¡Que lo disfrutéis!

                                                                                                      RoCastrillo

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27 enero 2012 5 27 /01 /enero /2012 15:30

 

  El adiós que escuchara de sus labios sabía a abandono, olía a humedad y estremecía cada poro de su piel...

    Wynie soñó con el muchacho de 23 años y mirada transparente durante toda la noche que siguió a la merienda con sus amigas. Sentía el calor de su cuerpo musculoso mientras la abrazaba, las caricias de su lengua recorriendo su intimidad más recóndita y el placer que le regalaba en cada una de sus embestidas. EL VIGOR DE LA JUVENTUD Se despertó sudando y acarició cu clítoris húmedo en la intimidad de la alcoba. En el cenit del orgasmo solitario, su mente recorría a cámara lenta las secuencias de aquella tarde gloriosa. Su vista quedó invadida por el azul intenso de los  ojos del joven que, cual espejos, le devolvían el reflejo de su rostro pletórico.  ENCUENTRO ESPERADO... Y DESEADO

                                                       190px-Adonis3.jpg

    Se levantó, se dio una ducha y decidió vestirse de blanco. Botas altas, falda corta, jersey de lana, guantes y abrigo. Sonrió satisfecha al mirarse. Se veía muy guapa. No le daba la gana creer que 20 años de diferencia los separaban, y se esforzaba en alejar esa realidad que martilleaba su cabeza. Esperaba encontrárselo. Sabía que iba a ocurrir y estaba preparada para ello. Tan convencida se hallaba de tener el azar de su lado que planificó con detalle el encuentro. Previsora, había dejado la cocina recogida y la casa ordenada porque tenía la intención de invitarlo cuando lo viera. Eran las 11 de la mañana y estaba libre hasta las cinco de la tarde, hora de buscar a su hijo en el colegio ..

    Salió a la calle. La blancura de su atuendo iluminaba la mañana fría y gris. Dirigió sus pasos al supermercado donde lo viera por primera vez. Entró y dio varias vueltas a paso lento, husmeando cada estante, cada persona y cada rincón... Él estaba en sus pensamientos, no en la gran superficie donde las amas de casa se afanaban en hacer sus compras. Cogió algunos embutidos, leche, pan y yogures. Pasó por caja y se sorprendió por lo mucho que le habían cobrado. Con el tique frente a sus ojos se encaminó a la puerta y, literalmente, se tropezó con el muchacho. Yogures volando, bolsa en el suelo y el rojo invadiendo su cara.

    -¿Estás en la luna o qué? Ten cuidado, que te vas a matar, mujer, exclamó el chico en tono burlesco...

    -Ya, estaba distraída mirando el tique. ¿Y tú... cómo vas?, vaciló nerviosa...

    -Con prisa. A pillar algo para hacerme un bocata y a clase...

    -Pensaba invitarte a mi casa.

    -¿Ahora?

    -Sí, claro. Ahora que te he visto.

    -No tengo tiempo.

    -Ya. Acabas de decirme que te vas a clase. Otro día, entonces.

    -No creo que tenga tiempo.

    -¿Nunca? ¿Que quieres decirme?

    -Nada. Lo que has oído. Adiós, tengo prisa...

  La espada del desengaño atravesó con violencia el cuerpo de Wynie. El adiós que escuchara de sus labios sabía a abandono, olía a humedad y estremecía cada poro de su piel. Frialdad nevada que la inundó por completo. Blanca por dentro y blanca por fuera. Recordó las palabras de Katty: “no seas ridícula, Wynie”. Pero se sentía ridícula. Ése era el problema. Se rió de sí misma mientras lo pensaba. Al menos, tenía esa capacidad: reírse de ella misma alejaba la angustia.

   Volvió a casa y, al entrar, se alegró de ver todo tan ordenado. Recordó la apuesta que hiciera con sus amigas LA EDAD DEL AMOR y que acababa de perder. Así que se sentó junto al teléfono y se dispuso a llamarlas una a una para organizar la cena a la carta que les debía...                                                                                                                RoCastrillo

 

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26 enero 2012 4 26 /01 /enero /2012 15:26

“… Con veintipocos años, los chicos actúan como el conejito Duracell, mete y saca hasta que se acaba la pila...”

     La tarde avanzaba y las cuatro amigas continuaban su conversación sobre las relaciones con hombres mucho más jóvenes. MUJERES MADURAS Y SUS AMANTES JÓVENESKatty insistía en la imposibilidad de que una aventura perdurara cuando la diferencia de edad entre la pareja era tan grande. Y Wynie, aún emocionada por la felicidad que había experimentado con el muchacho de 23 años y mirada transparente, se ofuscaba al escuchar los argumentos de su amiga. Le emocionaba la posibilidad de volverlo a ver y repetir aquellos momentos de gloria... EL VIGOR DE LA JUVENTUD

                                                        210px-Jacopo_Zucchi_-_Amor_and_Psyche.jpg

   -No entiendo por qué te empeñas en continuar una historia que no tiene sentido. ¿Qué pretendes tener con un chico al que casi doblas la edad? No seas ridícula, Wynie.

    -¿Me llamas ridícula por querer volverlo a ver? No estoy pensando en casarme con él, ni siquiera en ser su novia... Me conformo con amarlo de vez en cuando.

     -Pues lamento decirte que te vas a quedar con las ganas. Pasará de ti en caso de que os encontréis de nuevo, ya me lo confirmarás. Además, tampoco me creo que sea tan buen amante como dices. A los veintipocos años, los chicos carecen de la experiencia necesaria para satisfacer a mujeres como nosotras. El mío era tipo conejito Duracell, mete y saca, mete y saca hasta que se le acabó la pila.

    -Eso le ocurriría al tuyo, Katty. No fue así con el mío y tampoco creo que Olivia piense lo mismo del de 28, ¿verdad?, preguntó señalando con el gesto a la aludida.

    -El de 28 en la cama era un cañón, respondió ésta convencida. En ese sentido, nada que objetar. Ahora bien: creo que Katty acierta cuando afirma que las relaciones son imposibles si la diferencia de edad entre la pareja es tan grande.

    -Otra igual, refunfuñó Wynie. ¿por qué, Olivia? Explícamelo, a ver si me convences.

    -Por una razón bastante simple: los intereses de ambos son muy dispares cuando uno pasa tantos años al otro. El de 28, por ejemplo, quería hacer lo normal en los chicos de su edad. Conocer gente, bailar hasta las tantas en una discoteca, salir, salir y salir. Y yo prefería quedarme en casa con él, en plan tranquilo, del sofá a la cama y de la cama al sofá. No me importa salir algún día, desde luego, pero de eso a pasarme las noches enteras en la calle hay un abismo.

    -Me acabas de recordar al polaco, Olivia, terció Emi. EL DESPERTAR SEXUAL DE EMI ABBOTT Con 60 años, lo único que quería era cama y sofá. Muchas veces me apetecía salir a cenar y no había forma de sacarlo del hotel. Cuando venía para tres o cuatro días, por ejemplo, nos encerrábamos en la habitación y no pisábamos la calle en todo el tiempo. Ese plan llegaba a agobiarme, pero como me hacía tan feliz en la cama me olvidaba del encierro.

    -No se trata solo de salir más o menos, chicas, apuntó Katty. Como bien acaba de decir Olivia, los intereses, en general, son muy dispares. Con 22 o 23 años un chaval está casi empezando su vida adulta. Piensa en terminar sus estudios, en buscar un trabajo, en independizarse... Incluso en marcharse al extranjero. Nosotras tuvimos esa experiencia hace muchos años y nuestras preocupaciones actuales son muy distintas. Las que no estamos situadas intentamos sobrevivir en medio de esta jungla, y las que habéis tenido la suerte de encontrar la estabilidad económica, como Emi, pensáis en cenar en un buen restaurante, en ir al spa, en viajar. Intereses distintos, está claro...

    -Desde mi punto de vista estáis desvariando, amigas, sentenció Wynie. Que yo sepa, para encamarse con alguien no es necesario que coincidan los intereses vitales. Con la atracción física basta...

    -La que desvaría eres tú, Wynie. Tu querido muchachito no va a prestarse al juego de ser tu amante. ¿Para qué? Seguro que puede tener a la chica que se le antoje. ¿Y va a estar pensando en buscar a la señora mayor para llevársela a la cama? Venga ya, tía, no seas tonta. Ese chico te vio en el supermercado, le gustaste y se propuso conquistarte. Incluso puede que hiciera alguna apuesta con sus amigos del tipo “me tiro a la vieja, que está muy buena para su edad”, o algo parecido. Conseguido el trofeo, a otra cosa.

    -No me llames vieja, que tú solo tienes cuatro años menos. Y no seas tan cruel, Katty, la recriminó Wynie.

   -Ni tú tan ingenua. Si quieres, hacemos la apuesta nosotras. ¿A que no consigues llevártelo al huerto una segunda vez?

      Así concluyó el asunto. Mis amigas decidieron que si Wynie conseguía repetir con el joven de 23, le pagarían una cena en su restaurante preferido. Y si se encontraba de nuevo con el muchacho y le daba largas, sería ella quién tendría que preparar en casa una cena a la carta para las cuatro. Tendréis el desenlace de la apuesta en próximas entradas de ABREMELOYA.

                                                                                                RoCastrillo

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25 enero 2012 3 25 /01 /enero /2012 17:22

      "Lo traicionó el subconsciente y me llamó mamá"

    Wynie Smith se sentía radiante un día después de su aventura con el muchacho de mirada transparente que le regaló la tarde más pletórica que su memoria podía recordar... Así que decidió invitar a sus amigas a tomar café y contarles los pormenores del encuentro... Todas tenían experiencia en amoríos con hombres más jóvenes. Katty Lloyd había tenido una noche de sexo furtivo con un muchacho de 21 años al que conoció en el metro. LA TENTACIÓN VIAJA EN METRO  Lo llevó a su casa y lo amó en silencio mientras su hijo dormía en la habitación contigua.

                                                      200px-George_Rennie_Cupid_Rekindling_the_Torch_of_Hymen_at_.jpg

    También Olivia N. era experta en el asunto. Más aún que sus amigas, puesto que había llegado a enamorarse de un joven de 28 años y se mostraba convencida de que se trataba de una relación imposible. EL LADO OSCURO DEL DESEO A Emi Abbott, por su parte, le sucedía lo contrario: el polaco que la adiestró en el arte de amar tenía 60 años, 18 más que ella. UNA AUTÉNTICA GEISHA  Y aunque la historia entre ambos había finalizado, ella seguía afirmando que la diferencia de edad no suponía problema alguno. “En el amor no importa la edad”, comentó un día en el transcurso de una comida con sus hijas y su amiga Wynie. “¿Tampoco te importará el día que te encuentres su dentadura postiza en la mesilla de noche, dentro de un vaso de agua, mami?, le respondió su hija menor muerta de la risa. “Eso no va ocurrir”, contestó tímidamente mientras se ponía roja como un tomate y sus hijas y su amiga se reían a carcajadas...

    El día de la merienda con sus amigas, Wynie preparó unas deliciosas tortitas con nata (cuya receta os ofreceré en breve). Mientras servía el café, su rostro pletórico por la felicidad del amor, Katty la miraba y sonreía.

     -No estarás pensando en repetir la aventura con ese muchacho, ¿verdad?, le preguntó.

     -¿Y por qué no?, saltó la aludida en tono retador.

     -Sencillamente, porque no te dará la opción, indicó Katty, muy segura de lo que afirmaba. Él ya ha conseguido su objetivo: llevarse a la cama a una mujer mayor y atractiva, prosiguió. Eso les da mucho morbo. Te apuesto lo que quieras a que ahora estará presumiendo con sus amigos de vuestra aventura. Y no querrá repetir porque ya sabe lo que es, puede contarlo y vanagloriarse de su conquista. Y si además, es tan guapo y tan buen amante como dices, peor me lo pones. Tendrá una fila de chicas de su edad con las que enrollarse.

     -A lo mejor no le gustan las chicas de su edad, como le ocurría al de 28, terció Olivia. Según él mismo me aseguraba, las jóvenes de su edad lo agobiaban mucho, se pasaban el día llamándolo por teléfono y lo acosaban hasta el cansancio. Conmigo, sin embargo, afirmaba sentirse tranquilo y seguro. De hecho, nunca lo llamé. Me llamaba él a mi o me entraba por el chat del Facebook.

     -Sí, claro. ¿Y ahora con quién está, contigo o con una de su edad?, inquirió Emi.

     -Creo que con nadie, respondió Olivia.

     -Pues no creas tanto, intervino Katty. Los hombres no saben vivir sin sexo, y sin son jóvenes y guapos, mucho menos. De todas formas, 28 no es lo mismo que 21, como tenía el mío del metro, o 23, como el ligue de Wynie. En estos dos últimos casos se trata de relaciones imposibles, sin sentido, apostilló. Voy a contaros algo curioso: en las pocas conversaciones que tuve con él, me hablaba de su madre, y yo a él, de mi hijo, que tiene 10. Que si mi madre me ha preparado tal comida, que si a mi madre le gusta tal cosa o va a cuál supermercado... Por mi parte, que si mi hijo está en tal colegio, tiene tal consola o fue a ver tal película. También me habló de sus estudios, de lo que le gustaría ser cuando fuera mayor... En fin, cosas que nosotras hemos pasado hace muchos años. Incluso llegó a llamarme mamá en algún momento. Me sentó fatal y le dije que no se le ocurriera repetirlo.

     -Qué mala leche, llamarte mamá, observó Wynie.

    -Estoy segura de que no lo hizo aposta, indicó Katty. Lo traicionó el subconsciente porque yo se la recordaba. Se disculpó y no volvió a ocurrir...

     Como podéis imaginar, la tertulia dio para mucho más. Mañana seguimos. Mientras tanto, espero ansiosa vuestros comentarios. ¿Tendríais una aventura con un chico del que pudiérais ser sus madres, o con un hombre al que pudieran confundir con vuestro padre? ¿Y los hombres, qué decís? ¿Os véis por ejemplo, cuidando a un niño que, siendo abuelos, hubiérais tenido con una mujer joven, como le ocurrió al padre de Julio Iglesias?

                                                                                                 RoCastrillo

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24 enero 2012 2 24 /01 /enero /2012 15:14

 

...Las lenguas enredadas se fundieron en una y el tiempo se paró para consumar la unión de los amantes...

   Cada poro de la piel femenina vibró en un enjambre de sensaciones que se apoderó de toda la extensión corporal y se manifestó en forma de gemidos placenteros que atravesaron paredes e inundaron de sonidos excitados las estancias de la vieja casa. La lengua vigorosa recorrió cada rincón del cuerpo envuelto en las redes del placer y se encaramó a las montañas que alzaban sus cumbres al cielo... Los ojos entreabiertos, los pechos que crecían entregados a los besos y las manos agradecidas que llenaban de caricias la ancha espalda masculina. Las lenguas enredadas se fundieron en una y el tiempo se paró para consumar la unión de los amantes...

                                        220px-Wiki-missionary.png

    En el cenit de la excitación, la mujer acogió al hombre y sus músculos internos se abrían y cerraban prolongando el hechizo del amor. El hombre entraba y salía del cuerpo liviano y sudoroso de la mujer. El miembro surcaba el océano y exploraba los arrecifes gozosos que recibían sus embestidas. El río se vació en el mar y expandió sus aguas dulces en la arena de la playa... Las olas dejaron de rugir y el silencio se adueñó del firmamento en calma. Por segunda vez, Wynie vio su rostro reflejado en la mirada transparente del muchacho y se recreó en el regalo que la vida le estaba ofreciendo ENCUENTRO ESPERADO... Y DESEADO . Estrechó el abrazo al cuerpo exhausto que descansaba sobre el suyo, cerró los ojos y escuchó el ritmo acompasado de la respiración mutua. Dejó que su mente vagara a su libre albedrío y percibió al muchacho convertido en hombre tras poseerla...

    La quietud de los cuerpos pegados sucumbió al paso de las horas y las penumbras tiñeron de gris la estancia donde descansaban. Sobresaltada por la oscuridad repentina, Wynie se incorporó del lecho y buscó un reloj. Tenía que estar en casa antes de las diez de la noche para recibir a su hijo.

    -¿Qué necesitas?, le preguntó el muchacho. ¿Estás nerviosa?

    -No. Solo quiero saber la hora.

    Él abrió el cajón de la mesilla situada al lado de la cama y sacó un reloj de pulsera.

    -Las siete y media. Pronto, aunque se haya hecho de noche. ¿Tienes prisa?, le preguntó.

    -Hasta las diez, no. Aún nos quedan dos horas, apuntó ella.

    -Voy a devorarte entera otra vez, ¿me dejas?

    Asintió con una sonrisa y se dispuso a recibirlo. El gozo se multiplicó al sentirlo de nuevo dentro de su cuerpo y el tiempo volvió a pararse. Su ser entero sucumbió a las acometidas del muchacho que se convertía en hombre para amarla... Tanta felicidad sintió que no pudo evitar darle las gracias.

      -Un placer, contestó él. Puedo seguir, si quieres.

      -¡Bendita juventud!, exclamó Wynie.

      -Me acaban de caer 23. Y tú, ¿no vas a decirme tu edad?

   -Pregunta indiscreta para una mujer, sonrió ella mientras él permanecía pensativo. Sí, podría ser tu madre, reveló Wynie en un susurro, como si acabara de desvelar un secreto inconfesable.

     -¿Por qué sabes que estaba pensando justamente en eso?

     -Por mi edad, cariño, por mi edad, repitió mientras pellizcaba sonriente su mejilla derecha.

   -Sigues sin decírmela, pero no me importa. En el amor no importa la edad. A mi no, precisó. ¿Y a ti?

    -No, tampoco. Más bien al contrario. Me halaga que un chico tan guapo y tan joven como tú se sienta atraído por mi.

    -Mucho, ya te lo he dicho. ¿Lo hacemos otra vez?, insistió.

    -Hoy no tengo tiempo. Otro día, ¿de acuerdo?

  -Perfecto. Como quieras. Tú decides, preciosa, la piropeó al tiempo que sus dedos juguetones aplastaban los pezones prominentes...

   “En el amor no importa la edad”. La frase permaneció anclada en la mente de Wynie mientras abandonaba aquella casa y tomaba el camino de la suya. No hubo adioses ni intercambio de teléfonos. Solo un beso largo y profundo. Y el convencimiento de que volverían a encontrarse...

    Aquí os dejo, queridos lectores, otro tema para el debate. ¿La edad importa en el amor? ¿Te irías con una mujer que podría ser tu madre, o con un hombre al que pudieran confundir con tu padre? Espero vuestros comentarios debajo del texto, pinchando en la pestaña “escribir un comentario”.

                                                         RoCastrillo

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23 enero 2012 1 23 /01 /enero /2012 18:44

 

    ...Aquellas paredes marcadas por el paso de la vida escuchaban sus gemidos...

                                             4933733.jpg

    Miércoles 18 de enero. Wynie Smith tenía la fecha grabada en su mente. Esperaba que le ingresaran el importe de varias colaboraciones que había realizado para la revista de moda y decoración que dirige su amiga Emi Abbott. Poco antes de la hora de comer metió su tarjeta en el cajero y ¡bingo! Efectivamente, el dinero estaba en su cuenta. A pesar del frío, el sol lucia radiante aquella mañana de invierno. Decidió darse un pequeño homenaje y se sentó a comer en la terraza de un restaurante hindú cercano a su casa. No tenía trabajo ni prisa. Su hijo pasaría toda la tarde con el padre, que lo recogería a la salida del colegio. No lo dejaría en su domicilio hasta las diez de la noche, y hasta esa hora podría ella prolongar su tiempo de descanso (que no fue tanto).

    Saboreaba lentamente una samosa de verduras. Inmersa en sus pensamientos y en el sabor exótico de la comida, no miraba a la calle ni se fijaba en la gente que pasaba. De repente sintió unas manos grandes que tapaban sus ojos. Volteó la cabeza con un giro brusco, se deshizo de las manos y lo vio. Era él, el muchacho del supermercado, y suyas eran las manos que taparon sus ojos.  TURBADA POR UN LIGUE IMPREVISTO

   -¡Ah, eras tú!, le dijo sonriendo. No te había visto llegar. ¡Y mira que eres grande!

  -Yo a ti sí. Te he reconocido de espaldas. Eres inconfundible. He estado unos minutos mirándote cómo disfrutabas con eso que comes. ¿Qué es?

  -Samosa. Una especie de empanadilla crujiente rellena de verduras. ¿Quieres? ¿Has comido ya?

    -No. Mi compañero de piso me está esperando y no me parece bien dejarlo plantado. Si no fuera así te acompañaría encantado.

    -No importa. Otro día, le contestó ella.

  -Mejor hoy, afirmó decidido el muchacho. Espérame aquí, por favor. Como con mi compañero y vuelvo. No tardaré nada

     -¿Y cuánto es para ti nada? Si me aburro y no llegas, me voy, le advirtió.

   -No lo harás porque me tendrás a tu lado antes de eso, guapa, le dijo al tiempo que la besaba en la mejilla y corría apresurado calle abajo.

    Wynie terminó la samosa, el pollo al curry con arroz basmati y el batido de mango que pidió de postre. Estaba llamando al camarero para que le trajera un té cuando lo vio acercarse, caminando de prisa y a pasos agigantados...

     -¿No he tardado mucho, ¿verdad?, le dijo mientras tomaba asiento a su lado.

     -¿Quieres un té?, inquirió ella por toda respuesta.

   -Te quiero a ti. Termina y ven conmigo, espetó el joven en plan macho dominante y seguro de sí mismo. Plantó sus codos sobre la mesa y se quedó mirándola fijamente a los ojos, como si esperara una respuesta de confirmación.

     Wynie vio su propio rostro reflejado en la mirada transparente del muchacho y pensó en el regalo que la vida le estaba ofreciendo justo en esos instantes. Bajó la vista hacia los labios carnosos, los hombros anchos y los brazos fuertes de su acompañante. No lo vio como a un chaval que probablemente tuviera 20 años menos que ella, sino como al hombre que la deseaba ardientemente. Decidida, llamó al camarero y pidió la cuenta. Sintió sus pechos endurecerse, las cosquillas adueñándose de su estómago y el líquido que cruzaba su interior e inundaba la zona erógena...

    Poco después estaba contra la pared del salón envejecido, pequeño y cuadrado de una casa desconocida. Su lengua enredada con la del muchacho, sus manos agarradas con fuerza a la ancha espalda y el falo grande y caliente que buscaba entre sus piernas el lugar donde refugiarse... La excitación crecía por segundos y aquellas paredes marcadas por el paso de la vida escuchaban sus gemidos, cada uno más intenso que el anterior. Cuando estaba preparada y deseosa de que entrara en su cuerpo, él se retiró y le acarició la mejilla.

  -Tranquila, tengo que coger un preservativo. ¿Qué tal si nos duchamos juntos? Estoy sudoroso. He corrido mucho para estar contigo, cariño, le dijo con una sonrisa pícara.

   Wynie no se molestó. Más bien al contrario. Le pareció estupendo que el muchacho se preocupara de tener sexo seguro, medida que ella también tomaba y valoraba en la pareja de turno. Asintió con una sonrisa igual de pícara y se dejó llevar por la poderosa mano que apretaba la suya y la conducía hasta el cuarto de baño. Hacía frío. Él cerró la puerta y enchufó un radiador eléctrico. Las bocas pegadas y las manos de cada uno intentado despojar la ropa del cuerpo del otro sin que los sentidos perdieran la concentración en el beso profundo, el encuentro de lenguas ansiosas y el deseo que calentaba la estancia más que la estufa eléctrica. Se enjabonaron, se admiraron y se acariciaron bajo el agua tibia. Tampoco en la ducha le hizo el amor, como si el tiempo no corriera y les quedara toda la vida por delante, o como si el deseo no le urgiera tanto como a ella. Se secaron pegados en la misma toalla, él la cogió en brazos, la condujo hasta el dormitorio y la depositó encima de la cama. Wynie se estremeció por el frío de la estancia.

   -Aquí no hay estufa, pero no te preocupes. Eso lo arreglo yo en un instante, le dijo al tiempo que abría sus piernas y colocaba su cabeza entre ellas “para hacerte disfrutar y que entres en calor”, afirmó justo antes de recorrer con su lengua cada pétalo de la flor abierta y humedecida...          

                                                                                                              RoCastrillo

 

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22 enero 2012 7 22 /01 /enero /2012 16:11

     Literalmente, reproduzco el texto que mi abuela Carmen escribiera, hace casi un siglo, en el cuaderno de cocina dedicado al pescado

    ¡Riquísima! Acabo de terminar el plato y de tomar la imagen que ilustra estas líneas. No he podido resistir la tentación de probarlo. Son las 14,30 y estoy esperando que mi hijo termine de hacer sus deberes para comer. Estamos los dos solos y va a sobrar, pero así ha surgido. Hoy mis amigas tenían compromisos familiares y ninguna ha podido apuntarse a la fiesta de la merluza a la española. Mañana espero la visita de Olivia N., encantada de compartir conmigo el placer de degustar tan antigua y tradicional receta. Por mi parte, os aseguro que no me importará repetir comida. Más bien al contrario: lo haré muy gustosa. 

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    Esta mañana me he levantado temprano para ser domingo. Exactamente, a las 10,15. He desayunado, he recogido la ropa y he puesto la lavadora. Mi hijo dormía y el silencio reinaba en casa. He sacado los ingredientes necesarios para la receta y, antes de meterme en faena, he pensado en qué música podría escuchar para acompañar mi quehacer. El gran Carlos Cano ha sido el elegido. Acompañada por María la portuguesa, me he metido en faena. Reproduzco, a continuación, el texto que mi abuela escribiera hace casi un siglo, y que voy a copiar literalmente del cuaderno de cocina dedicado al pescado.

    Ingredientes para 8-10 personas: Dos merluzas de un kilogramo cada una, 125 gramos de tomate, un pimiento verde o marrón, 125 gramos de zanahoria, 100 gramos de cebolla, media cabeza de ajos, un manojo de perejil, 30 almendras peladas y fritas, un vasito de vino, sal, pimienta, nuez moscada, laurel, dos clavos, 200 gramos de aceite, dos huevos, pan rallado para empanarlas y aceite para freirlas.

    Modo de hacerlas: Límpiense perfectamente las merluzas de agallas y espinas, lávense y partense a trozos grandecitos. Por espacio de una hora, ténganse en una fuente rociadas de vino, algo de sal, un diente de ajo y perejil picaditos. Mientras tanto, póngase el aceite al fuego, píquese el tomate lavado y limpio de pipas, la cebolla a cascos, los ajos sueltos y sin pelar, las zanahorias peladas y a trozos, el pimiento, el laurel, clavo, pimienta y nuez moscada. Rehóguense bien y añádase agua, dejándose hervir hasta que esté muy tierno. Cuando todo esté en su punto pásese por un tamiz y añádanse las almendras muy majadas, dándole a todo unas vueltas al fuego para ligar bien la salsa. Empánense los trozos de merluza, fríanse hasta que tomen un bonito color dorado y, bien escurridos, colóquense en la fuente donde han de servirse; ésta debe ser lo suficientemente espaciosa para que no estén unos encima de otros. Una vez todo preparado, viértase sobre ellos la salsa caliente y sazonada, rocíense con el resto del perejil que teníamos bien picadito y sírvanse.

     Hasta aquí hemos llegado con la merluza ya cocinada y en la mesa. ¡Lista para comer! Os aseguro que Adrián y yo hemos disfrutado mucho con esta riquísima comida de domingo. Y, como os contaba antes, estaré encantada de repetir el menú mañana, junto a mi amiga Olivia N, mujer relajada y contenta después de su aventura en Navacerrada.  UN LEÓN DISFRAZADO DE EJECUTIVO

   Espero que os atreváis a preparar esta deliciosa receta. Os aseguro que no entraña dificultad alguna aunque, como la mayoría de las comidas, exige tiempo y paciencia. Las prisas, en la cocina, son malas compañeras de viaje. L@s que viváis en pareja, pedir ayuda al susodicho/a. Y no os voy a decir cuál sería la mejor forma de agradecer dicha ayuda, ja, ja! A buen entendedor, pocas palabras bastan...

   Mañana, como siempre, tendréis un nuevo relato erótico en ABREMELOYA!!! Hasta entonces, feliz -y si es fogosa, mejor- tarde de domingo.

                                                                                     RoCastrillo

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  • : Un blog de relatos eróticos y cocina con solera. Nuevos contenidos a diario. De lunes a jueves, las aventuras nocturnas y las conversaciones sobre sexo y hombres de Emi, Wynie, Olivia y Katty. Los fines de semana, recetas elaboradas siguiendo los viejos cuadernos de cocina de mi abuela, escritos hace más de 80 años. Y todos los días, discusiones sobre temas sexuales en la sección "Foro de Debates"
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