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11 febrero 2012 6 11 /02 /febrero /2012 15:49

                           RECETAS CON SOLERA: POLLO A LA MARSELLESA

     Ayer tuve reunión femenina en casa y me acosté muy tarde. La conversación del gineceo estuvo centrada en las diversas aventuras que vivieron mis amigas  MIS AMIGAS  a lo largo de la semana que ahora concluye. Katty y Wynie salieron juntas una noche y me hablaron de una teoría filosófica llamada logofonofalocentrismo. Prestad atención a los relatos diarios de ABREMELOYA y os enteraréis de qué va. Olivia N., por su parte, asistió a un concierto de flamenco y, en la fiesta posterior, conoció a Jessica, un travestí de quién también os daré noticias próximamente.

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    Mis amigas se marcharon bien avanzada la madrugada y me dejaron tantas historias en la cabeza que no podía dormirme. Hoy me he despertado bastante cansada y con la sensación de que necesitaba dormir algo más, pero mi cita ineludible con las recetas con solera de mi abuela me ha expulsado de la cama y me ha arrastrado a la calle. Antes, he repasado los viejos cuadernos y, tras barajar varios platos, he optado por el “Pollo a la Marsellesa”. El nombre sonaba a cocina francesa y me ha llamado la atención que se usara en una época tan antigua. La lectura de la receta, sin embargo, no me ha aportado ningún detalle atribuible a la cocina del país vecino. Su sencilla elaboración y el hecho de tener en casa la mayoría de los ingredientes han propiciado la elección.

   Tal como ya os había contado UN POLLO CON HISTORIA Y SOLERA , las recetas de “Pollo o gallina” figuran en un apéndice del cuaderno dedicado al pescado y no fueron escritas por mi abuela, sino por mi bisabuela. He vuelto a leer despacio la elegida y me ha sorprendido que no lleve ninguna especia, salvo perejil espolvoreado al final. En consecuencia, he decidido no ponerle nada más que sal. Otro detalle que ha despertado mi curiosidad ha sido la expresión “aceite muy luciente”, que utiliza mi bisabuela en la primera frase del texto. Como no sé a que se refiere exactamente, he intuido que querría decir aceite limpio, sin usar, y así lo he empleado.

     He tenido que salir a comprar el pollo y me he alegrado de hacerlo. ¡No hacía frío y lucía un sol espléndido! He vuelto a casa con la cesta de la compra y sin que sucediera nada especial. Antes de meterme entre fogones me tocaba elegir el acompañamiento musical. Y, aunque no suelo escuchar canción española, los viejos cuadernos me han motivado a poner unascoplas de Concha Piquer. Inspirada por un imaginario galán extranjero “blanco y rubio como la cerveza” y con el pecho tatuado, según lo define la canción, me he metido en faena.

    La elaboración de la receta me ha resultado muy fácil. En menos de una hora el pollo estaba listo. Sin que entrañara ninguna complicación, ha salido con una vista estupenda y, lo que es mejor, riquísimo. ¡Altamente recomendable! Paso a enumerar los ingredientes utilizados y, a continuación, reproduzco literalmente el escrito que dejara mi bisabuela.

INGREDIENTES PARA 4-6 personas: Un pollo troceado, aceite, sal, perejil picado, un decilitro de vino blanco, el zumo de un gajo de limón, dos cabezas de ajo, cien gramos de pimientos verdes y tres tomates.

ELABORACIÓN: Se rehoga el pollo con aceite muy luciente y estando a medio cocer se le ponen dos cabezas de ajo semimachacadas, cien gramos de pimientos verdes en tiras delgadas, tres tomates cortados en cruz y con ésto seguir rehogando hasta que esté cocido. Entonces se escurre bien el aceite y se agrega el jugo de un gajo de limón y un decilitro de vino blanco. Se hace cocer hasta que haya desaparecido casi el vino. Se sirve el pollo cubriéndolo con su aderezo y espolvoreándolo con perejil triturado.

Nota: Cocinar siguiendo unos apuntes tan viejos tiene el inconveniente de que no hay forma de solventar las dudas que surjan. Cuando esto ocurre no me queda más remedio que fiarme de mi intuición y experiencia en la cocina. En el caso del Pollo a la Marsellesa, la receta, que he copiado textualmente, no deja claro cómo deben ponerse los ajos y si hay que echarlos pelados o no. He optado por separar los dientes necesarios, quitarles la piel al completo y añadirlos así a la cazuela. Y, por el sabor final del guiso, me quedo con la sensación de haber acertado.

OS DESEO UN FELIZ -Y SI ES ERÓTICO, MEJOR- FIN DE SEMANA!!!

RoCastrillo

 

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10 febrero 2012 5 10 /02 /febrero /2012 17:41

       ¡LA MERIENDA PREFERIDA DE LOS NIÑOS!

   Hoy os propongo una merienda (o desayuno) especialmente indicada para los más pequeños de la casa: tortitas americanas con nata. A mi hijo le encantan y me pide a menudo que se las prepare para invitar a sus amigos a merendar. Literalmente, se chupan los dedos. Y por mi parte, verlos disfrutar tanto me enorgullece. La receta es muy sencilla aunque tiene un truco que es obligatorio seguir a rajatabla para obtener un resultado óptimo. Os dejo los ingredientes en primer lugar, y seguidamente os explico cómo se hacen.

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INGREDIENTES PARA 4-6 PERSONAS: Un huevo, una pizca de sal, un vaso lleno de leche, el mismo vaso lleno de harina, una cucharadita de levadura, una cucharada grande de azúcar y la misma cucharada de aceite de oliva.

MODO DE PREPARACIÓN: En el orden en que están escritos, se van echando los ingredientes en el vaso de la batidora y se muelen todos a la vez hasta que quede una masa sin grumos. Se pone una sartén antiadherente al fuego. Cuando la sartén este caliente se deja a fuego medio y se vierte la masa despacito hasta conseguir la forma circular de la tortita. Veréis que la superficie de la tortita se llena de pequeñas burbujas, y ahí está el truco. Hay que dejar que la tortita se haga por un lado sin tocarla. Veréis que las burbujitas empiezan a explotar. lo que indica que ha llegado el momento de darle la vuelta. Tenéis que esperar que la mayoría de las burbujas hayan explotado para darle la vuelta a la tortita con una espátula de madera. Si seguís este paso, la tortita se despega perfectamente, la dejáis unos segundos al fuego para que se haga por el otro lado, la sacáis en una fuente y echáis la siguiente. Repetir el proceso hasta consumir toda la masa preparada.

    Una vez hechas todas las tortitas, les echáis por encima nata montada y sirope de chocolate, de caramelo o de fresa, según los gustos. Estos siropes se venden ya preparados y suelen ser los preferidos de los niños, sobre todo el de chocolate.

     Estas tortitas también resultan exquisitas como desayuno, y no solo a los niños. Para los mayores recomiendo el estilo puramente americano: cuando la tortita está recién hecha la untáis con mantequilla y la rociáis por encima sirope de arce. El arce es un árbol típico de Canadá cuya savia se utiliza para elaborar sirope de repostería. Lo encontraréis en las grandes superficies o en tiendas especializadas. ¡Os aseguro que se trata de una auténtica delicia para el paladar! Manos a la obra y ¡a disfrutar! El éxito de las tortitas está garantizado: ricas, nutritivas y energéticas.

    Y mañana, sábado, os sorprenderé con un nuevo plato de cocina con solera, preparado siguiendo las recetas de los viejos cuadernos de mi abuela. ¡No os lo perdáis!

    Como cada fin de semana, explicaré la historia del plato elegido y os contaré los acontecimientos desde que salga a comprar los ingredientes hasta que sirva el plato en la mesa.

                              ¡¡¡COCINA CON SOLERA EN ABREMELOYA!!! 

                                                                                                                     RoCastrillo

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9 febrero 2012 4 09 /02 /febrero /2012 12:18

     Adonis volvió del Olimpo convertido en hombre para poseerla...

     Ayer pasé toda la mañana en ascuas. Esperaba que mi amiga Katty Lloyd me telefoneara para contarme cómo le había ido con su flamante conquista. UNA MUJER, UN ORDENADOR Y UN SUEÑO  La llamada no se produjo hasta bien entrada la tarde. Por el tono de voz, la encontré más que satisfecha: exactamente, pletórica.

                                            adonis.jpeg

     -Físicamente no vale nada, fue lo primero que me dijo.

     -¿Entonces?

     -Me parece un tipo agradable, educado y estupendo. Voy a seguir viéndolo, concluyó.

     -¿Hubo sexo o no? Me tienes intrigada.

    -No. Fuimos al cine a ver “The artist” y después tomamos un par de copas en un local cercano.

     -¿Y dónde está la gracia de tu nuevo galán? ¿En la cartera?, le pregunté riendo.

   -Supongo que ahí también, pero sobre todo, en su persona. Nos encontrábamos tan a gusto charlando que cuando nos dimos cuenta eran las 4 de la mañana. Me aseguró que tenía una reunión importante de negocios a primera hora y necesitaba descansar un rato. En honor a la verdad, me quedé un poco cortada. Salí con ganas de sexo y no me apetecía volver a casa de manos vacías...

     -Pero volviste...

     -No. El destino me había guardado un regalo estupendo, reveló pletórica.

  -¿Cóooomo?, le pregunté tan emocionada que di un salto de la silla y el teléfono inalámbrico que sujetaba entre mis manos se cayó al suelo y se cortó la comunicación. Tuve que esperar un rato para volver a contactar con mi amiga.

     Cuando reanudamos nuestra charla, Katty me contó que su acompañante vivía al lado del cine donde habían quedado. Como pensaba volver a casa andando, la acompañó a coger un taxi camino de la suya. Se besaron en los labios y el galán le pidió una cita para el próximo fin de semana. Ella, no por falta de ganas sino con la intención de hacerse la interesante, le contestó con un lacónico “es probable”, que dejó en el aire un abanico de posibilidades. El hombre le sonrió mientras le abría, caballeroso, la puerta del taxi.

     Llegó a su destino, abrió el portal del edificio donde residía y tomó el ascensor. Al llegar a la planta donde se ubicaba su vivienda le sorprendió escuchar música a un volumen más alto de lo normal y una algarabía de voces que provenían del ático situado en la planta superior. Nunca había escuchado ruidos arriba y estaba segura de que nadie vivía allí. Como no tenía sueño, decidió subir por las escaleras y comprobar si algún fantasma estaba celebrando una fiesta.

     Nunca pensó que aquella ocurrencia iba a terminar arrastrándola a los brazos de su nuevo vecino: un moreno de verde luna y mirada felina que celebraba la inauguración de la vivienda que acababa de alquilar. Se quedó de piedra cuando llamó con el pretexto de protestar por el ruido y aquel Adonis la invitó amablemente a pasar y se congratuló de tenerla como vecina. Poco después disminuyó el ruido y los escasos invitados que quedaban en la fiesta empezaron a marcharse. Katty hizo amago de despedirse también, pero Adonis, alegando que acababa de llegar y aún tenía la copa llena, la convenció para que se quedara escuchando música y charlando con él. Pocos minutos después, ni conversación ni música. Solo el eco de los gemidos acompasados. Sus lenguas enredadas, sus cuerpos desnudos y abrazados en el sofá y la ropa de ambos desperdigada por el suelo del salón. La física y la química hicieron su trabajo y Katty no pudo resistirse a la belleza tentadora de Adonis, al deseo que emanaba de su mirada felina ni a las caricias de sus manos expertas. Su cuerpo se abrió para recibir el regalo que el destino le estaba ofreciendo aquella noche: Adonis había vuelto del Olimpo convertido en hombre para poseerla y calmar su sed.

                                                                                       RoCastrillo

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8 febrero 2012 3 08 /02 /febrero /2012 13:16

      La citó en su hotel y, después de cenar, le pidiò que subieran a su habitación...

    Katty Lloyd llegaba a casa cansada cada tarde. No tenía un trabajo fijo pero siempre estaba ocupada: de casting en casting, corriendo por los pasillos del metro para llegar a tiempo a buscar a su hijo al colegio, visitar a su madre... No obstante, cuando cesaba la intensa actividad diurna y la noche cubría los cielos de Madrid, la soledad envolvía su cuerpo y su alma. Sobre todo, si el pequeño estaba con su padre y ella no tenía más ocupación que la de encerrarse entre las cuatro paredes de su apartamento. No le gustaba vivir sola y tampoco lo había hecho en etapas anteriores de su vida. De la casa de sus padres pasó a la de su primer marido, y a éste lo dejó por el segundo. Después de amarlo con locura, de darle un hijo y convivir con él durante más de una década, no le quedó otro remedio que abandonarlo. Víctima de un maltrato psicológico cruel y cansino, optó por quedarse sola al constatar, sin un ápice de duda, que era preferible vivir sola a tener al enemigo metido en casa... Y ahora, tres años después de divorciarse por segunda vez, la soledad la atormentaba con cizaña.

                                                  ligar web

   En lo más profundo de su ser, Katty alimentaba el deseo de encontrar el amor verdadero: el que había visto en sus padres. La entrega sin fisuras, el cariño y el respeto que perduran durante toda la vida. Sin embargo, el miedo a un tercer fracaso la coartaba. No deseaba una relación basada únicamente en el sexo y tampoco estaba dispuesta a comprometerse con el primero que le ofreciera amor eterno. Era consciente de que la convivencia resultaba difícil y terminaba convirtiendo a los príncipes en sapos. ¿Dónde encontrar al bueno? Ése era el dilema que Katty no sabía resolver. Las salidas nocturnas con sus amigas habían dejado de satisfacerla. Esaba casada de pasar las noches bebiendo en los bares con lel deseo de conocer a alguien interesante... Y de volver sola a casa porque nunca aparecía el caballero adecuado...

   Su aventura con el ejecutivo que conoció en el espacio virtual no llegó a resultar LA DECEPCIÓN DE KATTY LLOYD , pero le abrió las puertas a un mundo que adivinó fascinante, lleno de expectativas y hombres solteros a los que merecía la pena dar un voto de confianza... Así que cada noche, después de cenar, se acomodaba en el sofá con el portátil sobre las rodillas y se ponía manos a la obra. Mujer guapa y culta, el perfil que colgó en varios portales de relaciones recibía cientos de peticiones masculinas. Katty desechaba a los que no le gustaban físicamente y a los que escribían con faltas de ortografía. “Los incultos no me interesan aunque sean guapos”, comentaba riendo a sus amigas. Y aun así, seguía teniendo largas listas de aspirantes a conocerla.

     Una noche aceptó la invitación de un hombre de negocios de Valencia que asistía a un congreso en Madrid. La citó en su hotel y, después de invitarla a cenar en un restaurante cercano, le pidió que subieran a la habitación. A Katty no le sorprendió la propuesta. Para algo estaba allí. El caballero era alto, apuesto y buen conversador. Lo había escogido después de seleccionarlo entre una veintena de candidatos finalistas, y tras llevarse varias horas chateando con él. Sin embargo, la decepcionó. Le regaló una noche de sexo tórrido y ansioso que le proporcionó un par de orgasmos. Nada más. Puro sexo. Precisamente, lo que ella no buscaba. Necesitaba sentir algo más y siguió dándole a la tecla. Se apuntó en una web que ofrecía relaciones estables y no tardó mucho en encontrar un nuevo pretendiente. Se trataba de un galán de edad similar y nivel académico equivalente al suyo. Solo había un pequeño inconveniente: el caballero era de su misma altura y ella estaba acostumbrada a salir con tipos que le pasaban la cabeza. Además, tenía que solventar otro dilema: la voz. Temía que el elegido pudiera tener voz de pito y esa posibilidad la desconcertaba. Necesitaba descartarla y le propuso que la telefoneara y le preguntara lo que quisiera. Ella haría lo mismo con él y así podrían conocerse mejor antes de la cita en el mundo real. El aspirante aceptó y pasó la prueba. Katty comprobó que tenía una voz agradable y, como ya lo conocía por la foto colgada en la web, aceptó citarse con él para ir al cine. Ilusionada, pensaba que la falta de altura, tratándose de un hombre guapo y culto, era un mal menor. “Si me pongo unos zapatos planos no llegaré a sobrepasarlo”, pensaba sonriente mientras escogía un estilismo apropiado para el encuentro. Optó por un traje de chaqueta y pantalón color tierra. “Sencilla a la par que elegante”, se piropeó frente al espejo minutos antes de salir...

     Los hechos que acabo de relatar ocurrieron ayer. Desconozco el desenlace porque mi amiga Katty todavía no me ha llamado para contármelo. Espero, queridos lectores, poder ofreceros más detalles mañana...

                                                                                                                RoCastrillo

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7 febrero 2012 2 07 /02 /febrero /2012 12:18

   No mencionó la cuestión sexual durante toda la cena. Ni siquiera le cogió la mano...

   El ejecutivo aparcó su imponente biplaza negro en la puerta del domicilio de Katty Lloyd. Ella miraba al exterior desde el balcón de su apartamento y no bajó hasta cerciorarse de que ya estaba allí. No quería que llegara y viera que lo esperaba en la calle. El hombre no escatimó piropos al saludarla. Lucía un traje de chaqueta azul que entallaba su cuerpo y realzaba el brillo de su mirada clara. Se veía muy guapa al mirarse al espejo antes de salir y el galán se lo confirmó. Se saludaron con un par de besos recatados en las mejillas y ella subió al lujoso automóvil con una sonrisa ancha.

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     La llevó a un restaurante francés situado en el extremo norte del barrio donde ambos vivían. Tenía mesa reservada y, por los saludos que le dedicaron varios empleados del establecimiento, Katty notó que se trataba de un cliente asiduo. Dada la categoría del local, este detalle la complacía. El ligue que había encontrado en el espacio virtual no era un don nadie sin oficio ni beneficio, pensó satisfecha. Durante la copiosa cena, regada con un carísimo caldo del país vecino, Katty supo que su acompañante era divorciado y padre de dos hijos; que viajaba frecuentemente por motivos de negocios y que buscaba una relación estable. No le gustaba estar solo en casa ni encontrarse la cama fría y vacía cuando volvía de sus múltiples compromisos laborales. Comprobó asimismo que el dinero no le ocasionaba problema alguno. En tiempos de crisis, lo vio pagar la cuenta con una tarjeta dorada y dejar una generosa propina en metálico. Hasta el momento, no tenía casi nada que objetar a su flamante galán. El “casi” estaba relacionado, sobre todo, con la actitud excesivamente correcta del caballero. Ni le tiró los tejos, ni le cogió la mano ni hizo mención a una posible relación sexual. La cuestión se mantuvo ausente durante toda la cena y ausente continuó en el transcurso de la velada. Tomaron una copa en una distinguido local cercano al restaurante, prolongaron una conversación nimia hasta que se acabaron las bebidas y Katty se vio, acomodada de nuevo en el amplio asiento de cuero del deportivo, de vuelta a casa. Su gozo en un pozo. ¿Me he puesto así de mona para nada?, se preguntaba mientras tomaba el ascensor de la conducía a su hogar.

    Recordó que el caballero le había comentado que no quería sexo en la primera cita, ¿SALIR DE COPAS O LIGAR POR INTERNET? pero acababan de finalizar la segunda sin que sus cuerpos llegaran a rozarse... Unos besos castos en las mejillas a la llegada y en la despedida fueron el único contacto entre ambos.

   Katty no quiso alarmarse ni preocuparse por la ausencia de sexo en dos encuentros seguidos. El plan le parecía demasiado bonito para fastidiarlo por un revolcón. Además, ella estaba cansada de las relaciones que se limitaban al sexo por el sexo. Decidió olvidar el asunto, prepararse una infusión caliente y meterse en la cama. Había una tercera cita en ciernes y, como dice el refrán, a la tercera va la vencida.

    Pasaron los días y se incrementaron los encuentros con el ejecutivo. La llamaba con frecuencia, la invitó a merendar en un par de ocasiones, la visitó en su casa y le regaló rosas rojas y selectos bombones. Mucho glamour y poco sexo. O mejor dicho: nada de sexo, se lamentaba ella. La última vez que lo vio, el hombre le habló de una virtud femenina de la que Katty carecía: la castidad. “Una cosa es que esté cansada del sexo por el sexo y otra bien distinta es la ausencia total de contacto”, se lamentaba para sus adentros. No quería ni un hermano ni un compañero de piso. El placer carnal le gustaba y no estaba dispuesta a renunciar a él. Dicho esto, tomó la decisión de no volver a quedar con él. Ponía su móvil en modo silencio cuando veía el número del caballero reflejado en la pantalla del aparato, hasta que las llamadas dejaron de producirse. Y cada noche encendía su portátil para buscar a un nuevo candidato que respondiera a sus expectativas...

                                                                                                           RoCastrillo

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6 febrero 2012 1 06 /02 /febrero /2012 16:02

 ...Lamía y relamía la cabeza del bicho que se levantaba de su letargo...

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    Después de su fogosa aventura en Nassau, Bahamas, Emi Abbott decidió tomarse una temporada de descanso en lo referente a salidas nocturnas y escarceos amorosos. Mujer sensible y enamoradiza, su mente quedó anclada en el recuerdo de la escultura de chocolate que llenara su cuerpo de fuego en la inmensidad de aquellas playas de arena blanca y aguas cristalinas... ...Y LA LUNA ADORNÓ DE REFLEJOS PLATEADOS SUS CUERPOS DESNUDOS... Se refugió en el trabajo y en la literatura erótica. Sabía que podía vivir sin sexo y decidió hacerlo durante las semanas siguientes al viaje. Con las imágenes de la tórrida relación bombardeando su mente, su vida transcurría entre las paredes de su casa y las del amplio despacho que ocupaba como directora de una prestigiosa revista de moda. Apenas vio a sus amigas. Pero el pasado viernes, tras sufrir una agotadora jornada laboral, telefoneó a su íntima Wynie Smith y le pidió que salieran juntas a cenar. Comieron, hablaron, bebieron y rieron... Y, como solían hacer de forma habitual, terminaron la noche en El Maligno.

    Mientras el rostro melancólico de Wynie se recreaba en los rincones donde poco tiempo atrás recibiera los besos del guiri, Emi bailaba en el salón, su mirada refugiada tras las gafas de sol que solía ponerse para que el humo reinante en la casa no irritara sus ojos claros. Ensimismada en sus pensamientos, no se molestó en prestar atención al tipo que se acercaba y le pedía que se quitara las gafas... El hombre, seguro de sí mismo, decidió hacerlo por su cuenta y, con un movimiento hábil y rápido, dejó al descubierto la mirada azul.

   -No me quites las gafas, que me molesta el humo, refunfuñó Emi.

   -Con los ojos tan preciosos que tienes. Déjame mirarte un rato...

   Emi pensó en soltarle una bordería pero se cortó al darse cuenta del cuerpazo que pretendía seducirla. Atractivo sin ser excesivamente guapo, sobresalía por su altura entre el gentío que abarrotaba el salón de baile. Ella adivinó lospectorales prietos tras la camiseta ceñida de color verde, los brazos musculosos y el torso escultural del desconocido. Un suave cosquilleo cruzó su vientre y se congratuló para sus adentros de que semejante tiarrón quisiera seducirla.

    -Vamos a la habitación azul, si quieres, le propuso. He dejado allí a mi amiga.

    -No me interesa tu amiga, sino tú, le contestó.

    -¿Y tú que sabes? Ni siquiera la conoces.

  -Sé que quiero besarte. Lo demás no importa, espetó al tiempo que sus bocas se aproximaban.

    Poco después, el cielo mostrando las primeras luces del día, dejaron a Wynie en la puerta de su casa y tomaron un taxi en dirección al domicilio del galán. Un salón sobrio, una gran cama en el centro y la claridad de la mañana colándose por las ventanas entreabiertas. La pasión de las lenguas entrelazadas y la sorpresa de Emi al despojar el busto masculino de la camiseta que lo ceñía. El tronco de un árbol, pintado con precisión, adornaba un lateral del cuerpo. El verdor de las hojas ascendía hasta el cuello y dos ramas cruzaban toda la extensión del estómago. Con forma de roja manzana, la tentación escondía el pectoral derecho. Un cielo azul con algunos nubarrones sueltos cubría por completo la poderosa anatomía masculina...

   -¡Guauuu! Qué preciosidad, exclamó Emi sin salir de su asombro. ¿Quién te ha pintado eso?

   -Nadie, porque no es pintura. Es un tatuaje, aclaró él. Sigue desnudándome, que hay más, le pidió sonriendo. Emi descubrió estupefacta la serpiente que se encaramaba por el tronco del árbol y tapaba el pene con sus rayas verdes. Tocó con suavidad el rostro del bicho plasmado en el glande y rió abiertamente.

   -Es perfecto. No me creo que sea un tatuaje, indicó a su propietario.

   -Compruébalo por ti misma. Verás como no se quita, la retó él.

   Emi saboreaba, lamía y relamía la cabeza del bicho que se levantaba de su letargo y recorría con su lengua la superficie veteada del cuerpo del animal. Comprobó que el dibujo no se borraba ni perdía los vivos colores por el efecto de la saliva. Se trataba, por tanto, de un tatuaje perfecto. Y durante varias horas se dejó amar por aquella tentación convertida en hombre. Y ella,.más fuerte que la Eva expulsada del paraíso por morder la manzana, embistió a las fuerzas del mal y engulló la serpiente por completo. .. El animal crecía y se revolvía en el interior de su boca y le tapaba la garganta hasta ahogarla. Ingenua serpiente que desconocía las artes de una rival que, en cuestiones amatorias, estaba acostumbrada a alzar el trofeo de la victoria...  EL DESPERTAR SEXUAL DE EMI ABBOTT

                                                                                RoCastrillo

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5 febrero 2012 7 05 /02 /febrero /2012 12:54

 

    LOS SECRETOS DE UNA RECETA CENTENARIA

   Acabo de preparar la Pepitoria de Pollo siguiendo una antiquísima receta que, según todos los indicios, no fue escrita por mi abuela, sino por mi bisabuela. Ayer os contaba que aparecía en un apéndice dedicado al “Pollo o Gallina”, añadido al cuaderno que mi abuela dedicara al Pescado. UN POLLO CON HISTORIA Y SOLERA Y hoy, mientras consultaba los antiguos apuntes para preparar el plato, me he dado cuenta de otro detalle: no solo el papel y la caligrafía son distintos; también lo es la forma de escribir la receta. Todas las de los cuadernos que escribió mi abuela tienen dos apartados: Ingredientes y Modo de hacerlo. Dichos epígrafes no constan en ninguna de las de “Pollo o gallina” cuya autoría pertenece a mi bisabuela. Se trata de textos cortos y seguidos donde no se mencionan ingredientes por separado. Éstos van apareciendo conforme resultan necesarios en su preparación.

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  Para facilitar la tarea a quienes decidáis preparar la receta, os dejo anotados los ingredientes en primer lugar y, a continuación, reproduzco literalmente el texto que escribiera mi bisabuela.

    INGREDIENTES PARA 4-6 PERSONAS: Un pollo limpio y cortado a trozos, 1 cebolla, un diente de ajo, aceite de oliva, sal, una pizca de pimienta, una hoja de laurel, una ramita de perejil, un vaso y medio de vino blanco, agua o caldo caliente, dos yemas de huevo cocido y media cucharadita de harina de trigo.

    PREPARACIÓN: Después de desplumado y bien limpio el pollo se rehoga en aceite o manteca. Así que está dorado se fríe cebolla muy picadita, se le da una vuelta en la cazuela al pollo junto con la cebolla y se cubre de agua o caldo caliente. Se le añade una hoja de laurel y unos granos de pimienta. Cuando se va consumiendo el caldo se le añade un vaso de vino blanco y se deja cocer hasta que el pollo esté tierno. Se machacan muy bien en el mortero unas nueces y almendras tostadas, un diente de ajo frito, una rama de perejil y dos yemas de huevo cocido. Todo este majado se deslía en medio vasillo de vino blanco y se le agrega al pollo, dejándolo cocer con todo este aliño un cuarto de hora más. Después se saca el pollo y se cuela la salsa, que si ha quedado clara se espesará con una poca de harina tostada.

    Un texto corto pero con mucha enjundia. La lectura de la primera frase ha retrotraído mi mente a tiempos tan lejanos como desconocidos. No creo que nadie de mi generación haya visto desplumar un pollo. Yo no, desde luego. Otro detalle curioso de estos antiguos apuntes de cocina es que ni mi abuela ni mi bisabuela cometían faltas de ortografía. En una época donde las mujeres españolas eran analfabetas en su mayor parte, tener en mis manos tan correctos escritos de mis antepasadas me enorgullece. Desde aquí agradezco a mi tía Rocío su empeño en conservarlos intactos hasta la fecha.

    Respecto a la preparación del plato, os aseguro que no encierra complicación alguna. El único secreto es la paciencia. Obviamente, lo he cocinado hoy, 5 de febrero de 1012 y, por tanto, no he seguido al pie de la letra el relato de mi bisabuela. Además de no tener que desplumar el pollo, tampoco he utilizado el mortero. Simplemente, he puesto en el vaso de la batidora el medio vaso de vino blanco con el que había que desliar el majado, le he añadido los ingredientes, lo he batido todo y se lo he agregado al pollo. Esta acción me ha ahorrado tener que colar la salsa al final, como decía la receta, puesto que no ha resultado necesario. Tampoco me ha hecho falta espesarla con harina; tenía la consistencia adecuada.

    Son las 13,00 horas y ya tengo la comida preparada. He probado tanto el pollo como la salsa y están para chuparse los dedos. He pensado hacer un arroz blanco para servirlo en moldes a modo de guarniciòn. A las 14,00 he citado a mis amigas Olivia N. y Wynie Smith, que vendrán con sus hijos. ¡Me encanta la idea de disfrutar en tan buena compañía la deliciosa y legendaria comida!

¡FELIZ DOMINGO! Y mañana, lunes, un nuevo relato erótico. No olvidéis vuestra cita diaria con ABREMELOYA!!!

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4 febrero 2012 6 04 /02 /febrero /2012 18:49

...Mi bisabuelo guardó para su hija los apuntes de cocina que dejara la esposa fallecida...

    Como os anunciaba ayer, la receta de los cuadernos de mi abuela que he elegido para preparar este fin de semana es Pepitoria de Pollo. Un plato tradicional de la cocina española que no por conocido deja de ser interesante. En este caso, la receta encierra una curiosa historia, que os explico a continuación:

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    Al final del cuaderno dedicado al pescado hay una especie de apéndice precedido de la siguiente inscripción: “María del Carmen Moreno Acebedo. Apuntes de mamá. Almonte, 3-10-928”. Sigue una hoja en blanco y después, un título “Pollo o gallina”. Se aprecia claramente que tanto las hojas del cuaderno como la letra con que fueron escritas las recetas de pollo o gallina son distintas. El papel está más amarillento y a ambos lados de la página se aprecian dos rayas verticales de color rojo que no tienen las hojas del cuaderno de pescado. Todo indica que las recetas de “Pollo o gallina” fueron escritas por la madre de mi abuela, es decir, mi bisabuela. El detalle me resultó bastante extraño; desde siempre he creído entender que mi bisabuela murió siendo mi abuela todavía una niña. Por tanto, no tuvo tiempo de enseñarle a cocinar. Sabía, además, que mi bisabuelo, un terrateniente llamado Francisco Moreno Cala, volvió a casarse con Ana Medina. Mujer, al parecer, poco querida en la sociedad de la época. No fue ella la dueña de la caligrafía uniforme y preciosista con la que se escribieron las recetas de “Pollo o gallina”. Mi padre lo afirma convencido. Asegura que mi abuela, que era hija única, nunca se hubiera referido a su madrastra con el nombre de “mamá”. Tanto ella como su esposo, sus hijos y el resto de la familia le llamaban “la tía Ana”. Su teoría es que el abuelo Curro, mi bisabuelo, guardó para su hija los apuntes de cocina que dejara la esposa fallecida. Mi abuela, que aprendió a cocinar en el colegio sevillano de Las Esclavas y adquirió gran fama entre sus vecinos por su arte en los fogones, debió agregarlos, cuidadosamente cosidos, a los suyos propios. Aquí está la razón por la que tanto las páginas como la letra son distintas. Y el tono más amarillento con el que se han conservado las recetas de “Pollo o gallina” da fe de que fueron escritas en un tiempo anterior. Y de que su autora no fue mi abuela, sino mi bisabuela. Una bella señora, virtuosa y delicada -así, según mi padre, la describían quienes la conocieron- que respondía al nombre de Rosario Acebedo Pastor.

    Los ingredientes necesarios para la receta los solemos tener en cualquier casa: pollo, cebolla, caldo de verduras, vino blanco, pimienta, laurel, perejil, sal, nueces y almendras. He tenido que salir a comprar el pollo, el vino blanco y estos dos últimos frutos secos. He dejado a mi hijo en casa y, en honor a la verdad, debo confesaros que he vuelto triste del supermercado. O, para ser más exacta, enfadada por las injusticias de este mundo en el que nos ha tocado vivir. He comprado el pollo y el vino en el súper y me he puesto en la cola de una de las cajas. Justo delante mía había una señora con dos niños de corta edad y la cesta de la compra llena. Ha intentado pagar con tarjeta y la máquina ha denegado la operación en dos ocasiones. Con el gesto contrariado y bastante apurada, ha empezado a sacar artículos de la cesta, que la dependienta iba cogiendo y descontando del precio final. “Haz el favor de comprobar si me alcanza para pagar ésto con 20 euros. Es lo único que tengo, ha solicitado a la dependienta mientras buscaba el billete en el bolsillo de su chaqueta. “Hasta aquí son 19,80. Justo”, le ha contestado la cajera dedicándole una tímida sonrisa de satisfacción. La señora ha mirado la cesta, ya medio vacía, ha comprobado que tenía lo más importante y ha suspirado aliviada. Sus hijos, afortunadamente ajenos al trago que acababa de pasar la madre, jugaban con los cestos de plástico azul apilados junto a la caja. Y yo, muy seria, he pagado el pollo y el vino y me he encaminado a la puerta de salida con la bolsa en la mano. La madre ha salido junto a mí, con la bolsa colgada del hombro y un niño cogido de cada mano. “¡Qué mala está la vida, no sé donde vamos a llegar...”, refunfuñaba en tono bajo. “Yo tampoco, señora, yo tampoco”, le he contestado. He pensado en la noticia que ayer inundaba la prensa y el twitter: “El Gobierno limitará a 600.000 euros anuales el salario de los directivos bancarios cuyas entidades hayan recibido ayuda del FROB”. “Más de 40.000 al mes por hacer mal su trabajo”, he calculado mientras me dirigía, con el cabreo increscendo, a la tienda vecina a comprar las nueces y las almendras. “Y las madres de familia sin que les llegue para hacer una compra en condiciones”, he refunfuñado al cruzar la entrada del establecimiento. “¿Me decías algo?”, me ha preguntado el dependiente, un amable muchacho de Bangla Desh al que ya he nombrado en estas páginas.  RECETAS CON MUCHA SOLERA

    “No, disculpa, hablaba conmigo misma”. Le he pedido las nueces y las almendras... “Estás muy seria hoy. ¿Te ocurre algo? ¿Puedo hacer algo para ayudarte?”, me ha preguntado con dulzura. “¿Puedes acabar con las injusticias del mundo?”, le he devuelto la pregunta, mis ojos clavados en su mirada negra. ¡No, por supuesto. Qué más quisiera!, ha exclamado. “Entonces no te preocupes. Intentaremos sobrevivir pese a ellas”, le he contestado al tiempo de pagarle. Me ha sonreído y nos hemos despedido.

    Mañana prepararé la Pepitoria de Pollo y os dejaré la receta. Vendrán mis amigas Olivia N. y Wynie Smith a comer con sus hijos.

     Hasta entonces, FELIZ TARDE DE SÁBADO

                                                                                                        RoCastrillo

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3 febrero 2012 5 03 /02 /febrero /2012 15:32

Queridos lectores:

Con la idea de mejorar este blog, ofrecer un mayor número de contenidos y hacerlo más participativo, hoy inauguro una nueva sección de debates en la que os animo a dejar vuestras opiniones y comentarios. Por supuesto, responderé a todos:

                                            Fellatio

Los temas elegidos guardan relación directa con los relatos de las aventuras de Emi, Wynie, Olivia y Katty, las protagonistas de ABREMELOYA!!! Empezaremos con los asuntos que han abordado en sus conversaciones y que, como ya sabéis, tratan, fundamentalmente, sobre sexualidad y relaciones de pareja. Las preguntas a las que me gustaría que respondiérais aparecerán siempre a la derecha de estas páginas, en la nueva sección “DEBATES ABIERTOS”.

Os dejo el listado de cuestiones que ya han suscitado controversia y sobre las que solicito vuestra opinión:

-¿El tamaño importa?

-¿Te irías a la cama con un hombre casado?

-¿Salir de copas, o ligar por Internet?

-¿Tendrías una relación con una persona de la que te separen 20 años de edad?

-¿El sexo oral es suficiente para llegar a la cumbre del placer?

Los temas a debatir aparecerán siempre a la derecha de estas páginas, en la nueva sección “DEBATES”. Las dos primeras cuestiones que inauguran la sección son:

¿El tamaño importa? ¿EL TAMAÑO IMPORTA?

y

¿Te irías a la cama con un hombre casado?. ¿TE IRÍAS A LA CAMA CON UN HOMBRE CASADO?

Para dejar vuestras opiniones y comentarios solo tenéis que abrir los títulos de las preguntas elegidas, que aparecen en la sección "Debates abiertos". Encontraréis, marcado en rojo, el enlace al relato que originó la cuestión. Pincháis el enlace y, al final de cada artículo, veréis una pestaña titulada "escribir un comentario". Es ahí donde tendréis que escribir vuestras respuestas, opiniones y comentarios.

Y mañana, como cada fin de semana, vuelven las recetas con solera, preparadas siguiendo los cuadernos de cocina que mi abuela escribió hace más de ochenta años. En esta ocasión, la elegida es un clásico de la cocina española: pepitoria de pollo. 

Como siempre, la receta no llegará sola. Irá acompañada del relato de todo lo que acontezca desde que salgo a comprar los ingredientes hasta que sirva los platos.

                                                                        ¡Os espero!

                                                                         RoCastrillo

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2 febrero 2012 4 02 /02 /febrero /2012 16:27

    ...Observó complacida el líquido viscoso que lucían los labios masculinos,               procedente de su intimidad más recóndita...

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    Ante sendas tasas de café cargado y oloroso, Wynie Smith y el guiri continuaron su charla sobre la práctica del cunnilingus, su intensidad y duración más adecuada.  EL ARTISTA DE LA LENGUA

    -Has dicho que no te gusta como lo hacen los hombres españoles, ¿por qué?

    -Te repito que la mayoría son muy torpes. En general, creo que la mentalidad machista les impide esmerarse con ese juego. Siempre hay excepciones, pero mi experiencia me indica que el macho ibérico busca, sobre todo, su propio placer...

    -Si tú lo dices. En mi caso, mi propio placer está en relación directa con el gozo de mi compañera. En nuestro caso, te aseguro que he disfrutado muchísimo mirando tu cara de felicidad en cada orgasmo... Y han sido unos cuantos, ¡jajaja!

    -Desde luego, asintió ella sonriéndole. Ahora soy yo la que quiero hacerte feliz. Te lo has ganado, ¡jajaja!, exclamó al tiempo que se levantaba de la silla y buscaba un refugio entre los brazos fuertes del guiri.

   Besos, abrazos, caricias... Y otra vez en la cama. Wynie se propuso corresponder al inmenso placer recibido e introdujo en su boca el pene blanco y fláccido. Lo acarició, lo chupó, lo estrujó entre sus labios... Hizo todo lo que pudo para conseguir que su compañero se empalmara... Sin éxito.

   -Lo siento. Aún me duele mucho la cabeza. Las copas de ayer están jugando en mi contra.

    -Yo también lo siento. Y no por mi, sino por ti, cariño, le indicó mientras lo besaba con ternura en sus mejillas. Por mi parte, sabes que no lo necesito. El sexo oral me hace tan feliz que no echo de menos la penetración, puntualizó.

    -Ya, ya lo he comprobado. Y todavía te quedan horas de disfrute, murmuró al tiempo que separaba sus piernas y volvía a pasear su lengua por las orillas del río, a lamerlas, a relamerlas y a tragarse el caudal completo del agua que traía... La tierra tembló con los espasmos de ella y vibraron los viejos muros que los cobijaban, balanceados por la intensidad de sus gemidos...

    El guiri levantó su rubia cabeza y Wynie observó complacida el líquido viscoso que lucían los labios masculinos, procedente de su intimidad más recóndita. No recordaba una imagen similar en las innumerables aventuras mantenidas tras el divorcio y tampoco durante los largos años de matrimonio. Tuvo que remontarse a su juventud más temprana y recordar el rostro de un estudiante sueco con el que pasó un verano de turismo y sexo... “Otro extranjero”, pensó, pero no lo dijo y continuó absorta en sus cavilaciones, el cuerpo voluble y relajado, balanceado por las olas del océano de placer en el que había tenido la fortuna de sumergirse. Y mientras, el guiri, recostado en su vientre, iniciaba un nuevo viaje, en esta ocasión ascendente, hasta alcanzar las cimas de las montañas y deleitarse con el sabor suave de la piel que rodeaba los pezones erectos. Al mismo tiempo que la boca trabajaba en las cumbres, los dedos se introducían en el túnel húmedo y exploraban con pericia su interior... Espasmos. Vibraciones. La masa corporal levitando sobre la cama. Los dedos escarbando el túnel. El agua saliendo. El gozo inconmensurable que se repetía una y otra vez...

    Pasó otro día y Wynie volvió a perder la noción del tiempo. Abrió los ojos y seguía refugiada en aquellos brazos potentes. Alzaba la vista y reconocía complacida la cabeza rubia, los labios rosados que le sonreían y los grandes ojos azules que la miraban serenos. Tal vez, enamorados. O al menos, así lo quiso percibir ella. “Gracias por tanta felicidad”, le dijo tímidamente. Sintió de nuevo los abrazos del guiri, varios seguidos. Y los besos en la mejilla, la frente y las comisuras de los labios. Minutos después, él se levantó, miró el reloj y le preguntó si podía darse una ducha.

    -Por supuesto, adelante, asintió Wynie señalando con el gesto la puerta del baño. Aún no se ha hecho de noche, comentó. ¿Vuelves a casa de tu amigo?

    -¿Qué dices? ¿A qué noche te refieres?, le preguntó mirándola y riéndose.

    -A la del sábado, contestó ella, convencida.

   Ja, ja, ja, se carcajeaba él. Son casi las doce de la mañana del domingo. Tengo que pensar en dejarte. Mi avión sale a las tres. La noche del sábado se fue hace rato, ¡ja, ja. ja! Me alegra que no hayas sentido cómo pasaba el tiempo. Eso es buena señal, indicó.

   -Me dejas de piedra, le contestó ella, despistada. Voy a levantarme a preparar el desayuno.

    -No te molestes, en serio. Por mi no te molestes, repitió él. Te invito a desayunar en la calle, si quieres, le propuso.

     -Gracias. No me apetece vestirme ahora. Estoy cansada. Si te vas, seguiré durmiendo.

    -Tengo que irme. No puedo perder ese avión, le dijo al tiempo que entraba en el baño y se disponía a tomar una ducha.

    Un rato después, se regalaron varios abrazos de esos que cruzan los músculos, llegan hasta los huesos y dejan su huella en cada fibra durante mucho tiempo.

     Wynie pasó el resto del domingo dormitando. Por la noche comió algo, preparó el uniforme escolar de su hijo y apagó el teléfono móvil. Volvió a la cama, absorbió el olor del guiri que aún impregnaba las sábanas, sonrió y se quedó dormida.

     Su hijo y la vorágine del lunes alejaron al guiri de su mente. No encendió el móvil hasta el mediodía del martes. Entonces leyó su mensaje: “Gracias por los buenos recuerdos. Aquí, en el aeropuerto, esperando la vuelta a la realidad”. “Yo he vuelto hace mucho”, refunfuñó ella para sus adentros. “Te echo de menos”, tecleó en el aparato, y pulsó el botón de enviar...

        A partir de esta lectura os proporgo, queridos lectores y, sobre todo, queridas lectoras, un nuevo tema de debate. ¿Te conformas con un buen sexo oral? ¿Crees que es suficiente para añcanzar el cénit del placer? Espero vuestros comentarios debajo del texto, pinchando en la pestaña "escribir un comentario". 

                                        RoCastrillo

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