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MIS AMIGAS

Monday 13 may 2013 1 13 /05 /May /2013 19:31

...Sintió sus manos estrechando sus nalgas y prestas a recorrer su cuerpo por debajo de la ropa; sus labios fogosos pegados a los suyos...

    Aquella noche fresca de primavera, Emi y Olivia cenaron en casa de esta última y después, decidieron tomar una copa en un pub cercano al apartamento. Se llamaba El Oscuro y Olivia nunca había entrado allí, pese a que estaba en su misma calle. Cruzaron sus puertas y el lugar hacía honor a su nombre. Todo se vislumbraba en penumbras. La barra estaba a la derecha de la puerta de acceso y a la izquierda había una pequeña pista de baile. Sonaban blues y, nada más entrar, Emi se dio cuenta de que uno de los tipos que se apoyaba en la cantina era aquel melenudo de rostro lánguido al que identificara con Cupido la primera vez que se conocieron, hacía dos años largos LOS NUEVOS MUNDOS DE EMI ABBOTT. Se saludaron efusivamente y Emi, de forma habitual más pendiente de su propio ombligo que del resto del mundo, se olvidó de que su amiga existía y se puso a charlar con él.                  Lote-Olivia.jpg    Olivia se quedó postrada sobre la barra, con la visión de la espalda de Emi y un botellín de cerveza como única compañía. Se bebió medio de un trago y se encaminó en dirección a los baños, pensando si merecía la pena quedarse en aquel lugar oscuro o apurar el resto de la bebida y marcharse a su casa. Fue entonces cuando escuchó un sonoro “¡guapa!” de una voz masculina desconocida. Volvió la cara, correspondió al piropo con una sonrisa amplia y continuó su camino. El hombre la siguió hasta la puerta de los baños.

    -¿Dónde vas? Este aseo es de señoras, aclaró a su admirador mientras abría.

   -A verte de cerca. Estás más hermosa que la primavera que acabamos de estrenar, le respondió él en tono solemne.

     -Déjame pasar, inquirió ella, decidida y seria.

    Lejos de obedecerla, el tipo se plantó delante de la puerta y estiró sus largos brazos, taponando la entrada con propósitos claros.

    -Lo haré con la condición de que te tomes una copa conmigo cuando termines -espetó el hombre, desafiándola y convencido del atractivo que despertaba en el sexo opuesto.

     Olivia lo examinó con descaro y asintió a su propuesta con una leve inclinación de cabeza. Jugar a las mojigatas no era lo suyo, y mucho menos, cuando tenía enfrente a un individuo tan bien parecido. El susodicho se retiró con un gesto galante y la invitó a entrar. “Si él se atreve a impedirme el paso para tratar de seducirme, yo puedo tomarme la licencia de mirarlo de arriba a abajo. Y no está nada mal”, pensaba satisfecha para sus adentros, ya en el interior del aseo.

   Se tomó un buen rato para atender sus necesidades fisiológicas, lavarse las manos y retocar ojos y labios con un maquillaje discreto. Lo hizo aposta, con la intención de comprobar si el galán tendría la paciencia suficiente para esperarla. Y, en efecto, la tuvo. Se lo encontró nada más salir, apoyado en el quicio de la puerta. Decidido, el hombre la cogió de la mano y no se separó de su lado durante el resto de la noche. Repetidamente, se besó con el fogoso desconocido en la zona oscura colindante a los baños. Volvieron a la barra justo cuando Emi se disponía a abandonar el local junto a su lánguido acompañante. Olivia propuso que se fueran los cuatro a El Maligno para tomar la última copa y todos aceptaron.

    Caminaron durante un buen rato por calles oscuras y estrechas del centro de Madrid. Emi y su amigo, charlando animadamente de música y libros. Olivia y el suyo, agarrados de la cintura, en silencio y mirándose embelesados. Llegaron al club, pidieron sus bebidas y se acomodaron en el sofá de la habitación azul. Una ventana cuadrada los separaba de la cabina del DJ.

     De repente, Olivia se vio sentada encima de aquel desconocido que empezaba a dejar de serlo; sintió sus manos estrechando sus nalgas y prestas a recorrer su cuerpo por debajo de la ropa; sus labios fogosos pegados a los suyos, mientras la lengua hurgaba en su boca regalándole besos profundos y henchidos de deseo... Sus pezones se despertaron al contacto de los dedos masculinos, entretanto disfrutaba de la sensación que le otorgaba el agua del placer bajando por su cuerpo y humedeciendo su sexo ardiente...

    Entregada a la pasión repentina y desinhibida, no se dio cuenta de que el DJ le estaba llamando la atención por su comportamiento. Primero con gestos discretos y después -una vez constatada su falta de atención- llamándola por su nombre. Fue Emi quien interrumpió la provocadora escena, golpeando la espalda de su amiga con los nudillos de los dedos de su mano derecha.

     Olivia reaccionó, se levantó y empezó a colocarse el cuello de la camisa y a estirar su falta, arrugada tras el fragor de la batalla. Emi le recriminó su actitud en tono seco.

    -No sé cómo te atreves a darte semejante lote en público. Yo me voy, y me gustaría que hicieras lo mismo. No entiendo por qué no te lo llevas a tu cama, con lo cerca que vives.

     -Tampoco tú te comportas de manera exquisita, le contestó con retintín. Te has encontrado a tu Cupido y me has dejado sola sin el menor miramiento. Mira por dónde, ahora voy a hacerte caso. Me marcho a casa con él. Dicho esto, cogió a su amante de la mano y se encaminó a la salida del club, no sin antes disculparse del DJ con un guiño de complicidad...

                                                                                                      RoCastrillo

Por abremeloya - Publicado en: MIS AMIGAS - Comunidad: Experiencias de vida
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Tuesday 9 april 2013 2 09 /04 /Abr /2013 16:12

      ...La penetró hasta hacerla cabalgar cual amazona pletórica, calmando el vehemente deseo que los había arrastrado hasta allí...

     Eran más de las 8 de la mañana, razón por la que Emi decidió telefonear a su hija para avisarla de que llegaba acompañada por un desconocido: El Montañero, sin otro motivo que el IMPETUOSO DESEO de ser acariciada que brotaba de cada uno de los poros de su piel.

    El taxi alcanzó su destino, aparcó y El Montañero pagó mientras Emi rebuscaba las llaves en el fondo de su enorme bolso, lleno habitualmente de fruslerías. Se bajaron, ella abrió la puerta del edificio y señaló hacia el ascensor con un gesto. Accedieron a su interior, Emi pulsó el botón del séptimo piso y él la atrajo hacia sí de forma súbita. La subió a sus caderas, sujetándole el trasero con ambas manos y situando la boca en el canal de los pechos. Ella se desabrochó la camisa, levantó el sostén y dejó al aire sus pequeñas y prominentes protuberancias. Y aquel hombre moreno de dura musculatura, entre indio y gitano, mordisqueaba los montículos y lamía sus cumbres. Los gemidos femeninos silenciaban el sonido de la máquina elevándose.

     Al pararse en la séptima planta, justo frente a la puerta del amplio piso donde Emi reside junto a sus dos hijas adolescentes, El Montañero la empotró entre las paredes del estrecho ascensor y la besaba con ardor al tiempo que hincaba con fuerza en su pubis el esplendor de su virilidad enhiesta. Ella se estremecía de placer solo con pensar en la fogosa aventura que ya empezaba a disfrutar.

                 emi-quechua-valida.jpg

     Abrió la puerta de la vivienda y entraron con sigilo. Al llegar al salón, el hombre se detuvo para decirle: “¡qué vistas más bonitas!”

    Le hizo gracia el comentario. El amanecer entraba a raudales por la cristalera de la estancia. De allí se fueron a la cama. Cuando él se estaba desnudando, su compañera ya se había refugiado bajo el edredón del lecho.

     -¿Me lo quito todo?, dijo El Montañero.

     -Lo que tú quieras, le contestó Emi.

     La visión del falo brillante y oscuro le despertó un deseo que toda mujer ha experimentado alguna vez: el de sentir un instrumento de semejante calibre penetrando su boca hasta las profundidades más hondas. Desde los tiempos del DESPERTAR SEXUAL DE EMI ABBOTT, estaba acostumbrada a hacer inmensamente feliz a El Polaco con la práctica de la felación. Dotada de una garganta adiestrada para tales proezas, tuvo claras sus ganas de provocar un gozo similar en aquel moreno agitanado de ojos verdes que la había acompañado durante gran parte de la noche.

    Sin embargo, no le resultó posible: no supo relajarse ni concentrarse para conseguir que sus músculos dejaran paso a tamaño invitado. A su propietario no pareció molestarle el tropiezo. Agarró a Emi, se tumbó en la ancha cama, la colocó sobre su cuerpo y la achuchó contra su pecho. La besó en los labios y pellizcó sus mejillas al tiempo que pronunciaba estas palabras: yo sí voy a darte lo que tú quieres, todo será para ti.

    En esa postura, ella sobre él, la penetró hasta hacerla cabalgar cual amazona pletórica, calmando el vehemente deseo que los había arrastrado hasta allí. Emi gozó en silencio para que no la oyeran sus hijas. Como amplificadores, los gritos y gemidos reprimidos en su garganta multiplicaban las vibraciones de su cuerpo sobre la poderosa herramienta que no perdía su vigor.

     Las horas pasadas podrían contar la historia del árbol que se hundía en la tierra húmeda y salía de ella hasta hacerla florecer como una radiante primavera. La lluvia cayó sobre el prado y el sol desapareció tras un tierno beso de despedida...

    Cuando Emi salió de la habitación, un rato después de que su amante se marchara, la menor de sus hijas la esperaba en el salón.

     -¿Qué tal con tu amigo, mamá? ¿Cuándo lo has conocido? ¿Volverás a verlo? ¿A qué se dedica?, preguntaba incesante la joven con gesto sonriente y tono entre sorprendido y atolondrado.

     -Muy bien. Es montañero y así lo llamo. Lo he conocido esta noche y no sé si volveré a verlo. ¿Algo más?, inquirió Emi con una sonrisa pícara.

      -No. bueno, sí. Ese chico es quechua. Por tanto, su nombre debería ser El Quechua, ¿no crees?

       -¿Por qué lo dices?

       -Porque lo ponía en su sudadera, me he fijado bien cuando salió. Y además, tiene cara de eso, de quechua, ¿o no?

       -Así es. El Quechua, repitió Emi varias veces mientras se dirigía a la cocina.

       En los días sucesivos, tal como solía hacer con los amantes que le dejaban huella, Emi lo buscó en la calle y en los bares, en el mundo real y en el universo digital...

                                                                                                                                                                      RoCastrillo

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Wednesday 30 january 2013 3 30 /01 /Ene /2013 19:15

 El ímpetu del deseo era tan fuerte que no pudo resistirse a su vehemencia...

  Desde que Emi Abbott abandonara la habitación de hotel que ocupaba junto a El Polaco SIN DECIR ADIÓS, dos hombres se han colado con fuerza en sus pensamientos, avivando los deseos larvados por la despedida.

    Emi puede soportar un tiempo prudencial sin mantener relaciones sexuales, pero es de las mujeres incapaces de disfrutar de la vida sin que el mundo masculino ande rondando sus cabezas. Después de los besos profundos con El Publicista al que conoció la noche en que estrenó soltería ENAMORADIZA, lo había vuelto a encontrar en el mismo local donde se conocieron. Sin embargo, no hubo besos en este segundo encuentro. Ni siquiera un mínimo roce. Se saludaron y él la llamó Aurora. O la estaba confundiendo con otra persona o había olvidado su nombre, y cualquiera de las dos cosas molestaba a Emi, que optó por desaparecer del local y marcharse a casa. Así de impulsiva es ella. Sobre todo, si se trata de huir de algo que no le gusta o le sienta mal. Esa noche pensó que estaría mejor durmiendo sola que dando vueltas en un bar alrededor de un tipo que no pensaba en ella y se marchó sin despedirse. Fiel a su costumbre de sustituir a uno por otro de forma casi instantánea, Emi encontró en El Quechua al hombre que habría de calmar el ímpetu sexual avivado por la ausencia. No hacía el amor desde aquellas TRES NOCHES que pasó en un hotel de Madrid junto a El Polaco.

                    deseosa-emi.jpg

    La madrugada que conoció a El Quechua empezó a llamarlo El Montañero, puesto que él hablaba y hablaba de su afición a escalar altas cumbres. Ocurrió en El Maligno durante una LARGA FIESTA con Olivia N. Cuando el club cerró sus puertas y su amiga se marchó acompañada por EL CANOSO,. ella hizo lo propio junto a su nuevo ligue pese a que su forma de besar, que ya había probado en la habitación azul, no le había resultado muy placentera. Unido a sus ganas de una aventura sexual, el factor que la empujó a invitarlo a pasar unas horas de pasión fue que su amiga Wynie Smith se encontraba fuera de la ciudad y le había dejado las llaves de su cercano apartamento.

    Caminaron despacio hacia allí, sin parar de besarse, y Emi comprobó satisfecha que el hombre había seguido sus instrucciones y se esmeraba en hacerlo como a ella le gustaba, besos profundos con lenguas enredadas en lugar de lametones en los labios. Cuando al fin llegaron al apartamento, la contrariedad se impuso al deseo y les resultó imposible acceder a su interior. La llave no abría y, entretanto ella intentaba sin cesar que la cerradura respondiera, El Montañero se distraía en introducir su mano bajo la falda hasta acceder a la intimidad femenina más recóndita.

    Emi se excitaba por segundos y la maldita llave no cejaba en su empeño de aguarle la fiesta. Las circunstancias la obligaron a que, por primera vez en su vida, decidiera meter en su propia cama, a sabiendas de que sus hijas estaban en casa, a un hombre distinto a su ex marido y padre de las jóvenes. El ímpetu del deseo era tan fuerte que no pudo resistirse a su vehemencia. La temperatura sexual de Emi subió aún más en el taxi, cuando El Montañero le colocó la mano derecha entre sus piernas y ella cató admirada la erección de una herramienta que adivinaba enorme y dura bajo el pantalón... (Continuará)

                                                                                       RoCastrillo

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Monday 14 january 2013 1 14 /01 /Ene /2013 20:14

    Desnudo, el macho se inclinó sobre la hembra, bajó los tirantes de la prenda roja y descubrió sus pechos protuberantes...

    Nada más despedir a sus amigas, EL CANOSO volvió al salón y se tiró encima de Olivia, que seguía tumbada en el sofá. Cual cazador ansioso por atrapar a su presa, volcó sobre ella todo el peso de su cuerpo y mordisqueó su cuello y sus pómulos. Lenguas enredadas en besos largos y profundos y las manos de él desabrochando la chaqueta de punto negra que ella vestía sobre un sugerente top de seda roja. LARGA FIESTA

                     sensual-Olivia.jpg

   Desnudo, el macho se inclinó sobre la hembra, bajó los tirantes de la prenda roja y descubrió sus pechos protuberantes, que crecían con las caricias de los labios masculinos. Labios que viajaban de los pezones a la boca y manos que despojaban a Olivia del resto de su ropa íntima. Los dedos exploraban el bosque humedecido y abrían los pétalos de la flor cubierta del rocío del placer. El árbol de la vida se introdujo en la tierra blanda que se balanceaba para recibir al tronco que embestía con fuerza, entrando y saliendo hasta regar con su savia blanca la completa extensión del jardín gozoso...

    Con la piel aún erizada por las vibraciones del orgasmo, Olivia escuchó los rugidos de la fiera saciada y comprobó con decepción que su compañero, además de dormir como un lirón, roncaba. Aunque ella también se había quedado satisfecha, el placer sentido se le antojaba excesivamente efímero. No tenía sueño y no sabía qué hacer. Le irritaban los hombres que se dormían un instante después de eyacular y ese hecho, unido a los molestos ronquidos, la incitó a tomar la decisión de marcharse. No quiso despertarlo para despedirse, pero le dejó una atenta nota que incluía su número de teléfono.

     Días después, en vísperas de Fin de Año, Olivia supo por amigos comunes que El Canoso estaba preparando una gran fiesta en su casa para celebrar la Nochevieja. Esperaba que la telefoneara para invitarla, pero esa llamada no se produjo. Ella hizo planes con Emi Abbott que, por supuesto, incluían terminar la noche en El Maligno, donde volvieron a encontrarse. El Canoso entró en el club al despuntar el alba del primer día de 2013, acompañado de varias jovencitas.Olivia estaba en la barra cuando lo vio llegar. Alzó su mano derecha para saludarlo entre el gentío que se agolpaba para pedir bebidas, sin obtener respuesta alguna del caballero, que actuaba como si no la hubiera visto. Y ella, sorprendida por tanto desdén, se hizo paso entre la gente y se plantó justo a su lado, esperando una reacción que no se produjo. Ni un simple “hola” por parte del hombre, que charlaba animadamente con sus amigas e ignoraba por completo la presencia de Olivia.

   -No entiendo su actitud ni sé por qué está tan ofendido. No me marché de su casa sin despedirme. Le dejé una nota, comentó a Emi. Al menos, debería saludar, aunque solo fuera por educación, precisó .

    -No sé de qué te extrañas. Aquí abundan los hombres oscuros, rió esta última.

    -Y maleducados, por lo que veo.

   -Deja de darle vueltas, Olivia. No te preocupes por la reacción de un viejo que no te pega nada.

    -Me caía bien. Pensaba que podíamos ser amigos.

    -Pues te has equivocado, ya lo ves, aseveró Emi.

     Olivia asintió y no volvió a mirarlo durante el resto del tiempo que permanecieron en el club.

   -Pensándolo bien, no me interesa seguir relacionándome con un individuo que se queda dormido después de un buen polvo, aseguró a su amiga.

                                                                                          RoCastrillo

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Tuesday 8 january 2013 2 08 /01 /Ene /2013 20:32

   Degustaba el bombón en los labios de la muchacha mientras achuchaba a Olivia contra su torso...

    Una semana después de la primera vez, OliviaEL CANOSO volvieron a verse, y no porque él la llamara a la vuelta de su viaje de negocios, tal como había prometido. El escenario fue el mismo en que se conocieron: habitación azul de El Maligno a altas horas de la madrugada. Ella estaba con Emi, ambas de pie y de espaldas a la puerta, lo que impidió que lo vieran llegar. Él entró, abrazó a Olivia por detrás y besó con delicadeza su cuello. Ella se volvió para saludarlo y no pudo evitar torcer el gesto al comprobar que su galán estaba acompañado de dos guapas jóvenes, a las que conocía de verlas por el club.

     -Hoy vengo con las chicas, pero no te preocupes. Te las presento y te tomas una copa con nosotros, le dijo él.

    Olivia obedeció y tomó el camino hacia la barra junto a El Canoso y sus dos amigas. Emi se quedó hablando con un nuevo pretendiente al que acababa de conocer: El Montañero, del que tendréis noticias en próximos relatos.

                  Rojo-maligno.jpg

    A lo largo de la noche, Olivia pudo comprobar que su caballero estaba bien solicitado por las dos muchachas que lo acompañaban, aunque dedujo que las atenciones femeninas estaban más relacionadas con su carácter generoso y lo abultado de su cartera que con sus atributos masculinos. “Son jovencitas que solo quieren que les pague todas las copas”, susurró al oído de Emi en un momento en que ambas se cruzaron en el pasillo que separa la habitación azul de la roja. Entre copa y copa y confesiones en esta última estancia, Olivia supo que El Canoso acababa de dejar atrás un larguísimo matrimonio y tres hijos y se dedicaba de lleno a ganar dinero y a vivir la vida, “mi segunda juventud” tal como él mismo reconocía. No se trataba del tipo de hombre que anda mendigando amor, cariño o sexo. Sí, de un galán simpático, buen conversador, generoso y extrovertido. “Un nuevo amigo para echar buenos ratos”, pensaba ella.

   Cuando la madrugada dio paso a una mañana plomiza y El Maligno cerró sus puertas, Olivia dejó a Emi con El Montañero y se dispuso a prolongar la fiesta junto a El Canoso y sus amigas en la lujosa mansión cercana a la Plaza Mayor que ya había tenido el placer de conocer. Volvió a recostarse en el confortable sofá de cuero negro aunque, en esta ocasión, no era la única invitada. Se encontraba entre El Canoso y sus dos amigas. Frente al grupo, una mesa baja de cristal sobre la que reposaban botellas de güisqui y ron, latas de refrescos, una cubitera con hielo y un plato lleno de bombones. La más joven de las chicas cogió uno de ellos, metió la mitad en su boca y acercó su rostro al del hombre, invitándolo con un gesto provocativo a tomar la otra mitad del dulce.

    El Canoso degustaba el bombón en los labios de la muchacha mientras pasaba su brazo derecho por la espalda de Olivia, la arrastraba hacia sí y la achuchaba contra su torso, como si pretendiera hacerle entender que la tenía pegada a él y que la deseaba aunque al mismo tiempo sucumbiera a las mieles de otra. Entretanto estas reflexiones sobrevolaban sus pensamientos, sentía el juego de unos dedos largos sobre las medias de seda que cubrían sus muslos prietos: los de la otra amiga, que la acariciaba distraída con la mano que no sujetaba la copa.

   Olivia es mujer de decisiones repentinas y así, de sopetón, se deshizo del abrazo de El Canoso y se levantó.

    -Me marcho, amigos. Estoy cansada y no me gusta este juego.

     Las dos jovencitas se miraron a los ojos y respondieron al unísono.

   -Mejor, nos vamos nosotras. Os dejamos en la intimidad, precisó la más joven con una sonrisa pícara.

     -Como gustéis, contestó el anfitrión. Os acompaño a la puerta.

    Era la segunda vez que se habían visto y, tal como ocurriera en la primera ocasión, El Canoso y Olivia se quedaron solos en el mismo escenario. La diferencia ahora estribaba en que los esperaba un fin de semana en el que él no debía marcharse a ningún viaje de negocios...

                                                      RoCastrillo

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