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17 enero 2012 2 17 /01 /enero /2012 15:04

    El beso carnívoro, el encuentro de los labios y la batalla de las lenguas...

   Desnudos y agitados retiran la roja colcha entre risas y gestos. La cama está disponible... Javier espera tumbado, las manos bajo las almohadas. Sara coloca la colcha sobre el arcón bajo la ventana abierta. Terminada tamaña tarea repta sobre la cama hasta los pies del hombre, que lame. La ceremonia comienza con ese introito suave que obliga al tumbado actor a emitir suspiro de aceptación, satisfacción y agradecimiento. La actriz se sumerge por piernas y rodillas. Esquiva obstáculo troncal para alcanzar ombligo masculino, lugar donde las manos de Javier acarician esas carnes de ella ya no prietas, pero hermosas, ya señaladas por las heridas de la vida, pero encantadoras, arcanas, fascinantes en opinión de Javier: al fin es el quien toca, quien gusta del sentido del tacto, mientras Sara usa la lengua. Se conocen, pero siempre descubren un pliegue nuevo, una curva inexplorada, una rugosidad por destapar. El prólogo abre camino al beso carnívoro, al encuentro de los labios y a la batalla de las lenguas...

                                               Un depredador ansioso                                                     

    El termómetro inexistente marca inequívoco la subida de la temperatura interior. Los juegos de manos, pies y lengua se hacen ovillo y se bifurcan. Hallan placer y oquedades, todas, sin barreras, sin prejuicios una vez, hace un instante, desaparecido el último. Con las vueltas y revueltas, con los nudos de lengua, con la ingente actividad de las manos, el agua surge de los poros y lo celebran intercambiando palabras que se acercan a la grosería, al insulto, para devenir sin solución de continuidad en elogiosos y cálidos cumplidos, hasta que hallan lo que buscan: la unión festivalera.

   Sara, amazona, se pone sobre el varón tumbado. Es su postura favorita, la postura elegida por ambos para ofrecerse la primera comunión de cuerpos. Tan conocida que él recoge las piernas para que la espalda de ella se acomode. Las manos de ambos hurgan en el lugar sagrado. Y el torrente recibe al tronco, y la llave abre la cerradura engrasada y se produce la magia, única, nueva, repetida, sabida, estupenda. Cabalga desbocada y él pone cara de no estar allí. Eso sí: con sus ojos clavados en el rostro de Sara, escrutando cada gesto sin perder detalle. Percibe el aumento de sangre, la hinchazón de los carrillos, el calor, el color. Mueve con fuerza su cadera y ella sube hasta el techo. Habría llegado al cielo si hubieran estado al aire libre. Las humanas limitaciones... Javier no permite el descanso de la amazona y suave levanta ánimo y cuerpo, mientras habla, indica, pide calma, lentitud en las subidas y bajadas. "Despacio, reina de la noche. Más despacio". Sara, con los morros hacia fuera, murmura un “no puedo” que Javier oye, pero no atiende. Si vieras lo que está viniendo, amor. Ver, lo veo, esa cara, pero no te apresures. No me tortures. Bendita tortura. Y se relajan. Un descanso, una profunda aspiración de aire. Subir, respirar, bajar, expirar. Hasta que Sara coloca las manos sobre los hombros de su macho y estalla con fuerza, con velocidad, con convulsión. Una voz lejana pide más moderación, que hay niños. Así regresa la realidad y, pese al calor, cierran la ventana.

    Descanso. Momento para humo y alcohol. Un rato después, la suavidad del prólogo se convierte en batalla. El macho deviene un depredador ansioso y entra en ella con fuerza, con pasión. Sara .lo anima, lo incita. Mi macho, venga, prueba que eres mi macho. Lo enciende. Las razones de la razón han quedado extinguidas, abolidas por la llegada de la pura demencia. Las piernas de Sara se cierran en nudo sobre la espalda de él. .”Me vuelves loca”. “Lo sé”. Y llega la cima de ella, una vez y una segunda y dice ya, ya, ya. Suficiente para la breve pausa, pues Javier sabe que el cántaro está cercano a la ruptura y Sara está pidiendo a aullidos: ven tu, ven tu. Primero se crispa, se encoge y luego llegan los seis segundos de perdida de conocimiento, de maravilla mágica, de no estar en ningún espacio, aunque sí encima de ella, acoplado a ella, gozado por ella. Placer corto, infinito. Si durara más, dice él, quizá para conformarse, sería como respirar ozono: nos moriríamos.

    Yacen abrazados. Encima él de ella, porque tras el gozo sublime abunda la liviandad de los cuerpos por mucho que éstos pesen. Pronunciadas son palabras tiernas y también recordatorios contra el sueño que comienza a invadirles de manera formal y nada imprevista... Y antes de separar el nudo, antes de darse el beso de despedida, se dan las gracias.

                                                                                                       Wilhelm von Witch

 

 

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Published by abremeloya
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  • : Un blog de relatos eróticos y cocina con solera. Nuevos contenidos a diario. De lunes a jueves, las aventuras nocturnas y las conversaciones sobre sexo y hombres de Emi, Wynie, Olivia y Katty. Los fines de semana, recetas elaboradas siguiendo los viejos cuadernos de cocina de mi abuela, escritos hace más de 80 años. Y todos los días, discusiones sobre temas sexuales en la sección "Foro de Debates"
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