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2 febrero 2012 4 02 /02 /febrero /2012 16:27

    ...Observó complacida el líquido viscoso que lucían los labios masculinos,               procedente de su intimidad más recóndita...

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    Ante sendas tasas de café cargado y oloroso, Wynie Smith y el guiri continuaron su charla sobre la práctica del cunnilingus, su intensidad y duración más adecuada.  EL ARTISTA DE LA LENGUA

    -Has dicho que no te gusta como lo hacen los hombres españoles, ¿por qué?

    -Te repito que la mayoría son muy torpes. En general, creo que la mentalidad machista les impide esmerarse con ese juego. Siempre hay excepciones, pero mi experiencia me indica que el macho ibérico busca, sobre todo, su propio placer...

    -Si tú lo dices. En mi caso, mi propio placer está en relación directa con el gozo de mi compañera. En nuestro caso, te aseguro que he disfrutado muchísimo mirando tu cara de felicidad en cada orgasmo... Y han sido unos cuantos, ¡jajaja!

    -Desde luego, asintió ella sonriéndole. Ahora soy yo la que quiero hacerte feliz. Te lo has ganado, ¡jajaja!, exclamó al tiempo que se levantaba de la silla y buscaba un refugio entre los brazos fuertes del guiri.

   Besos, abrazos, caricias... Y otra vez en la cama. Wynie se propuso corresponder al inmenso placer recibido e introdujo en su boca el pene blanco y fláccido. Lo acarició, lo chupó, lo estrujó entre sus labios... Hizo todo lo que pudo para conseguir que su compañero se empalmara... Sin éxito.

   -Lo siento. Aún me duele mucho la cabeza. Las copas de ayer están jugando en mi contra.

    -Yo también lo siento. Y no por mi, sino por ti, cariño, le indicó mientras lo besaba con ternura en sus mejillas. Por mi parte, sabes que no lo necesito. El sexo oral me hace tan feliz que no echo de menos la penetración, puntualizó.

    -Ya, ya lo he comprobado. Y todavía te quedan horas de disfrute, murmuró al tiempo que separaba sus piernas y volvía a pasear su lengua por las orillas del río, a lamerlas, a relamerlas y a tragarse el caudal completo del agua que traía... La tierra tembló con los espasmos de ella y vibraron los viejos muros que los cobijaban, balanceados por la intensidad de sus gemidos...

    El guiri levantó su rubia cabeza y Wynie observó complacida el líquido viscoso que lucían los labios masculinos, procedente de su intimidad más recóndita. No recordaba una imagen similar en las innumerables aventuras mantenidas tras el divorcio y tampoco durante los largos años de matrimonio. Tuvo que remontarse a su juventud más temprana y recordar el rostro de un estudiante sueco con el que pasó un verano de turismo y sexo... “Otro extranjero”, pensó, pero no lo dijo y continuó absorta en sus cavilaciones, el cuerpo voluble y relajado, balanceado por las olas del océano de placer en el que había tenido la fortuna de sumergirse. Y mientras, el guiri, recostado en su vientre, iniciaba un nuevo viaje, en esta ocasión ascendente, hasta alcanzar las cimas de las montañas y deleitarse con el sabor suave de la piel que rodeaba los pezones erectos. Al mismo tiempo que la boca trabajaba en las cumbres, los dedos se introducían en el túnel húmedo y exploraban con pericia su interior... Espasmos. Vibraciones. La masa corporal levitando sobre la cama. Los dedos escarbando el túnel. El agua saliendo. El gozo inconmensurable que se repetía una y otra vez...

    Pasó otro día y Wynie volvió a perder la noción del tiempo. Abrió los ojos y seguía refugiada en aquellos brazos potentes. Alzaba la vista y reconocía complacida la cabeza rubia, los labios rosados que le sonreían y los grandes ojos azules que la miraban serenos. Tal vez, enamorados. O al menos, así lo quiso percibir ella. “Gracias por tanta felicidad”, le dijo tímidamente. Sintió de nuevo los abrazos del guiri, varios seguidos. Y los besos en la mejilla, la frente y las comisuras de los labios. Minutos después, él se levantó, miró el reloj y le preguntó si podía darse una ducha.

    -Por supuesto, adelante, asintió Wynie señalando con el gesto la puerta del baño. Aún no se ha hecho de noche, comentó. ¿Vuelves a casa de tu amigo?

    -¿Qué dices? ¿A qué noche te refieres?, le preguntó mirándola y riéndose.

    -A la del sábado, contestó ella, convencida.

   Ja, ja, ja, se carcajeaba él. Son casi las doce de la mañana del domingo. Tengo que pensar en dejarte. Mi avión sale a las tres. La noche del sábado se fue hace rato, ¡ja, ja. ja! Me alegra que no hayas sentido cómo pasaba el tiempo. Eso es buena señal, indicó.

   -Me dejas de piedra, le contestó ella, despistada. Voy a levantarme a preparar el desayuno.

    -No te molestes, en serio. Por mi no te molestes, repitió él. Te invito a desayunar en la calle, si quieres, le propuso.

     -Gracias. No me apetece vestirme ahora. Estoy cansada. Si te vas, seguiré durmiendo.

    -Tengo que irme. No puedo perder ese avión, le dijo al tiempo que entraba en el baño y se disponía a tomar una ducha.

    Un rato después, se regalaron varios abrazos de esos que cruzan los músculos, llegan hasta los huesos y dejan su huella en cada fibra durante mucho tiempo.

     Wynie pasó el resto del domingo dormitando. Por la noche comió algo, preparó el uniforme escolar de su hijo y apagó el teléfono móvil. Volvió a la cama, absorbió el olor del guiri que aún impregnaba las sábanas, sonrió y se quedó dormida.

     Su hijo y la vorágine del lunes alejaron al guiri de su mente. No encendió el móvil hasta el mediodía del martes. Entonces leyó su mensaje: “Gracias por los buenos recuerdos. Aquí, en el aeropuerto, esperando la vuelta a la realidad”. “Yo he vuelto hace mucho”, refunfuñó ella para sus adentros. “Te echo de menos”, tecleó en el aparato, y pulsó el botón de enviar...

        A partir de esta lectura os proporgo, queridos lectores y, sobre todo, queridas lectoras, un nuevo tema de debate. ¿Te conformas con un buen sexo oral? ¿Crees que es suficiente para añcanzar el cénit del placer? Espero vuestros comentarios debajo del texto, pinchando en la pestaña "escribir un comentario". 

                                        RoCastrillo

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Published by abremeloya - en MIS AMIGAS
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Comentarios

electra 02/03/2012 22:24

quien no crea en él es porque no lo ha probado bien, porque tiene demasiados prejuicios o simplemente porque no ha dado con una persona que lo sabe hacer, por vergüenza o por no saber pedir lo que
te gusta.
Realmente lo que está mitificado es la penetración

abremeloya 02/04/2012 21:40



Absolutamente de acuerdo. Y, respecto a lo que comentas de los prejuicios, ocurre mucho con los hombres españoles, tipo macho ibérico, como le decía Wynie Smith al guiri. Creo, querida Electra,
que quien no disfruta con el sexo oral es porque se lo impiden, básicamente, las dos razones a las que tú aludes: prejuicios o falta de experiencia de su pareja.


Saludos y muchas gracias por tu comentario.



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