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1 mayo 2012 2 01 /05 /mayo /2012 14:58

    La situación de los trabajadores ha ido empeorando a pasos agigantados en España desde la llegada de la democracia hasta nuestros días, sin que ni UGT ni CCOO hayan hecho nada por evitar la precariedad laboral imperante...

    Miles de personas en toda España se han echado a las calles hoy, primero de Mayo y Día del Trabajador. Vivo en el centro de Madrid y no he parado de escuchar el ruido de los helicópteros sobrevolando la zona. He salido a dar un corto paseo. La mañana era gris y algo fría. Los comercios -salvo las pequeñas tiendas chinas e hindúes- estaban cerrados. Es un día festivo, el Día del Trabajador, aunque las casi seis millones de personas desempleadas en este país no tengan nada que celebrar. Ni tampoco los miles de trabajadores en precario, entre los que me incluyo.

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    No he ido a la manifestación del Primero de Mayo, protagonizada en esta ocasión por las consignas contra los recortes sociales y la reforma laboral. Y no porque no considere loables tales reivindicaciones, sino porque no confío en los sindicatos convocantes. La situación de los trabajadores ha ido empeorando a pasos agigantados en España desde la llegada de la democracia hasta nuestros días, sin que ni UGT ni CCOO hayan hecho nada por evitar la precariedad laboral imperante. Desgraciadamente, no tengo la varita mágica que active a solución al tremendo conflicto que el desempleo o el mal empleo han generado a tantos miles de familias.

   Recientemente, los sindicatos mayoritarios han convocado dos huelgas generales en España: una contra el Gobierno de Rodríguez Zapatero, el 29 de septiembre de 2010, en protesta por la reforma laboral, la reducción salarial en el sector público y la congelación de las pensiones; la otra, el pasado 29 de Marzo, contra las medidas emprendidas por el Ejecutivo que preside Mariano Rajoy. Sobre todo, las referidas a los recortes sociales y, de nuevo, la reforma laboral. Que sepamos, no se ha conseguido nada, ni los trabajadores de este país han recuperado un ápice del bienestar o la seguridad laboral perdidas.

    Sigo escuchando el ruido de los helicópteros mientras escribo estas líneas. Y pensando en qué nos deparará el futuro próximo. En cuánto tiempo más se prolongarán la crisis y la inestabilidad laboral y social. En qué ocurrirá si, finalmente, se produce el temido rescate a España. Y digo temido porque, en caso de llegar, lo pagaremos los de siempre: los sufridos ciudadanos. Cada día que salgo a la calle observo las miradas crispadas de la gente. Las protestas en la cola del supermercado: un día por los recortes en las prestaciones sanitarias; otro, por la subida del metrobús, que en Madrid va a pasar de 9,30 a 12 euros; y la mayoría, por la falta de empleo o los bajos salarios. No nos sacó de la crisis el anterior Gobierno del PSOE y tampoco creo que lo vaya a hacer el del PP. Solo cada uno de nosotros, con iniciativa, tesón, esfuerzo y, por supuesto, mucho trabajo, tendremos en nuestras manos la propia salvación. Y solo la solidaridad ciudadana y el intercambio de bienes y servicios entre iguales (tú me haces esto, yo te ayudo en lo otro) podrán traer un poco de oxígeno a tantas existencias en precario.

   No confío en los políticos ni en los sindicatos, pero sí en los ciudadanos. Y en la capacidad aglutinadora y transformadora que tienen las redes sociales, cuyo poder de convocatoria va en aumento. Creo que sería factible que pudiera surgir un gran movimiento ciudadano de alcance mundial, capaz de sofocar las injusticias de este mundo y rebelarse de forma pacífica para cambiarlo. La Historia nos dice que solo las guerras y la violencia han servido en el pasado para cambiar el orden social establecido y crear uno nuevo. Con toneladas de sangre derramada y miles de vidas inocentes sacrificadas. Ahora tenemos la oportunidad de llevar la contraria a la Historia y engendrar un nuevo sistema más justo e igualitario sin derramar sangre. Porque las nuevas tecnologías ponen en contacto a millones de personas en segundos y pueden convertirse en poderosos instrumentos de cambio pacífico.

     Hoy no me he sentido con ánimo para terminar la historia de  LA DULCE ALICIA, el nuevo personaje femenino de este blog. A los que os gustara el relato de ayer, no os preocupéis. Probablemente continuará mañana. Mientras tanto, espero vuestros comentarios a estas reflexiones del Primero de Mayo. Tengo la intención de recopilarlos y publicarlos en Ábremelo Ya.

                                                                                                    RoCastrillo

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Published by abremeloya
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