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20 febrero 2012 1 20 /02 /febrero /2012 17:28

 

      La besaba con pasión al tiempo que la despojaba de su disfraz de charleston...

     Katty Lloyd esperaba ilusionada el sábado de Carnaval. Su amiga Estefanía  UN AVE FÉNIX LLAMADA... KATTY LLOYD le había preparado un plan prometedor: una fiesta privada con 200 invitados en un lujoso chalé de Puerta de Hierro. Aunque ese fin de semana tenía a su hijo, la perspectiva de conocer a alguien interesante o entablar nuevas relaciones en el citado evento la impulsó a pedir a su madre el favor de que cuidara al niño durante la noche indicada para poder asistir. Sacó del fondo del armario un disfraz negro de charleston y lo adornó con una peluca rubia que compró en un establecimiento cercano a su domicilio.

                                                        carnaval2012.jpg

    La noche que había preparado con tanta ilusión empezó decepcionándola. Al llegar a casa de su amiga, ésta le comunicó que la fiesta a la que tenían previsto asistir acababa de suspenderse por enfermedad repentina del anfitrión. A Katty le cambió la cara. Sus labios finos se torcieron. Un bufido de enfado reprimido a tiempo estuvo a punto de acabar con su fama de señorita de modales exquisitos. Su amiga le pidió que no se preocupara y la consoló con el argumento de que habían improvisado una velada carnavalera en casa de otro amigo. Y que éste último, incluso, se había tomado la molestia de contratar a una maquilladora profesional para perfeccionar los estilismos de todos los invitados... Que, por cierto, quedaron reducidos a la mínima esencia: de 200, a 20.

      Mientras su amiga terminaba de vestirse en la habitación, Katty fue al baño y aprovechó el momento para debatir consigo misma qué debía hacer ante el transcurrir de los acontecimientos. Estuvo a punto de olvidarse del Carnaval, tomar un taxi en dirección a la casa de su madre y dormir plácidamente junto a su hijo. Sin embargo, su novelería la superaba. Disfrutaba tanto con el solo pensamiento de que algo nuevo y excitante podía ocurrirle cada vez que pisara la calle, que el hecho de volver a casa la frustraba. Decidió, pues, asistir a la fiesta con su amiga.

    Escudriñó maravillada la coqueta residencia en la que se celebraba el evento. Entre la veintena de invitados había mayoría absoluta de mujeres, lo cual restaba atractivo a la charla del salón. Así que se dedicó a sus curiosidades. Pasó revista a la decoración y al estuco de las paredes y admiró las tres terrazas que tenía la vivienda. ¡Cómo viven algunos, qué suerte!, exclamó para sus adentros. ¡Y otros no levantamos cabeza con la jodida crisis!, se lamentó. Agradeció la suculenta cena a base de delicatessen y se echó unos bailes. Bailar le encantaba y se le daba muy bien. No en vano, había estudiado danza desde su más temprana infancia. Llegó a quedarse sola en la pista y a recibir sonoros aplausos de la concurrencia cuando terminó el tema de Madonna que estaba sonando. Bailes, risas y la noche avanzando. A las 4 de la mañana decidió abandonar la fiesta.

    Llegó a su apartamento y, nada más abrir la puerta, encontró un sobre blanco en el suelo. Extrañada, lo agarró y lo abrió en un santiamén. De su interior extrajo una nota con la siguiente inscripción: “Quería invitarte a mi fiesta de carnaval. Me temo que es tarde, pero si llegas a casa y ves esta nota, sube. Te estaré esperando. Tu vecino de arriba.

    El mensaje la entusiasmó y también la dejó algo confundida. Le extrañaba que hubiera fiesta arriba y no se escuchara música ni ruido alguno. “¿Será verdad lo de la fiesta, o querrá que suba para estar conmigo? Y si es esto último, mejor. Al fin y al cabo, el tipo me encanta y la última vez que lo vi, precisamente el día de los enamorados, no hicimos nada”. ¡FELIZ DÍA DE SAN VALENTÍN!  pensaba mientras subía las escaleras a cámara lenta. Llamó al timbre una sola vez y Adonis le abrió de inmediato.  REGALOS DEL DESTINO

    Katty tuvo claro que no se había dormido y la estaba esperando. Miró de soslayo el miembro erecto bajo el pijama y se ruborizó. Sin palabras, Adonis la achuchó entre sus brazos. La besaba con pasión al tiempo que la despojaba de su disfraz de charleston. Ella vio su sujetador volando y sintió sus pezones endurecerse al contacto con los dedos juguetones de su compañero. Minutos después, revolcados ambos en el sofá de cuero negro del salón, lo sintió entrar en su cuerpo. Llegó a excitarse mucho, aunque no alcanzó el climax. Él si lo hizo y se durmió enseguida. Katty se quedó allí, su cabeza recostada sobre el pecho de Adonis, pensando en qué sentido tenía hacerlo con el vecino de arriba, por muy guapo que fuera, o con cualquier otro que solo pudiera darle eso: sexo. Y ella nunca se había considerado mujer de “sexo por el sexo”. Necesitaba sentir algo más en el hombre que la poseyera: una muestra de cariño, unas palabras dulces... El sexo le gustaba pero, en la plenitud de su feminidad, lo que de verdad la reconfortaba era sentirse amada. No solo deseada.

   Os dejo, queridos lectores, un nuevo tema para el debate: ¿El sexo es suficiente, o necesitáis sentir amor para entregaros a alguien? Espero vuestros comentarios debajo del artículo, pinchando en “escribir un comentario”.

                                                                                              RoCastrillo

 

 

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Published by abremeloya - en MIS AMIGAS
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  • : Un blog de relatos eróticos y cocina con solera. Nuevos contenidos a diario. De lunes a jueves, las aventuras nocturnas y las conversaciones sobre sexo y hombres de Emi, Wynie, Olivia y Katty. Los fines de semana, recetas elaboradas siguiendo los viejos cuadernos de cocina de mi abuela, escritos hace más de 80 años. Y todos los días, discusiones sobre temas sexuales en la sección "Foro de Debates"
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